Durante más de un siglo, una pregunta sin respuesta habitaba los riñones de los gatos: ¿para qué acumulaban tanta grasa? Un equipo internacional liderado por la Universidad de Iwate ha revelado que esas gotitas lipídicas son el archivo biológico de una firma química individual, compuesta por 13 ácidos grasos ramificados que no se disuelven en agua y que persisten en el entorno durante meses. Es el lenguaje silencioso con el que cada felino anuncia su presencia al mundo, incluso mucho después de haberse marchado.