En las profundidades oscuras del Cañón de Mar del Plata, a más de tres mil metros bajo el Atlántico Sur, la ciencia encontró un espejo de su propia ignorancia: 57 especies y cinco géneros desconocidos para la humanidad, revelados en apenas dos semanas por veinte investigadores de dos continentes. El hallazgo no es solo un inventario de criaturas nuevas, sino una advertencia sobre la vastedad de lo que aún no sabemos del mundo que habitamos. Cuando el noventa por ciento de las muestras de copépodos permanece sin examinar y cada espécimen analizado resulta ser una especie nueva, el océano profun
Descubren 57 nuevas especies marinas en cañones submarinos de Argentina
Cada espécimen examinado era una nueva especie para la ciencia
¿Por qué es importante descubrir estas especies si viven tan profundo que casi nadie las ve?
Porque los ecosistemas de aguas profundas son fundamentales para el funcionamiento de los océanos. Estos organismos participan en ciclos de nutrientes, en cadenas alimentarias que afectan toda la vida marina. Además, entender la biodiversidad es entender cómo el planeta funciona.
Pero espera, ¿cuántas de estas 57 especies están realmente confirmadas como nuevas? ¿O son identificaciones preliminares que aún necesitan validación genética?
Buena pregunta. El artículo menciona que los corales aún están pendientes de análisis genético para confirmar si hay una nueva familia. Así que algunas identificaciones son visuales y morfológicas, no todas están genéticamente confirmadas.
¿Qué significa que solo examinaron el diez por ciento de las muestras de copépodos?
Significa que en dos semanas, veinte investigadores apenas rasguñaron la superficie de lo que fue recolectado. Hay miles de especímenes más esperando ser estudiados.
¿Y cuánto tiempo tomaría examinar el resto? ¿Meses? ¿Años?
El artículo no lo especifica. Pero dado que cada espécimen examinado resultó ser una nueva especie, probablemente estamos hablando de cientos más de descubrimientos potenciales.
¿Por qué fue importante reunir investigadores de Latinoamérica y Europa específicamente?
Porque los taxónomos especializados en aguas profundas son pocos en el mundo. Reunir a los mejores de diferentes regiones permitió que el trabajo avanzara mucho más rápido que si cada país trabajara solo.
¿Pero qué pasa después? ¿Estos descubrimientos se quedan en papers académicos o tienen implicaciones prácticas para la conservación marina?
Esa es la pregunta que el artículo no responde completamente. Pero entender qué vive en las profundidades es el primer paso para protegerlo si es necesario.
El Pulso
- Un vehículo submarino descendió 3.500 metros al Cañón de Mar del Plata y regresó con miles de especímenes que ningún ojo humano había visto antes.
- Veinte científicos de Latinoamérica y Europa enfrentaron en dos semanas una tarea que podría haber tomado décadas: clasificar una fauna abismal completamente desconocida.
- Cada copépodo examinado resultó ser una especie nueva para la ciencia, revelando que el diez por ciento analizado ya superó todas las expectativas del equipo.
- 'Loki', un pepino de mar hallado a 2.577 metros, se convirtió en el símbolo de la expedición: filmado en su hábitat, bautizado informalmente, emblema de lo que aún aguarda en las sombras.
- La plataforma Ocean Census NOVA conecta estos descubrimientos con el mundo científico abierto, acelerando la comprensión de ecosistemas que hasta ahora eran casi completamente invisibles.
En las profundidades oscuras del Cañón de Mar del Plata, a más de tres mil metros bajo el Atlántico Sur, la ciencia encontró un espejo de su propia ignorancia: 57 especies y cinco géneros desconocidos para la humanidad, revelados en apenas dos semanas por veinte investigadores de dos continentes. El hallazgo no es solo un inventario de criaturas nuevas, sino una advertencia sobre la vastedad de lo que aún no sabemos del mundo que habitamos. Cuando el noventa por ciento de las muestras de copépodos permanece sin examinar y cada espécimen analizado resulta ser una especie nueva, el océano profundo se confirma como el mayor archivo vivo aún sin leer.
A finales de agosto, el Instituto Oceanográfico Schmidt envió un vehículo submarino operado a distancia hasta los 3.500 metros de profundidad del Cañón de Mar del Plata. Las cámaras y herramientas de muestreo trajeron a la superficie miles de especímenes de aguas oscuras y remotas, muchos de ellos nunca antes observados por seres humanos.
Meses después, veinte científicos de Latinoamérica y Europa se reunieron durante dos semanas para examinar ese material. El resultado fue extraordinario: 57 nuevas especies y cinco géneros completamente desconocidos para la ciencia. Entre los descubrimientos figuraban 20 especies de copépodos, 22 equinodermos —incluyendo pepinos de mar y crinoideos—, 14 cnidarios como octocorales y plumas de mar, y un molusco escafópodo.
Uno de los hallazgos capturó especialmente la imaginación del equipo: un pepino de mar encontrado a 2.577 metros de profundidad, bautizado informalmente como 'Loki'. Los videos e imágenes captados in situ en el fondo marino lo convirtieron en el espécimen más emblemático de la expedición, representando cerca de diez nuevas especies de holoturoides descubiertas en el taller.
Lo más revelador fue el patrón observado en los copépodos: los taxónomos solo pudieron analizar el diez por ciento de las muestras, pero cada espécimen resultó ser una especie nueva. Daniel Lauretta, del CONICET, destacó que la cooperación internacional es esencial en grupos donde los especialistas son escasos, y que el taller fortaleció además las capacidades de los taxónomos locales más jóvenes.
Michelle Taylor, directora científica de Ocean Census, subrayó que conectar a estos investigadores con la plataforma de acceso abierto Ocean Census NOVA está acelerando drásticamente el conocimiento de la biodiversidad marina. Con el noventa por ciento de las muestras de copépodos aún sin examinar, el Cañón de Mar del Plata guarda todavía años de descubrimientos por venir.
A finales de agosto, el Instituto Oceanográfico Schmidt lanzó una expedición a las profundidades del Cañón de Mar del Plata, llevando un vehículo submarino operado a distancia equipado con cámaras y herramientas de muestreo hasta los 3.500 metros de profundidad. Lo que los investigadores traerían a la superficie cambiaría la comprensión de lo que vive en esas aguas oscuras y remotas.
Cuatro meses después, a mediados de julio de este año, el Instituto reunió a veinte científicos de Latinoamérica y Europa para examinar las muestras biológicas que habían sido recolectadas durante esa inmersión. La tarea parecía abrumadora: miles de especímenes extraños, muchos de ellos nunca antes vistos por ojos humanos. Pero en apenas dos semanas de trabajo intenso, los investigadores lograron identificar 57 nuevas especies y cinco géneros completamente desconocidos para la ciencia.
La diversidad de lo encontrado fue notable. Entre los descubrimientos figuraban 20 nuevas especies de copépodos, pequeños crustáceos que constituyen una parte fundamental de los ecosistemas marinos profundos. También identificaron 22 equinodermos, un grupo que incluye los pepinos de mar y los crinoideos, organismos que parecen plantas pero que son animales. Se sumaban a esto 14 cnidarios, entre ellos octocorales, plumas de mar y corales pétreos, así como un molusco escafópodo. Los cinco nuevos géneros abarcaban corales, pepinos de mar y crustáceos.
Entre todos estos hallazgos, uno capturó la imaginación de los investigadores: un pepino de mar encontrado a 2.577 metros de profundidad, al que los científicos bautizaron informalmente como "Loki". Este holoturoidea fue destacado por los notables videos y fotografías capturadas in situ en el fondo marino, convirtiéndose en uno de los especímenes más emblemáticos de la expedición. Representaba una de las aproximadamente diez nuevas especies de holoturoides descubiertas durante el taller.
Lo que resultó particularmente sorprendente fue el patrón que emergió al examinar los copépodos. Los taxónomos solo lograron analizar el diez por ciento de las muestras recolectadas de este grupo, pero cada espécimen que examinaron resultó ser una especie nueva para la ciencia. Esto sugiere que miles de especies más aguardan identificación en las muestras aún no procesadas, un recordatorio de cuán poco conocemos realmente sobre la vida en las profundidades marinas.
Daniel Lauretta, investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, enfatizó la importancia de este esfuerzo colaborativo. Señaló que la cooperación internacional en taxonomía es esencial, especialmente en grupos donde hay pocos especialistas activos. El taller, explicó, no solo aceleró la identificación de nuevas especies, sino que también fortaleció las capacidades de los taxónomos locales más jóvenes que trabajan con fauna de aguas profundas.
Michelle Taylor, directora científica de Ocean Census, la organización que co-organizó el evento junto con el Instituto, subrayó el poder de este enfoque colaborativo. El descubrimiento de 57 nuevas especies y cinco nuevos géneros en tan solo dos semanas demuestra, según ella, la rapidez y la potencia de la taxonomía colaborativa cuando se reúne la experiencia de múltiples regiones. Al conectar a estos científicos con la plataforma de acceso abierto Ocean Census NOVA, explicó, se está acelerando drásticamente la comprensión de la biodiversidad marina en algunos de los ecosistemas menos comprendidos del planeta.
Lo que queda claro es que el Cañón de Mar del Plata, como muchas otras regiones de aguas profundas, alberga una riqueza biológica apenas comenzada a ser documentada. Con el noventa por ciento de las muestras de copépodos aún sin examinar, y probablemente miles de otros especímenes esperando análisis, los investigadores tienen ante sí años de trabajo para revelar los secretos que yacen en las profundidades.
Citas Notables
La cooperación internacional en taxonomía es fundamental, especialmente en grupos con pocos especialistas activos— Daniel Lauretta, investigador principal del Conicet
El descubrimiento de 57 nuevas especies en tan solo dos semanas demuestra la rapidez y el poder de la taxonomía colaborativa— Michelle Taylor, directora científica de Ocean Census