Del colapso a la esperanza: la revolución del 'solarpunk'

Actuamos solo cuando algo nos importa
La investigadora Lily Bermel explica por qué la ficción especulativa es crucial para imaginar futuros sostenibles.
Mark

¿Por qué ahora? ¿Por qué el solarpunk emerge precisamente en este momento, cuando los números sobre emisiones y temperaturas siguen siendo desalentadores?

Mimi

Creo que es porque la gente necesita imaginar que el cambio es posible. Las narrativas apocalípticas nos han paralizado durante años. El solarpunk dice: mira, podemos tener tecnología, naturaleza, ciudades hermosas y justicia social al mismo tiempo.

Luke

Pero aquí hay un problema. El artículo dice que en 2024 el 92,5% de nueva capacidad fue renovable, pero también dice que la energía verde ha servido principalmente para complementar los fósiles, no reemplazarlos. Eso es una diferencia enorme. ¿Estamos realmente transformando, o solo añadiendo capas?

Mimi

Es verdad. Pero mira Nepal: 76% de vehículos eléctricos nuevos. Eso no es complementario, eso es un cambio real en cómo la gente se mueve.

Mark

¿Y qué pasa con la arquitectura? Barcelona está gastando 240 millones. ¿Es eso solarpunk o es greenwashing?

Mimi

Depende de cómo se haga. Si es solo poner plantas en las azoteas para verse bien, es superficial. Pero si esos jardines conectan con sistemas de agua, energía, biodiversidad local, entonces es diferente.

Luke

Y aquí está lo que el artículo no responde claramente: ¿cuántos de esos 60.000 euros en Barcelona se convierten realmente en cambio, y cuántos se quedan en proyectos que lucen bien en las fotos?

Mark

Entonces el solarpunk es una dirección correcta, pero la ejecución es lo que cuenta.

Mimi

Exactamente. Es una brújula, no un destino. Y necesitamos brújulas ahora.

Luke

Lo que me preocupa es que el optimismo del solarpunk podría convertirse en excusa para no hacer cambios más profundos. Plantar árboles en una azotea es más fácil que transformar cómo producimos energía o cómo vivimos.

  • En 2024, el 92,5% de nueva capacidad eléctrica global fue renovable
  • Nepal: 76% de vehículos eléctricos nuevos en 2024
  • Barcelona destina 240 millones de euros a vivienda y urbanismo este año
  • Torre Commerzbank (Fráncfort, 1967): 259 metros con jardines integrados en fachada

El solarpunk propone ciudades verdes, energías renovables y diseño circular como alternativa optimista a la ficción distópica tradicional. En 2024, el 92,5% de nueva capacidad eléctrica global fue renovable; Nepal lidera con 76% de vehículos eléctricos nuevos en 2024.

El solarpunk emerge como movimiento literario y social que reimagina un futuro sostenible mediante soluciones tecnológicas e imaginativas, desplazando narrativas apocalípticas por visiones de convivencia armónica con la naturaleza.

La última novela de Anna Kavan, publicada en 1967, imaginaba un planeta congelado donde la muerte silenciosa reemplazaba la violencia y la guerra. Ese libro, titulado Ice, pertenecía a una tradición literaria que veía el futuro como catástrofe inevitable. Pero algo ha cambiado en los últimos años. Las editoriales independientes —una tendencia que ha llegado incluso a The Washington Post— están recibiendo historias que no tratan sobre cómo sobrevivir al colapso, sino sobre cómo construir una vida en armonía con la naturaleza. Este movimiento se llama solarpunk, y representa un giro radical en cómo imaginamos lo que viene después.

El solarpunk es, en esencia, un género literario y un movimiento social que propone soluciones tecnológicas e imaginativas para los problemas ambientales. Ciudades verdes, aviones solares, moda biodegradable, artistas que trabajan con materiales reciclados. Pero va más allá de la estética. Según Lily Bermel, investigadora visitante en el Centro Energético Global de la Universidad de Columbia, el solarpunk ha evolucionado hasta convertirse en un movimiento de acción orientado hacia un futuro poscapitalista donde la humanidad convive en paz con la naturaleza, sostenida por energías limpias, resiliencia comunitaria y el compromiso ético del hazlo tú mismo. "La ecoficción puede ayudarnos a crear una nueva narrativa", explica Bermel, "una que trate sobre cómo la Tierra nos regala vida y cómo podemos recompensarla. Porque actuamos solo cuando algo nos importa".

En el mundo real, los números sugieren que algo se está moviendo. En 2024, el 92,5% de toda la nueva capacidad de generación eléctrica instalada en el planeta fue de origen renovable. Nepal, un país que no suele aparecer en las conversaciones sobre transición energética, vio que el 76% de los automóviles nuevos vendidos en 2024 fueron completamente eléctricos. En la Unión Europea, los vehículos 100% eléctricos e híbridos representaron más de la mitad de todas las ventas en 2025. Texas batió récords de energía solar incluso en febrero, con cerca del 90% de su capacidad instalada procedente de fuentes renovables. En enero, Noruega vendió solo siete automóviles de gasolina en todo el país. Sin embargo, la realidad es más compleja. La energía verde ha servido principalmente para complementar los combustibles fósiles, no para reemplazarlos. Las temperaturas globales continúan subiendo, aunque lentamente. Y China, que aspiraba a liderar la revolución verde en los últimos años, ha construido más centrales de carbón que nunca.

Barcelona ofrece un ejemplo concreto de cómo el solarpunk está tomando forma en la arquitectura urbana. La ciudad destina 60.000 euros a fondo perdido a las comunidades de vecinos para crear jardines en las azoteas de los edificios, que pueden incluir huertos urbanos, espacios verdes o paneles solares. Este año, Barcelona ha asignado 240 millones de euros a vivienda y urbanismo, la cantidad más elevada en toda su historia. El concepto de integrar la naturaleza en la arquitectura no es nuevo. Norman Foster, el arquitecto británico, llevó jardines a las fachadas de los edificios hace casi cinco décadas. Su trabajo en la Torre Commerzbank de Fráncfort en 1977 —una estructura triangular de 259 metros definida por tres "pétalos" y un atrio central— incluía jardines en espiral que rodeaban el edificio y cambiaban de lado cada cuatro niveles, creando una sensación de transparencia y ligereza.

Pero los arquitectos contemporáneos advierten que simplemente añadir vegetación a los edificios no es suficiente. Francesca Raimondi, arquitecta italiana especializada en accesibilidad y diseño universal, ve el solarpunk no como una estética de un futuro lejano, sino como "anticipación de un presente necesario". Su trabajo intenta superar la idea de la naturaleza como simple ornamento arquitectónico, considerándola en cambio como "una presencia viva, parte integrante del espacio que habitamos". Para Raimondi, la pregunta no es cómo diseñar ciudades más verdes, sino cómo imaginar una arquitectura capaz de acoger a otras especies además de la humana. "Es ahí donde el solarpunk puede dejar de ser una utopía para convertirse en proyecto", señala.

En Nueva York, Studio Gan y Sauerbruch Hutton están rediseñando la German House, que alberga la Misión Permanente de Alemania ante Naciones Unidas. El nuevo diseño enfatiza valores democráticos de participación, transparencia y libertad —una declaración de principios particularmente significativa dado el reciente ascenso electoral de la ultraderecha en Alemania. En los Países Bajos, la escritora de ciencia ficción Ruthanna Emrys Gordon ve el solarpunk como "una continuación natural de un milenio de ingeniería y gestión de ecosistemas en el Antropoceno". Aunque los primeros holandeses que desecaron pantanos para crear tierra de cultivo no pensaban en el bienestar de otras especies, la interdependencia entre humanos, agua, aves y árboles se ha vuelto imposible de ignorar cuando conduce a inundaciones. "El solarpunk ofrece una visión de cómo colaborar puede conducir a algo mejor", comenta.

Sin embargo, el estudio de arquitectura RCR, ganador del Premio Pritzker en 2017 y radicado en Olot, Girona, cuestiona la tendencia de reverdecer los edificios como si plantar árboles y plantas en las fachadas fuera por sí mismo una respuesta medioambiental suficiente. "La naturaleza tiene que formar parte de una relación más profunda con el lugar", argumenta Andrea Buchner, responsable de comunicación del estudio. "Un árbol necesita raíces, agua, tiempo y condiciones adecuadas para desarrollarse". El verdadero desafío, sugieren, es preguntarse qué recursos hay detrás del optimismo del solarpunk: qué relación establece un edificio con el suelo, el agua, la energía, el clima, los materiales, la biodiversidad y, sobre todo, con la vida de las personas que lo habitan. El solarpunk puede ser una brújula hacia un futuro mejor, pero solo si va acompañado de un pensamiento profundo sobre cómo realmente vivimos en la Tierra.

La ecoficción puede ayudarnos a crear una nueva narrativa: una que trate sobre cómo la Tierra nos regala vida y cómo podemos recompensarla
— Lily Bermel, investigadora del Centro Energético Global de la Universidad de Columbia
La naturaleza tiene que formar parte de una relación más profunda con el lugar. Un árbol necesita raíces, agua, tiempo y condiciones adecuadas para desarrollarse
— Andrea Buchner, estudio RCR
Envie de l'histoire complète ? Lire l'original sur EL PAÍS ↗
Nous contacter FAQ