En las antiguas rocas de Pilbara, Australia, la humanidad ha encontrado una cicatriz cósmica de 3.500 millones de años que reescribe los primeros capítulos de la historia terrestre. Un meteorito que viajaba a más de 36.000 kilómetros por hora dejó un cráter de más de cien kilómetros de diámetro, superando en mil millones de años el registro anterior conocido. Más que un dato geológico, este hallazgo invita a reflexionar sobre la violencia primordial que pudo haber sido, paradójicamente, la cuna de la vida misma.