Dentro de la sala de control del James Webb: tensión y precisión en el lanzamiento del telescopio más potente

Siempre estoy tratando de pensar: ¿qué olvidamos?
Rusty Whitman expresa la ansiedad constante de quien supervisa una misión de diez mil millones de dólares.
Mark

¿Qué significa exactamente que Whitman tenga que esperar treinta días? ¿No termina el trabajo cuando el telescopio se lanza?

Mimi

No, es al revés. El lanzamiento es solo el comienzo. Los treinta días siguientes son cuando el telescopio tiene que desplegar su espejo y su parasol mientras se posiciona en la órbita correcta. Si algo falla durante eso, no hay forma de repararlo. Whitman y su equipo tienen que monitorear cada paso.

Mark

Entonces, ¿por qué una sola persona en la sala de control tiene el poder de enviar comandos? ¿No debería haber más supervisión?

Mimi

Hay supervisión. Otros ingenieros monitorean sistemas específicos en busca de problemas. Pero alguien tiene que ser capaz de actuar rápidamente si algo sale mal. Es una responsabilidad enorme, pero también es necesaria.

Mark

Mencionas que practicaron simulaciones, incluyendo una donde se cortó la energía. ¿Eso no es un poco dramático?

Mimi

Fue totalmente inesperado, según Whitman. Pero es exactamente el tipo de cosa que podría pasar en la vida real. El generador de respaldo funcionó, pero el punto es que el equipo necesitaba estar preparado para lo impredecible. No puedes permitirte sorpresas con un telescopio de diez mil millones de dólares.

Mark

Ahora, sobre las propuestas científicas. ¿Por qué fue importante que fueran anónimas?

Mimi

Porque sin saber quién las presentaba, los evaluadores eligieron basándose en la calidad de la idea, no en la reputación del científico. Resultó que muchas mujeres y científicos jóvenes tenían ideas excelentes que de otro modo podrían haber sido pasadas por alto.

Mark

¿Y Pontoppidan realmente no puede decir cuáles serán las primeras imágenes?

Mimi

No puede, o no quiere. Pero lo importante es que las imágenes se publicarán rápidamente para que otros científicos puedan ver qué es capaz de hacer el telescopio y ajustar sus propias observaciones. Es un proceso colaborativo desde el principio.

  • Rusty Whitman dirige operaciones del James Webb desde Baltimore, Maryland
  • El telescopio costó diez mil millones de dólares y se posicionará a 1,5 millones de km de distancia
  • De 1.200 propuestas científicas, 400 fueron seleccionadas para el primer año de operaciones
  • El equipo trabajará 24/7 durante seis meses después del lanzamiento para calibrar el telescopio

Rusty Whitman y su equipo en Baltimore dirigirán operaciones 24/7 durante seis meses post-lanzamiento para calibrar el telescopio más potente de la historia. El Instituto de Ciencias del Telescopio Espacial seleccionó 400 de 1.200 propuestas científicas para el primer año, priorizando investigaciones sobre agujeros negros y exoplanetas.

El equipo de control del telescopio espacial James Webb en Baltimore se prepara para 30 días críticos tras el lanzamiento, monitoreando el despliegue del espejo y parasol del aparato de 10 mil millones de dólares.

Rusty Whitman estaba a punto de vivir treinta días que lo dejarían exhausto. No por el trabajo en sí, sino por lo que estaba en juego: un telescopio de diez mil millones de dólares lanzándose al espacio, y él tendría que verlo desplegarse desde una sala de control en Baltimore, Maryland, sin poder hacer nada más que observar y esperar.

Whitman es el gerente de ingeniería del sistema de operaciones de vuelo del Instituto de Ciencias del Telescopio Espacial, ubicado en la Universidad Johns Hopkins. Dirige el equipo que construyó la sala de control del James Webb, un centro repleto de pantallas y estaciones de trabajo donde técnicos e ingenieros monitorearían cada movimiento del aparato en tiempo real. El lanzamiento estaba programado para el sábado, 25 de diciembre de 2021. Después de eso, vendría lo más delicado: el telescopio tendría que alcanzar una órbita precisa a más de 1,5 millones de kilómetros de distancia mientras desplegaba simultáneamente su enorme espejo y un parasol aún más grande. Era una operación sumamente peligrosa, y si algo salía mal, no habría forma de repararlo.

En la sala de control, una sola persona tendría el poder de enviar comandos directos al telescopio. Los demás ingenieros se distribuirían en otros puestos, cada uno monitoreando sistemas específicos en busca de anomalías. Durante los seis meses posteriores al lanzamiento, el equipo trabajaría veinticuatro horas al día, siete días a la semana, haciendo pequeños ajustes para garantizar que el telescopio estuviera perfectamente calibrado. Aunque la mayoría de las operaciones serían automatizadas, el equipo en Baltimore necesitaba estar listo para cualquier problema inesperado. Habían practicado docenas de simulaciones, incluyendo una en la que se cortó la energía del edificio sin previo aviso. El generador de respaldo funcionó como se esperaba, pero el incidente dejó claro cuán frágil era todo el sistema.

"Al final de los treinta días, podré respirar aliviado si nos mantenemos según lo programado", dijo Whitman. Pero incluso con toda la preparación, la preocupación lo acechaba. "Estoy nervioso por la posibilidad de que olvidemos algo. Siempre estoy tratando de pensar '¿qué olvidamos?'" Era la clase de ansiedad que solo alguien responsable de una misión de esta magnitud podía sentir.

Mientras Whitman y su equipo se preparaban para el lanzamiento, otro desafío igualmente complejo se desarrollaba en el mismo instituto: decidir quién podría usar el telescopio. El James Webb funcionaría prácticamente sin parar, ofreciendo solo 8.760 horas anuales para distribuir entre científicos de todo el mundo que competían por tiempo de observación. A fines de 2020, investigadores habían presentado más de 1.200 propuestas. Solo 400 fueron seleccionadas para el primer año. La selección no fue arbitraria. Cientos de especialistas independientes se reunieron durante dos semanas a principios de 2021, en línea debido a la pandemia, para debatir cada propuesta. Las presentaciones fueron anónimas, una práctica que el instituto había implementado por primera vez con el Telescopio Hubble. El resultado fue que muchos más proyectos de mujeres y científicos en etapas iniciales de sus carreras fueron elegidos.

Klaus Pontoppidan, director científico del James Webb, explicó la lógica detrás de esta decisión: "Este es exactamente el tipo de personas que queremos que use el observatorio, porque se trata de nuevas ideas". Los proyectos seleccionados abarcaban desde la búsqueda de agujeros negros hasta el estudio de exoplanetas y cúmulos de estrellas. Algunos requerirían solo unas pocas horas de observación, mientras que los más ambiciosos necesitarían hasta doscientas horas. Cuando se preguntó a Pontoppidan cuáles serían las primeras imágenes reveladas al público, sonrió: "No puedo decir, se supone que es una sorpresa". Lo que sí podía decir era que la publicación temprana de imágenes y datos permitiría a los científicos entender rápidamente las capacidades del telescopio y ajustar sus observaciones sobre la marcha.

Pontoppidan, él mismo astrónomo, creía que el James Webb conduciría a descubrimientos "mucho más allá de lo que hemos visto antes". Antes del lanzamiento del Hubble, no se había descubierto ni un solo exoplaneta. Desde entonces, los científicos habían encontrado miles. El James Webb promete ir más lejos aún, revelando secretos del universo que permanecían ocultos. Pero primero, Whitman y su equipo tenían que asegurarse de que el telescopio llegara a su destino intacto.

Al final de los treinta días, podré respirar aliviado si nos mantenemos según lo programado
— Rusty Whitman, gerente de ingeniería del sistema de operaciones de vuelo
Este es exactamente el tipo de personas que queremos que use el observatorio, porque se trata de nuevas ideas
— Klaus Pontoppidan, director científico del James Webb
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