En el estadio de Riazor, el domingo por la tarde, el Deportivo impuso su voluntad sobre un Betis que llegó a refugiarse en la prudencia y terminó atrapado en ella. La cautela táctica, cuando se convierte en renuncia, suele cobrar su precio; y fue Villares quien lo ejecutó con precisión. Más allá de los tres puntos, el encuentro dejó una reflexión sobre los límites del conservadurismo como filosofía de juego.