De un departamento al reciclaje industrial: REN recupera 70 toneladas de residuos electrónicos en Neuquén

Una computadora que iba a terminar en un basural puede llegar a una escuela
La medida real del éxito de REN no es el volumen procesado, sino las máquinas que siguen siendo útiles.
Mark

¿Cómo se pasa de reparar computadoras en un departamento a procesar 30 toneladas anuales de residuos?

Mimi

No fue un plan maestro. Fue necesidad que encontró apoyo. Empezaron porque veían máquinas que podían funcionar de nuevo. La comunidad vio eso y empezó a traerles equipos. Luego vinieron las instituciones, las escuelas, la universidad.

Mark

¿Qué diferencia hay entre lo que hace REN y el reciclaje convencional?

Mimi

La diferencia es el orden de prioridades. Otros descartan y reciclan. REN repara primero, recupera repuestos después, recicla al final. Es más trabajo, pero significa que el 13,6 por ciento de las máquinas sigue funcionando en lugar de convertirse en material.

Mark

¿Por qué importa que una computadora vieja llegue a una escuela?

Mimi

Porque cierra un círculo. La máquina que alguien iba a tirar ahora está en un aula, en un comedor. Sigue siendo útil. Eso es lo que los mantiene trabajando, más que cualquier número.

Mark

¿Qué cambia cuando llega la trituradora de cables?

Mimi

Escala. Ahora separan materiales a mano. Con la máquina pueden procesar más volumen, con más precisión. Cobre, plástico, separados. Eso los acerca a ser una operación industrial de verdad.

Mark

¿Cuál es el riesgo de crecer tan rápido?

Mimi

Perder lo que los define. Hay presión para procesar más, más rápido. Pero si dejan de reparar, si dejan de pensar en dónde va cada máquina, se convierten en otra empresa de reciclaje. El desafío es crecer sin perder la lógica.

Mark

¿Qué necesitan para llegar a ser una planta modelo regional?

Mimi

Más capital, más personal capacitado, más apoyo institucional. Pero lo más importante es que la región siga creyendo que esto importa. Si el municipio, la provincia, las empresas ven esto como una oportunidad, no como un costo, entonces es posible.

  • Cada año, toneladas de residuos electrónicos amenazan con enterrarse en basurales patagónicos, cargados de materiales tóxicos que ningún suelo debería absorber.
  • REN irrumpe en ese ciclo con una lógica simple pero poderosa: antes de desmantelar, reparar; antes de reciclar, reutilizar, logrando que casi el 26% de los equipos recibidos encuentren una segunda vida funcional.
  • El respaldo de universidades, municipios, el INTI y el programa Impacta Neuquén convirtió un taller de garaje en una cooperativa de siete personas con proyección regional.
  • Una trituradora de cables en camino desde China promete multiplicar la capacidad de separación de materiales y acercar a REN a los estándares de la industria formal.
  • El horizonte apunta a una planta modelo para todo el Alto Valle que genere empleo, incorpore tecnología y posicione a la Patagonia como referencia en economía circular.

En Neuquén, lo que comenzó como la mirada atenta de dos técnicos sobre computadoras descartadas durante la pandemia se ha convertido en REN, una cooperativa que procesa 30 toneladas anuales de residuos electrónicos y devuelve vida útil a máquinas que el mundo había dado por muertas. Su historia no es solo la de un emprendimiento exitoso, sino la de una comunidad que aprendió a ver valor donde otros veían basura. En el cruce entre la necesidad ambiental y la oportunidad económica, REN propone que cuidar la tierra y generar trabajo no son caminos opuestos, sino el mismo.

Cuando la pandemia detuvo al mundo, dos técnicos en Neuquén encontraron en las computadoras rotas que llegaban a sus manos algo que otros no veían: una segunda oportunidad. Así nació REN, en un departamento tan pequeño que apenas cabía el trabajo. Juan Morillas, uno de sus fundadores, recuerda esos primeros días sin plan de negocios ni inversión inicial, solo necesidad y convicción. De ese departamento pasaron a un garaje, y del garaje a un taller real.

Hoy REN es una cooperativa de siete personas que recibe residuos electrónicos de hogares, empresas e instituciones de toda la región. Su lógica es simple pero rigurosa: cada equipo se revisa primero en busca de vida útil. Si puede repararse, se repara. Solo cuando no hay remedio comienza la separación de materiales. Ese criterio permitió que el 13,6% de los equipos recuperaran funcionalidad completa y otro 12% sirviera como fuente de repuestos. El resto se convierte en materia prima para la industria.

Los números crecieron rápido: de 15 toneladas anuales a cerca de 30, con más de 70 toneladas recuperadas en total. Pero Morillas mide el éxito de otra manera: una computadora que iba a terminar en un basural y llegó a una escuela o un comedor. Detrás de ese crecimiento hay una red de apoyo tejida por escuelas técnicas, la Universidad Nacional del Comahue, municipios y el INTI, con un impulso decisivo del programa Impacta Neuquén, que brindó nueve meses de capacitación y financiamiento.

Con parte de ese premio compraron una trituradora de cables que viaja desde China hacia Centenario. Cuando llegue, permitirá separar cobre y plástico con precisión y escalar hacia la industria formal. El plan mayor es construir una planta modelo para gestionar residuos electrónicos de todo el Alto Valle, generar nuevos empleos y convertirse en referencia de economía circular para la Patagonia. Para Morillas, el mensaje es claro: cuando uno trabaja para resolver un problema real de su comunidad, la misma comunidad acompaña y ayuda a crecer.

Hace poco más de dos años, cuando el mundo se detuvo por la pandemia, dos técnicos en Neuquén miraban las computadoras rotas que llegaban a sus manos y vieron algo que otros descartaban: una segunda oportunidad. Así nació REN, en un departamento tan pequeño que apenas cabía el trabajo. Juan Morillas, uno de sus fundadores, recuerda esos primeros días con la claridad de quien sabe que estaba haciendo algo que importaba. "Empezamos desarmando equipos con lo que teníamos, buscando la manera de aprovechar cada material", dice. No había plan de negocios sofisticado, no había inversión inicial. Solo había necesidad y convicción.

Lo que comenzó en ese departamento se mudó primero a un garaje, luego a un taller de verdad. Hoy REN es una cooperativa de siete personas que recibe residuos electrónicos de hogares, empresas e instituciones de toda la región. Pero lo que la distingue no es el tamaño ni la cantidad que procesa, sino la lógica que guía cada paso. Cuando llega una computadora, no va directamente a ser desarmada. Primero se revisa completa. Si puede funcionar de nuevo, se repara. Si no tiene remedio, recién entonces comienza el proceso de separación de materiales que volverán a la industria como materia prima. Ese criterio, simple pero riguroso, permitió que el 13,6 por ciento de los equipos recuperaran una vida útil completa, y otro 12 por ciento sirviera como fuente de repuestos para reparar otros dispositivos. El resto se convierte en materiales recuperables.

Los números crecieron rápido. De procesar unas 15 toneladas anuales hace algunos años, REN pasó a manejar cerca de 30 toneladas por año. En total, ya recuperó más de 70 toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. Pero Morillas sabe que esos números no cuentan la historia completa. "Lo que más nos impulsa es ver que una computadora que iba a terminar en un basural pueda llegar a una escuela o a un comedor y seguir siendo útil. Ahí entendimos que íbamos por el camino correcto", cuenta. Esa es la medida real del éxito: no toneladas procesadas, sino máquinas que siguen funcionando, que siguen sirviendo.

El crecimiento no fue accidental. Detrás de REN hay una red de apoyo que la región tejió alrededor de la idea: escuelas técnicas, la Universidad Nacional del Comahue, municipios, el INTI. Pero el impulso decisivo llegó de Impacta Neuquén, el programa del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano destinado a emprendedores. Nueve meses de capacitación y financiamiento que permitieron a REN dar un salto cualitativo. Con parte del premio compraron una trituradora de cables que está en camino desde China hacia Centenario. Esa máquina, cuando llegue, les permitirá separar cobre y plástico con precisión, aumentar su capacidad de procesamiento y escalar hacia algo más cercano a la industria formal.

Pero REN ya mira más allá. El plan es construir una planta modelo para gestionar residuos electrónicos de toda la región del Alto Valle, incorporar más tecnología, generar nuevos puestos de trabajo y convertirse en un espacio de referencia en economía circular para la Patagonia. No es un sueño ingenuo. Es el siguiente paso lógico de un proyecto que aprendió a crecer con trabajo, formación y perseverancia. "Si esta tierra nos recibió, lo mínimo que podemos hacer es cuidarla", dice Morillas, y en esa frase está el corazón de lo que REN intenta hacer: demostrar que el cuidado ambiental también puede ser una oportunidad para generar empleo, conocimiento y desarrollo local. Para quienes todavía dudan en dar el primer paso con una idea propia, Morillas tiene un mensaje que aprendió en estos años: "Que se animen. El camino no es lineal, pero cuando uno trabaja para resolver un problema real de su comunidad, la misma comunidad acompaña, empuja y ayuda a crecer".

Empezamos desarmando equipos con lo que teníamos, buscando la manera de aprovechar cada material
— Juan Morillas, fundador de REN
Lo que más nos impulsa es ver que una computadora que iba a terminar en un basural pueda llegar a una escuela o a un comedor y seguir siendo útil
— Juan Morillas
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