Bajo el suelo de un solar privado en La Albufereta, Alicante, el tiempo guardaba un secreto de más de dos milenios: una necrópolis ibérica del siglo III a.C. con cuatro tumbas de guerreros de élite, armas completas y un pebetero dedicado a la diosa púnica Tanit. El hallazgo, surgido de obras de construcción rutinarias, abre una ventana hacia un momento de profunda transformación política en el Mediterráneo occidental, cuando las fuerzas cartaginesas reorganizaban el sureste peninsular y las élites locales negociaban su lugar en el nuevo orden. Lo que la tierra devuelve no es solo metal y cerám
Descubren en Alicante una necrópolis ibérica con armas de guerra y un pebetero de la diosa Tanit
La separación física es un marcador de poder escrito en la geografía del terreno
¿Por qué importa tanto que estas tumbas estén separadas del cementerio principal?
Porque la separación física es un marcador de poder. Si todos los muertos de La Albufereta se enterraban juntos, pero estos cuatro fueron colocados a trescientos metros de distancia, significa que la comunidad los veía como diferentes, como superiores. Es el lenguaje del estatus escrito en la geografía del terreno.
¿Qué nos dice el pebetero de Tanit sobre quiénes eran estas personas?
Que no eran puramente ibéricos en su identidad. Tanit era una diosa púnica, cartaginesa. Encontrarla en una tumba ibérica sugiere que estas élites militares estaban conectadas con el mundo púnico, probablemente a través del comercio, la diplomacia o la conquista. No eran aislados.
Los platillos de balanza son inusuales. ¿Qué hacían con ellos?
Pesaban cosas de valor. Oro, plata, especias. Su presencia en una tumba sugiere que estos guerreros también eran comerciantes o controlaban el comercio. No eran solo soldados; eran hombres de poder económico.
¿Qué significa el banquete de treinta vasos?
Significa que la muerte de estas personas fue un evento comunitario importante. Se reunieron, comieron juntos, bebieron juntos. Era un ritual que vinculaba a los vivos con los muertos, una forma de honrar a quienes se iban y de reafirmar los lazos del grupo.
¿Cuándo sabremos más?
Cuando Moratalla y Segura terminen la memoria científica. Eso llevará tiempo, análisis de laboratorio, comparaciones con otros yacimientos. Pero cuando salga, probablemente reescribirá lo que creemos saber sobre las élites ibéricas del siglo III antes de Cristo.
Il Polso
- Unas obras de construcción ordinarias en Alicante interrumpieron accidentalmente uno de los enterramientos ibéricos más completos hallados en la región en décadas.
- Cuatro tumbas con panoplia guerrera íntegra —falcatas, lanzas, escudos, espuelas y bocados de caballo— revelan una élite militar enterrada con toda su identidad combativa.
- Un pebetero de Tanit en estado excepcional sacude las hipótesis previas sobre el grado de integración cultural entre iberos y el mundo púnico cartaginés.
- La separación física de las tumbas respecto al cementerio principal sugiere que estos guerreros pertenecían a una gens privilegiada, posiblemente vinculada a la conquista bárquida de Amílcar Barca.
- Todo el material ha sido trasladado al Museo de la Ciudad de Alicante, donde los arqueólogos Moratalla y Segura preparan la memoria científica que podría redefinir la comprensión de la estructura social ibérica en ese período.
Bajo el suelo de un solar privado en La Albufereta, Alicante, el tiempo guardaba un secreto de más de dos milenios: una necrópolis ibérica del siglo III a.C. con cuatro tumbas de guerreros de élite, armas completas y un pebetero dedicado a la diosa púnica Tanit. El hallazgo, surgido de obras de construcción rutinarias, abre una ventana hacia un momento de profunda transformación política en el Mediterráneo occidental, cuando las fuerzas cartaginesas reorganizaban el sureste peninsular y las élites locales negociaban su lugar en el nuevo orden. Lo que la tierra devuelve no es solo metal y cerámica, sino la huella de una clase guerrera que supo morir rodeada de sus dioses y sus alianzas.
Las obras en un solar privado de La Albufereta, en Alicante, depararon una sorpresa que los arqueólogos llevaban siglos buscando: una necrópolis ibérica intacta del último tercio del siglo III a.C. La intervención preventiva de la empresa Arquealia sacó a la luz cuatro tumbas y dos áreas rituales adyacentes con ajuares funerarios de una riqueza poco común: falcatas, cuchillos, lanzas, escudos, jabalinas, espuelas, bocados de caballo, fíbulas de bronce y, de forma sorprendente, platillos de balanza con ponderales, objetos raramente hallados en enterramientos de esta época.
El descubrimiento que más ha captado la atención especializada es un pebetero de cerámica con forma de cabeza femenina atribuido a la diosa Tanit, conservado en estado excepcional. Su presencia en una tumba ibérica apunta a conexiones comerciales y culturales más estrechas de lo que se suponía entre las poblaciones del sureste peninsular y el Mediterráneo púnico. Junto a él aparecieron una rueda de carro, la pezuña de un cérvido tallada en piedra y cerca de treinta pequeños vasos interpretados como vestigios de un banquete funerario colectivo.
La ubicación del cementerio, separado unos trescientos metros del área principal de enterramientos de La Albufereta, refuerza la hipótesis de que sus ocupantes pertenecían a una clase privilegiada. Los directores de la excavación, Jesús Moratalla y Gabriel Segura, plantean que pudo tratarse de una gens militar ibérica, un linaje guerrero de élite cuya existencia encaja con el período de la conquista bárquida, cuando Amílcar Barca y sus sucesores reorganizaban el territorio. El material ha sido trasladado al Museo de la Ciudad de Alicante, donde permanecerá bajo custodia mientras se elabora la memoria científica que permitirá precisar qué nos dice este cementerio sobre el poder, la guerra y las alianzas de los iberos en un momento de transformación histórica profunda.
Las obras de construcción en un solar privado de La Albufereta, en Alicante, interrumpieron la rutina de un cantero cualquiera hace poco. Bajo tierra, los arqueólogos encontraron lo que llevaban siglos esperando: una necrópolis ibérica intacta, datada en el último tercio del siglo III antes de Cristo, con cuatro tumbas que guardan los secretos de una élite guerrera que desapareció hace más de dos mil años.
La intervención arqueológica preventiva, realizada por la empresa Arquealia conforme a la normativa autonómica, sacó a la luz un cementerio familiar de dimensiones excepcionales. Lo que distingue este hallazgo de otros descubrimientos en la zona no es solo su antigüedad, sino la calidad y la cantidad de lo que contenía. Las cuatro tumbas y dos áreas rituales adyacentes albergaban ajuares funerarios que los especialistas describen como panoplia completa del guerrero ibérico: falcatas, cuchillos, lanzas, escudos, jabalinas largas y cortas, espuelas y bocados de caballo. Junto a estas armas aparecieron piezas de bronce —fíbulas y adornos ornamentales—, fragmentos de vestimenta y, sorprendentemente, platillos de balanza acompañados de ponderales, objetos raramente encontrados en enterramientos de esta época.
Pero el descubrimiento que ha capturado la atención de los arqueólogos es un pebetero de cerámica con forma de cabeza femenina, conservado en estado excepcional, que los especialistas atribuyen a la diosa Tanit, una de las principales divinidades del mundo púnico. Su presencia en una tumba ibérica sugiere conexiones comerciales y culturales más profundas de lo que se creía entre las poblaciones del sureste peninsular y el Mediterráneo púnico. Junto a este pebetero se hallaron una rueda de carro, la pezuña de un cérvido tallada en piedra y cerca de treinta pequeños vasos que los arqueólogos interpretan como evidencia de un banquete colectivo celebrado como parte de los rituales funerarios.
La ubicación del cementerio refuerza la hipótesis de que sus ocupantes pertenecían a una clase social diferenciada. Las tumbas se encuentran separadas por unos trescientos metros del área principal de enterramientos de La Albufereta, lo que sugiere que quienes fueron enterrados aquí disfrutaban de un estatus privilegiado. Los directores de la excavación, Jesús Moratalla y Gabriel Segura, plantean que la necrópolis pudo haber sido destinada al enterramiento de una gens militar, es decir, un grupo familiar perteneciente a la élite guerrera del ejército ibero. Este contexto encaja con el período de la conquista bárquida del sureste de la península, cuando las fuerzas cartaginesas bajo el mando de Amílcar Barca y sus sucesores reorganizaban el territorio y sus estructuras de poder.
El jefe de Patrimonio Integral del Ayuntamiento de Alicante, José Manuel Pérez Burgos, ha caracterizado el hallazgo como excepcional, con piezas que merecen tanto una publicación científica rigurosa como su futura exhibición pública. Todo el material recuperado ha sido trasladado a los almacenes del Museo de la Ciudad, donde permanecerá bajo custodia mientras continúan los estudios. Moratalla y Segura trabajan ahora en la elaboración de la memoria científica que permitirá analizar con mayor detalle el conjunto de materiales y precisar qué nos dice este cementerio sobre la estructura social, las prácticas militares y las conexiones comerciales de las élites ibéricas en un momento de transformación política profunda.
Citazioni salienti
Un yacimiento excepcional con piezas muy interesantes que merecen una publicación científica y su futura exposición pública— José Manuel Pérez Burgos, jefe de Patrimonio Integral del Ayuntamiento de Alicante