Sudamérica en alerta por epidemia de dengue y chikungunya transmitidas por mosquito Aedes

Cientos de muertes reportadas en la región: 71 en Paraguay, más de mil en Brasil en 2022, 57 en Bolivia, 36 en Perú y 5 en Argentina; miles de hospitalizaciones y afectaciones en sistemas de salud.
Mientras el mosquito siga en nuestras casas, la lucha real es contra el insecto
El director de Vigilancia de la Salud de Paraguay explicó que sin eliminar el vector, las enfermedades persistirán.

Paraguay registra su mayor epidemia de chikungunya con 71 muertes y 59.812 casos en tres meses; Brasil superó mil muertes por dengue en 2022 con 1,45 millones de contagios. Brasil aprobó la vacuna Qdenga y construirá una biofábrica para producir mosquitos con bacteria wolbachia que impide transmitir enfermedades; Argentina, Bolivia y Perú también reportan incrementos significativos.

  • Paraguay: 59.812 casos de chikungunya y 71 muertes en tres meses de 2023
  • Brasil: más de mil muertes por dengue en 2022, 1,45 millones de casos
  • Cambio climático aumentó casos de dengue un 35% en 2012-2021 versus 1951-1960
  • Brasil aprobó vacuna Qdenga y construirá biofábrica de 100 millones de mosquitos con wolbachia por semana
  • Argentina, Bolivia y Perú también reportan incrementos significativos de dengue y chikungunya

Sudamérica experimenta un aumento alarmante de casos de dengue y chikungunya transmitidos por el mosquito Aedes aegypti, con Paraguay y Brasil como los países más afectados. El cambio climático ha incrementado un 35% los casos en la última década.

El verano en el Cono Sur terminó hace semanas, pero el mosquito Aedes aegypti no se fue con él. A medida que abril comenzaba en 2023, los gobiernos de toda Sudamérica enfrentaban una realidad incómoda: los casos de dengue y chikungunya se disparaban, las muertes se acumulaban, y las autoridades sanitarias pedían ayuda internacional.

Paraguay vivía su peor momento. El país registraba la epidemia más grande de chikungunya en su historia, con 59.812 casos confirmados o probables en apenas los primeros tres meses del año. Eso significaba alrededor de 5.000 nuevos contagios cada semana. Además, 71 personas habían muerto y miles más estaban hospitalizadas. La situación era tan grave que el Ministerio de Salud Pública convocó a especialistas del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos para que analizaran qué estaba sucediendo. El director de Vigilancia de la Salud, Guillermo Sequera, fue directo en su mensaje: mientras el mosquito siguiera en las casas, mientras la gente aceptara convivir con él, la enfermedad no desaparecería. La lucha real, dijo, era contra el insecto.

Brasil, el gigante de la región, enfrentaba cifras aún más alarmantes. En 2022, el país había registrado más de mil muertes por dengue y 1,45 millones de casos confirmados, un aumento del 162,5 por ciento respecto a 2021. Los primeros tres meses de 2023 mostraban que la tendencia no se detenía: 404.000 contagios notificados, un 53 por ciento más que en el mismo período del año anterior, y 117 muertes. El chikungunya afectaba a unas 54.000 personas y había dejado siete muertos. Varios municipios ya habían declarado situación de emergencia. Pero Brasil también actuaba. A principios de marzo, la agencia sanitaria nacional aprobó Qdenga, una vacuna japonesa del laboratorio Takeda que contenía cuatro serotipos diferentes del virus. Se estaba aplicando en dos dosis a niños mayores de cuatro años, adolescentes y adultos hasta los 60 años. El gobierno también montó un Centro de Operaciones de Emergencia y anunció algo más ambicioso: una biofábrica capaz de producir hasta 100 millones de mosquitos Aedes aegypti contaminados con wolbachia, una bacteria que les impedía transmitir dengue, zika y chikungunya. La fábrica tendría capacidad para producir 5.000 millones de estos insectos modificados anualmente.

La advertencia científica era clara. Un informe reciente publicado en The Lancet señalaba que el cambio climático y sus olas de calor habían provocado un aumento del 35 por ciento en los casos de dengue durante 2012-2021 comparado con 1951-1960. Los países templados del Cono Sur eran especialmente vulnerables, impulsados por la rápida urbanización. Si no se tomaban medidas urgentes, la epidemia devastadora de 2019-2021 podría regresar.

Argentina reportaba un incremento sostenido. En la semana del 19 al 25 de marzo, el Ministerio de Salud notificó más de 6.700 nuevos contagios. Para el primer trimestre de 2023, el país sumaba 16.143 pacientes con dengue y 657 casos de chikungunya, de los cuales 244 habían sido contraídos en el extranjero. Cinco personas habían muerto. Las autoridades acordaron formar brigadas territoriales para eliminar criaderos del mosquito. La agencia nacional de medicamentos ya estaba analizando la efectividad de la vacuna brasileña.

Bolivia había logrado reducir sus números después del colapso del verano anterior. Sumaba 18.403 contagios y 57 muertes, con el departamento de Santa Cruz siendo el más afectado con dos terceras partes del total. Perú, por su parte, reportaba 33.575 casos acumulados de dengue y 36 muertes hasta el 31 de marzo. El Instituto Nacional de Salud lanzó una aplicación móvil llamada Dengue Onqoy para mejorar el monitoreo y manejo de pacientes, especialmente en zonas rurales de la costa norte y áreas selvátiques donde las lluvias intensas creaban condiciones ideales para la reproducción del mosquito.

Lo que unía a todos estos países era la misma verdad incómoda: el Aedes aegypti se reproducía en cualquier acumulación de agua, en cubetas, latas, botellas, floreros y llantas viejas. No había vacuna que lo eliminara del todo, no había fumigación que lo erradicara completamente. Solo había contención, vigilancia, y la esperanza de que las nuevas tecnologías como la wolbachia o las vacunas pudieran cambiar el curso de una epidemia que parecía imparable.

Mientras el mosquito siga en nuestras casas, y nosotros aceptemos convivir con él, vamos a seguir teniendo dengue, chikungunya. La lucha real es contra el mosquito.
— Guillermo Sequera, director de Vigilancia de la Salud de Paraguay
La aplicación contiene información sobre las complicaciones, datos epidemiológicos, videos e información bibliográfica que permitirán capacitar al personal de salud y seguir combatiendo la enfermedad.
— Víctor Suárez Moreno, jefe del Instituto Nacional de Salud de Perú, sobre la app Dengue Onqoy
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué Paraguay se convirtió en el epicentro de esta crisis de chikungunya?

Model

No fue un accidente. El país tiene las condiciones perfectas: temperaturas altas, urbanización rápida sin infraestructura de agua potable adecuada, y un mosquito que se reproduce en cualquier charco. Cuando todo eso converge, el virus encuentra un terreno fértil.

Inventor

Pero Brasil tiene más población, más densidad urbana. ¿Por qué no fue peor allí?

Model

Lo fue, en números absolutos. Más de mil muertes en 2022. Pero Brasil tenía recursos que Paraguay no tiene: dinero para vacunas, laboratorios, capacidad de respuesta rápida. Paraguay pidió ayuda a los CDC de Estados Unidos. Eso dice algo.

Inventor

La wolbachia suena como ciencia ficción. ¿Realmente funciona?

Model

Es real, pero no es una solución mágica. Es un mosquito modificado que no puede transmitir el virus. Pero tienes que producir 100 millones por semana y soltarlos en la población. Es logística, no solo biología.

Inventor

¿Y la vacuna? ¿Por qué no simplemente vacunar a todos?

Model

Porque no hay suficientes dosis. Qdenga se aprobó en marzo, pero la producción es limitada. Y solo funciona en mayores de cuatro años. Mientras tanto, el mosquito sigue picando.

Inventor

El cambio climático aumentó los casos un 35 por ciento. ¿Eso es reversible?

Model

No en el corto plazo. Eso es el punto. Incluso si Paraguay y Brasil controlan el brote ahora, el clima seguirá siendo más cálido. El mosquito seguirá siendo más activo. Es una batalla que no termina.

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