En los márgenes de una guerra que nunca comprendió del todo, Luis Gómez —expolicía colombiano de treinta y siete años— pasó doce meses en las trincheras del Donbás disparando un fusil AK-47 por doce millones de pesos mensuales, mientras doce de sus compatriotas morían a su alrededor. Su historia no es solo la de un mercenario: es la de un hombre atrapado entre la precariedad económica, la lealtad familiar y la gramática universal de la violencia, que cambia de uniforme y de geografía pero conserva intacta su lógica más antigua.
De Santander a las trincheras de Ucrania: la odisea de un expolicia colombiano
Gómez estima que 12 colombianos murieron en cumplimiento de misiones durante su año de combate en Ucrania, y menciona compañeros heridos que requirieron evacuación médica.