Defensoría alerta: 80% de comisarías carece de personal para combatir delincuencia

La capacidad limitada de investigación criminal y patrullaje afecta la seguridad ciudadana y la respuesta ante emergencias en todo el país.
Los policías pagan de su bolsillo el agua, la electricidad y hasta la limpieza de los baños
Un detalle que revela el abandono presupuestal de las comisarías en todo el país.
Mark

¿Qué tan grave es realmente que el 80% de las comisarías no tenga personal suficiente? ¿Estamos hablando de un problema administrativo o de algo que afecta directamente la seguridad de la gente?

Mimi

Es directo. Cuando no hay investigadores disponibles, los delitos no se investigan. Cuando no hay patrulleros, no hay presencia preventiva. Más de la mitad de las comisarías no puede investigar crímenes adecuadamente, y el 77% necesita reforzar el patrullaje. Eso significa que hay zonas donde la respuesta policial es más lenta o menos efectiva.

Luke

Pero espera—esos números de "más de 600 oficiales" y "17,000 suboficiales" que necesitan, ¿de dónde vienen? ¿Son estimaciones de los propios comisarios o hay un análisis independiente de cuál debería ser la dotación ideal?

Mimi

Vienen de los propios comisarios, según el informe. Es decir, son los jefes de las comisarías diciendo qué les falta. Eso es valioso, pero tienes razón en señalar que no es lo mismo que un análisis técnico externo de necesidades.

Mark

Y luego está toda la infraestructura. Doscientas treinta y una comisarías en edificios de más de 50 años. ¿Eso es solo incómodo o es un riesgo real?

Mimi

Es un riesgo real. Varias fueron declaradas inhabitables o en alto riesgo. Los pisos, las paredes, los techos están en mal estado. Es un riesgo para los policías que trabajan allí y para los ciudadanos que entran a hacer una denuncia.

Luke

Pero ¿cuántas exactamente fueron declaradas inhabitables? El informe dice "varias" y menciona que 166 obtuvieron certificado de seguridad de 583 que lo solicitaron. Eso significa que la mayoría ni siquiera solicitó inspección. No sabemos cuántas más podrían estar en riesgo.

Mark

El tema de la tecnología también es sorprendente. El 72% sin telefonía fija, el 26% sin internet, solo el 21% con radio. ¿Cómo coordinan operaciones?

Mimi

Dependen de teléfonos celulares con señal inestable. Imagina intentar coordinar una respuesta a una emergencia cuando tu comunicación depende de que haya cobertura de celular. Es frágil y peligroso.

Luke

Y hay algo que me llama la atención: los policías están pagando de su bolsillo servicios básicos como agua, electricidad e internet. ¿Eso está documentado en el informe o es una observación general?

Mimi

El informe dice que en decenas de dependencias los propios policías asumen esos gastos. No da números exactos de cuántas, pero es suficientemente sistemático como para mencionarlo como un patrón.

Mark

¿Qué viene después? ¿La Defensoría tiene recomendaciones concretas?

Mimi

El informe advierte que hay que actualizar la clasificación de las comisarías y, implícitamente, que hay que invertir en personal, infraestructura y tecnología. Pero las recomendaciones específicas no están detalladas en lo que se ha hecho público.

Luke

Eso es importante notar: sabemos cuál es el problema, pero no sabemos exactamente qué propone la Defensoría como solución. Eso es información que aún no está en la mesa pública.

  • Más de 17,000 suboficiales y 600 oficiales faltan en las comisarías del país, dejando a más de la mitad sin capacidad real para investigar delitos.
  • El 77% de las dependencias policiales no puede garantizar patrullaje preventivo suficiente, exponiendo a barrios enteros a una presencia policial casi invisible.
  • Edificios en ruinas, flotas vehiculares a medio funcionar y policías que compran de su propio bolsillo internet y artículos de limpieza revelan un colapso logístico profundo.
  • Sin telefonía fija en el 72% de las comisarías y con solo el 21% equipado con radios, la coordinación policial depende de celulares con señal inestable en medio de emergencias.
  • La Defensoría del Pueblo urge a actualizar la clasificación del sistema de comisarías, reconociendo que el Estado intenta responder a los problemas de hoy con una arquitectura diseñada para ayer.

En el Perú, la institución encargada de velar por los derechos ciudadanos acaba de revelar que ocho de cada diez comisarías operan sin el personal necesario para cumplir su misión, con miles de efectivos faltantes y una infraestructura que en muchos casos supera el siglo de antigüedad. Este diagnóstico no habla solo de números: habla de la distancia que existe entre el Estado y quienes más necesitan su protección. Cuando los propios policías pagan de su bolsillo el agua y la electricidad de sus dependencias, el abandono institucional ha dejado de ser una metáfora para convertirse en una realidad cotidiana.

La Defensoría del Pueblo acaba de presentar el diagnóstico más completo realizado sobre las comisarías peruanas, y el panorama es grave: ocho de cada diez dependencias no cuentan con el personal necesario para operar. Faltan más de seiscientos oficiales, cerca de diecisiete mil suboficiales y más de quinientos trabajadores civiles. Las brechas más profundas se concentran en Lima, Cajamarca, Arequipa, Cusco, La Libertad y Piura.

Esta escasez golpea directamente la investigación criminal y el patrullaje preventivo. Más de la mitad de las comisarías no tiene investigadores disponibles para atender denuncias de robo, asalto o delitos sexuales. El setenta y siete por ciento necesita reforzar su presencia en las calles. En la práctica, esto significa que muchos delitos quedan sin investigar y muchos barrios sin resguardo visible.

La infraestructura agrava el cuadro. Doscientas treinta y una comisarías funcionan en edificios con más de cincuenta años de antigüedad, varios en estado deteriorado o declarados inhabitables. La tecnología no es mejor: el setenta y dos por ciento carece de telefonía fija, solo el veintiuno por ciento tiene radio de comunicaciones, y casi la mitad de la flota vehicular está fuera de servicio.

Hay un síntoma que lo dice todo: en decenas de comisarías, los propios policías costean de su bolsillo el agua, la electricidad y hasta la limpieza. El Estado no cubre esos gastos básicos. A esto se suma que el sesenta y siete por ciento de las secciones de investigación criminal no tiene personal especializado suficiente, y la mayoría carece de espacios adecuados para custodiar evidencias o garantizar el derecho de los detenidos a hablar con sus abogados.

La Defensoría concluye que el sistema completo de seguridad pública opera con un mapa desactualizado: la población ha crecido, la delincuencia ha cambiado, pero las estructuras policiales no se han adaptado. Actualizar la clasificación de las comisarías y dotar de recursos reales a estas instituciones no es solo una reforma administrativa; es una deuda pendiente con la seguridad de todos los peruanos.

La Defensoría del Pueblo acaba de terminar el diagnóstico más exhaustivo jamás realizado sobre el estado de las comisarías en el Perú, y los números son contundentes: ocho de cada diez dependencias policiales no tienen suficientes efectivos para hacer su trabajo. Según los propios comisarios, falta incorporar más de seiscientos oficiales, cerca de diecisiete mil suboficiales y más de quinientos trabajadores civiles. Las carencias más agudas se concentran en Lima, Cajamarca, Arequipa, Cusco, La Libertad y Piura, regiones donde la brecha entre lo que existe y lo que se necesita es más profunda.

Esta escasez de personal golpea directamente donde más importa: en la investigación de delitos y en el patrullaje preventivo. Más de la mitad de las comisarías no tiene gente suficiente para investigar crímenes. El setenta y siete por ciento necesita reforzar su presencia en las calles. Lo que esto significa en términos concretos es que cuando alguien denuncia un robo, un asalto o un delito sexual, hay menos probabilidad de que haya un investigador disponible para tomar el caso. Cuando un barrio necesita presencia policial visible para disuadir la delincuencia, hay menos patrulleros para hacerlo.

Pero el problema no termina en la falta de gente. La infraestructura donde trabajan estos policías está en ruinas. Doscientas treinta y una comisarías funcionan en edificios con más de cincuenta años de antigüedad. Varias superan el siglo de existencia. Los pisos, las paredes, los techos: la mayoría está en mal estado o muy mal estado. Es un riesgo tanto para los policías que trabajan allí como para los ciudadanos que entran a hacer una denuncia. Solo ciento sesenta y seis comisarías obtuvieron certificado de seguridad en edificaciones en el último año, mientras que varias fueron declaradas inhabitables o en alto riesgo, principalmente en Lima, Apurímac, Puno y Callao.

La tecnología es otro frente de colapso. El setenta y dos por ciento de las comisarías no tiene telefonía fija. El veintiséis por ciento no tiene acceso a internet. Solo el veintiuno por ciento cuenta con radio de comunicaciones. Esto obliga a los policías a depender de teléfonos celulares con señal inestable para coordinar operaciones y responder emergencias. Treinta por ciento de los equipos informáticos está inoperativo, y en muchos casos esos equipos pertenecen a los propios efectivos, que han tenido que comprarlos de su bolsillo. Casi la mitad de la flota vehicular está fuera de servicio, con una proporción significativa de unidades que ya no se pueden recuperar. Muchos vehículos no tienen seguros, SOAT ni revisiones técnicas al día, lo que limita gravemente la capacidad de patrullaje.

Hay un detalle que revela el abandono institucional: en decenas de comisarías, los propios policías pagan de su dinero el agua, la electricidad, el internet y hasta la limpieza de los baños. El Estado no cubre estos gastos básicos. Esto no es solo una cuestión de comodidad; es un síntoma de que estas dependencias han sido olvidadas en los presupuestos nacionales.

En investigación criminal, el sesenta y siete por ciento de las comisarías no tiene personal suficiente en las secciones especializadas. La mayoría carece de espacios adecuados para guardar evidencias. Hay escasez de kits de criminalística, herramientas esenciales para recopilar indicios en una escena del crimen. Cuando un delito se investiga sin los recursos necesarios, la probabilidad de que el responsable sea identificado y procesado disminuye drásticamente.

El informe también señala un problema de gestión: no siempre se asigna a los comisarios con el grado, la jerarquía y la formación especializada que exige la ley. Esto debilita el liderazgo institucional y afecta la coordinación interna. Además, persisten carencias en capacitación con enfoque intercultural y en la aplicación de protocolos de derechos humanos. La mayoría de las comisarías no tiene espacios adecuados para personas detenidas, adolescentes infractores ni para que los detenidos hablen en privado con sus abogados.

La Defensoría advierte que es necesario actualizar la clasificación de las comisarías en las categorías A, B, C, D y E, porque la realidad urbana y rural del país ha cambiado: ha crecido la población, ha variado la incidencia delictiva, y las estructuras policiales no se han adaptado. Lo que esto significa es que el sistema completo de seguridad pública está operando con un mapa desactualizado, intentando responder a problemas de hoy con una arquitectura diseñada para ayer.

En decenas de dependencias los propios policías asumen gastos de agua, electricidad, internet e incluso la limpieza de servicios higiénicos
— Informe de la Defensoría del Pueblo
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