En un momento en que las finanzas públicas colombianas revelan décadas de decisiones acumuladas, el presidente Abelardo De La Espriella convocó a sus compatriotas para nombrar en voz alta lo que los números ya no pueden ocultar: el Estado gasta más de lo que produce y se endeuda más de lo que invierte. Su propuesta no es solo técnica, sino un llamado a reordenar las prioridades de un país que, según él, llegó al borde del precipicio por la corrupción y la irresponsabilidad. La pregunta que queda abierta no es si el diagnóstico es correcto, sino si la voluntad colectiva —y la confianza del merc