En los pasillos de Naciones Unidas, donde Venezuela alguna vez denunció el 'terrorismo de Estado' de Washington, Delcy Rodríguez se prepara para estrechar la mano de Donald Trump. Este encuentro, breve en duración pero enorme en significado, encarna el giro más radical de la diplomacia hemisférica en décadas: dos naciones que se definían mutuamente por su hostilidad ahora negocian petróleo, narcotráfico y soberanía bajo una misma lógica de conveniencia. La historia rara vez avanza en línea recta, y este momento lo recuerda con elocuencia.