Desde siempre, los seres humanos han encontrado el amor en los lugares donde trabajan con mayor intensidad. El set de cine —ese espacio de intimidad controlada, emoción expuesta y tiempo compartido— ha sido, para 38 parejas documentadas por El País, el escenario donde la química profesional se convirtió en algo más duradero. No se trata de un capricho de la fama, sino de un recordatorio de que la vulnerabilidad compartida, sea frente a una cámara o en cualquier otro oficio, sigue siendo uno de los caminos más antiguos hacia la conexión humana.