La vivienda hexagonal combina barro, paja y madera, con 12 parabrisas de autos usados como ventanales y botellas de vidrio incrustadas en muros para iluminación natural. Di Pascuales interrumpió estudios universitarios a los 22 años y exploró vida rural en Uruguay antes de instalarse definitivamente en Traslasierra hace cinco años.
Dejó Rosario para construir su casa en la sierra con parabrisas y botellas recicladas
Yo no quiero que esta casita nazca desde el sacrificio
¿Cómo alguien pasa de estudiar en una universidad a vivir sin agua corriente en Uruguay?
Para Mariana fue un punto de quiebre. A los 22 años sintió que algo no encajaba. La ciudad la agobiaba. Necesitaba probar si existía otra forma de vivir.
Pero eso es un salto emocional. ¿Cuánto tiempo pasó en Uruguay? ¿Fue una decisión impulsiva o llevaba tiempo pensándolo?
El texto no especifica cuánto tiempo estuvo allá, solo que fue una temporada. Lo que sí queda claro es que después viajó en motorhome por la Patagonia, así que no fue un impulso aislado.
Y luego se instaló en Traslasierra. ¿Por qué ese lugar específicamente?
El texto no explica por qué eligió Traslasierra en particular. Solo dice que hace cinco años se instaló allí de manera definitiva.
Eso es importante. Sabemos dónde llegó, pero no cómo eligió ese destino. ¿Fue casualidad, recomendación, búsqueda deliberada?
Exacto. Lo que sí sabemos es que la construcción de la casa comenzó hace tres años, así que pasó dos años viviendo en la zona antes de empezar a construir.
La casa en forma de corazón con parabrisas reciclados. ¿Eso fue idea suya desde el principio o surgió durante el proceso?
El texto no lo aclara. Sabemos que ella diseñó y gestionó la construcción, pero no si el concepto del corazón hexagonal fue planeado desde el inicio o evolucionó.
Y ese detalle importa, porque cambia la historia. ¿Es una visión artística deliberada o una solución práctica que resultó hermosa?
Lo que está documentado es que usó aproximadamente doce parabrisas de autos usados como ventanales y botellas de vidrio incrustadas. Eso sí es concreto.
¿Qué pasó con la minga? Convocó a veinte personas y vinieron dos.
Fue una lección sobre los límites de la ayuda comunitaria. Le enseñó a celebrar lo que lograba cada día, sin expectativas sobre cuánta gente vendría.
Pero eso también sugiere algo sobre la comunidad local. ¿Por qué no vinieron? ¿Falta de interés, falta de tiempo, desconfianza hacia ella como forastera?
El texto no lo dice. Solo registra lo que pasó y lo que ella aprendió de eso.
El Pulso
- Mariana Di Pascuales, 38 años, dejó Rosario para vivir en Traslasierra, Córdoba
- Construyó una vivienda hexagonal con 12 parabrisas reciclados, botellas de vidrio y adobe en año y medio
- Interrumpió estudios universitarios a los 22 años; vivió en Uruguay sin agua corriente ni electricidad
- Se instaló definitivamente en Traslasierra hace cinco años; comenzó la construcción hace tres
La vivienda hexagonal combina barro, paja y madera, con 12 parabrisas de autos usados como ventanales y botellas de vidrio incrustadas en muros para iluminación natural. Di Pascuales interrumpió estudios universitarios a los 22 años y exploró vida rural en Uruguay antes de instalarse definitivamente en Traslasierra hace cinco años.
Mariana Di Pascuales, de 38 años, dejó Rosario para vivir en Traslasierra, Córdoba, donde construyó una vivienda de bioconstrucción con parabrisas reciclados, botellas de vidrio y adobe en año y medio de trabajo autogestionado.
Mariana Di Pascuales tenía 22 años cuando decidió que la ciudad no era para ella. Estudiante universitaria en Rosario, interrumpió sus cursos y se marchó a Uruguay, donde pasó una temporada viviendo sin agua corriente ni electricidad. Ese primer experimento con la vida rural le mostró algo que no podía ignorar: su ritmo natural no coincidía con el de la ciudad. "La ciudad me agobió, no era donde quería vivir", recordaría años después. Lo que comenzó como una pausa se convirtió en una reorientación completa.
Después de Uruguay, viajó por la Patagonia en motorhome junto a su hijo León. Esos meses de vida itinerante le aclararon qué necesitaba realmente: no mucho. Un lugar para comer, dormir, un baño funcional, algo acogedor. Hace cinco años, a los 33, se instaló de manera definitiva en Traslasierra, en el valle de Córdoba. Hace tres comenzó a construir.
La casa que levantó es difícil de olvidar una vez que la ves. Dos hexágonos unidos que, vistos desde arriba, trazan la silueta de un corazón sobre la sierra. Está en el barrio Los Hornillos, en la cima de una colina, rodeada de monte. La construcción tardó un año y medio de trabajo que ella misma gestionó, diseñó y ejecutó. Los materiales cuentan la historia de dónde vinieron: barro, paja, madera extraída del entorno. Aproximadamente doce parabrisas de autos usados funcionan como ventanales en uno de los muros de barro, dejando entrar luz natural durante todo el día. Botellas de vidrio incrustadas en las paredes filtran la claridad del amanecer y añaden color al interior. El agua viene de una vertiente natural. Los residuos se tratan en un biodigestor casero.
El proceso no fue lineal. Di Pascuales intentó usar la minga, esa práctica comunitaria de trabajo colectivo que tiene siglos en la región. Convocó a veinte personas. Vinieron dos. Esa lección le enseñó algo importante sobre celebrar lo que se logra en cada jornada, sin importar cuánto sea. A mediados de la construcción, durante un invierno que describe como duro, pausó todo durante cuatro meses. Alquiló una cabaña vecina para preservar su salud mental, para no quemarse. Retomó los trabajos cuando llegó la primavera.
Hoy vive en esa casa junto a León. Trabaja como pintora e instructora de Biodanza. Desde la cima de la colina que eligió como base, promueve algo que ha aprendido a través de años de decisiones propias: la importancia de recuperar el poder sobre la propia vida. "Si hay algo que me llama, que me atrae, que voy", dice. No presenta su experiencia como un modelo universal, sino como el resultado de un proceso personal que considera transferible en su espíritu, aunque no necesariamente en sus formas.
Sobre la construcción de la casa, insistió en algo que le importa: "Yo no quiero que esta casita nazca desde el sacrificio". Cree que las cosas no se consiguen así. Lo que hizo fue aprender a poner límites al propio esfuerzo, a escucharse a sí misma, a validar lo que estaba sintiendo. Su historia llega en un momento en que cada vez más personas abandonan los centros urbanos en busca de entornos rurales o serranos, impulsadas por la búsqueda de autonomía, el contacto con la naturaleza y la reducción de costos. La bioconstrucción, técnicas basadas en tierra cruda, adobe, paja y materiales reutilizados, ocupa un lugar central en esa búsqueda. Tiene siglos de historia, pero ganó nueva visibilidad frente a la crisis habitacional y la necesidad de alternativas sustentables. La figura del autoconstructor —quien diseña, gestiona y edifica su propia vivienda— es transversal: jóvenes sin capital para acceder al mercado inmobiliario, familias que priorizan la autosuficiencia, personas que después de años de vida urbana deciden reorientar sus prioridades. En todos los casos, el proceso combina aprendizaje técnico, esfuerzo físico y una reorganización profunda de la vida cotidiana.
Citas Notables
La ciudad me agobió, no era donde quería vivir— Mariana Di Pascuales, sobre su decisión de abandonar la vida urbana
El tema es que podamos recuperar el poder en nosotros, porque si no, siempre hay alguien diciendo qué es lo que tengo que hacer— Mariana Di Pascuales, reflexionando sobre autonomía y decisiones propias