Vox y otros partidos radicales convierten debates sobre mezquitas, niqab y menús halal en campañas contra la 'islamización', utilizando al islam como chivo expiatorio electoral. Expertos advierten que esta estrategia genera problemas sociales inexistentes y replica patrones de extrema derecha en Francia, Alemania e Italia con influencia de figuras como Trump y Elon Musk.
Del velo al menú halal: cómo el islam se convierte en arma política en España y Europa
Convierte el islam en un chivo expiatorio, como si fuera el mal que acontece en España
¿Por qué funciona tan bien esta estrategia? ¿Qué hace que el islam sea tan útil políticamente?
Porque conecta dos cosas que asustan: la identidad y la seguridad. Si convences a la gente de que su forma de vida está amenazada, aceptan restricciones que de otro modo rechazarían. Y el islam, por su visibilidad en Europa a través de la inmigración, se convierte en símbolo perfecto de esa amenaza.
Pero hay musulmanes reales en España, comunidades reales. ¿No hay problemas reales de integración?
Sí, hay problemas reales. Pero la diferencia es crucial: un problema real se aborda con políticas de integración, educación, empleo. Lo que hacen estos partidos es convertir el problema en el islam mismo, no en las condiciones que lo rodean. Es más fácil electoralmente.
¿Y por qué los gobiernos progresistas no lo detienen?
Porque, según los expertos, muchas veces usan la inmigración para diferenciarse de la derecha radical, sin construir realmente soluciones. Es omisión. Y la islamofobia no solo ocurre por acción, sino también por lo que no se hace.
¿Qué pasa con las mujeres musulmanas en todo esto?
Son el campo de batalla perfecto. Vox niega la violencia de género en general, pero de repente se preocupa por las mujeres musulmanas. Las construyen como víctimas que necesitan salvación, o como amenazas. Nunca como personas con voz propia decidiendo sobre sus propias vidas.
¿Hay algo que pueda frenar esto?
Incluir a los musulmanes en el debate, no hablar sobre ellos. Distinguir entre crítica legítima a la religión e islamofobia discriminatoria. Y gobiernos que realmente construyan integración, no que solo la usen como arma electoral contra la derecha.
Le Pouls
- José María Llanos, portavoz de Vox en Valencia, pidió vetar menús halal en comedores escolares
- 47,5% de la población árabe en España ha experimentado discriminación en vivienda, sanidad, educación, empleo y tecnología
- El Congreso aprobó crear una subcomisión para estudiar el uso del burka, pese a no haber evidencia de uso extendido
- Partidos de extrema derecha en Francia, Alemania e Italia replican estrategias similares contra el islam
Vox y otros partidos radicales convierten debates sobre mezquitas, niqab y menús halal en campañas contra la 'islamización', utilizando al islam como chivo expiatorio electoral. Expertos advierten que esta estrategia genera problemas sociales inexistentes y replica patrones de extrema derecha en Francia, Alemania e Italia con influencia de figuras como Trump y Elon Musk.
Partidos de extrema derecha en España y Europa instrumentalizan el islam como símbolo de amenaza identitaria, desde prohibiciones de prendas religiosas hasta vetos a menús halal, replicando una estrategia global de polarización electoral.
En Valencia, un portavoz de Vox se levantó para hablar de menús escolares. «Adiós al menú halal en nuestra casa. El menú lo decidimos nosotros, no los invitados», dijo José María Llanos desde Les Corts. Era una frase pequeña sobre comida, pero apuntaba hacia algo más grande: una estrategia política que ha ido ganando terreno en España y buena parte de Europa, donde el islam se ha convertido en arma electoral.
No es solo el halal. Durante años, políticos de la derecha radical han levantado banderas contra las mezquitas, han pedido prohibiciones del niqab y el burka, han aprovechado crisis fronterizas para hablar de una supuesta «islamización de España». Javier Cortés, portavoz de Vox en Andalucía, lo expresó sin rodeos hace poco al oponersse a una mezquita en Sevilla: «Queremos parar el proceso de islamización creciente que estamos sufriendo de manera descontrolada por la invasión masiva». Cada debate, cada polémica, parece seguir el mismo patrón: tomar un elemento de la vida cotidiana o religiosa musulmana y convertirlo en símbolo de amenaza nacional.
Zakariae Cheddadi, sociólogo especializado en religión e investigador de la Universidad del País Vasco, ve en esto algo más sistemático. Lo llama parte de la globalización política, un replanteamiento de la religión en la esfera pública donde hay una disputa clara sobre los valores. La derecha radical, explica, ha incorporado el islam en su oferta política como parte de una agenda cuya promesa fundamental es la supremacía cultural de Occidente. Esa influencia viene de lejos: del presidente estadounidense Donald Trump, quien constantemente apela al cristianismo y lo tradicional, y de los tecnooligarcas que orbitan su poder, como Elon Musk, quien ha apoyado públicamente a Alternativa por Alemania, un partido abiertamente islamófobo.
Para Cheddadi, Vox instrumentaliza la convivencia para ascender electoralmente. «Convierte el islam en un chivo expiatorio, como si fuera el mal que acontece en España», dice. El partido no busca construir un islam que dialogue, sino que utiliza a los musulmanes para sus propios réditos electorales. Saben que funciona replicar incidentes como los de Torre Pacheco, el pueblo murciano donde grupos ultras persiguieron a jóvenes inmigrantes magrebíes tras una agresión a un anciano. Los números lo confirman: según datos de 2024 de la Asociación Marroquí para la Integración de Inmigrantes, casi la mitad de la población árabe en España (47,5 por ciento) se ha sentido discriminada en vivienda, sanidad, educación, empleo o tecnología.
Esta no es una estrategia única de España. En Francia, la Agrupación Nacional de Marine Le Pen ha hecho campañas contra el islam y propuesto restringir sus símbolos religiosos. Alternativa por Alemania ha adoptado retórica contra la inmigración musulmana. La Liga italiana, partido de extrema derecha, ha vinculado esta religión con inseguridad mientras defiende una visión cultural homogénea del país. El patrón se repite.
Laura Mijares, profesora de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Complutense, advierte de una «estrategia intencionada» que busca «generar un problema social inexistente» para ganar votos. Menciona que el Congreso aprobó este año crear una subcomisión para estudiar el uso del burka en España, pese a que no hay evidencia de que esta prenda se utilice de forma extendida. Vox, un partido que niega la violencia de género y cuestiona los derechos reproductivos, usa la «retórica de salvación» porque es electoralmente rentable. Lo preocupante, dice Mijares, es que otras fuerzas políticas, incluidas las izquierdas y ciertas organizaciones feministas, se están sumando al debate, posicionando a las mujeres musulmanas como víctimas o amenazas, siempre decididas por hombres, lo que solo sirve para excluirlas y criminalizarlas.
Moussa Bourekba, investigador del Barcelona Centre for International Affairs, insiste en el contexto geopolítico. La Revolución Islámica de Irán en 1979 fue un primer punto de quiebre, pero hoy hay tres elementos clave: la creciente visibilidad del islam en Europa a través de poblaciones inmigrantes, sus demandas de igualdad en derechos, y el terrorismo yihadista. Tragedias como el 11S, el 11M en Madrid o el atentado de la sala Bataclán refuerzan estereotipos construidos a través de la demonización de los musulmanes. «El islam tiene esta peculiaridad de que representa un enemigo exterior y, al mismo tiempo, un enemigo interior», dice. El problema, advierte, es que la religión se convierte en factor explicativo de la conducta, como si una persona hiciera cosas malas por ser musulmana y no por otros factores humanos. Este discurso es rentable porque conecta identidad con seguridad, haciendo más fácil restringir libertades en nombre de la protección. Para Bourekba, la crítica al islam es legítima en democracia, pero no cuando nace de «discursos simplistas y reduccionistas» que validan la discriminación: «Así como la homofobia no es una opinión, la islamofobia tampoco debería serlo. Es una actitud que puede constituir un delito de odio».
Citations marquantes
Queremos parar el proceso de islamización creciente que estamos sufriendo de manera descontrolada por la invasión masiva— Javier Cortés, portavoz de Vox en Andalucía
Así como la homofobia no es una opinión, la islamofobia tampoco debería serlo. Es una actitud que puede constituir un delito de odio— Moussa Bourekba, investigador del Barcelona Centre for International Affairs