En el año 2003, sobre las cenizas del corralito que convirtió sus ahorros en papel sin valor, Sergio Paesani abrió un pequeño taller en General Pico con herramientas básicas y décadas de oficio. Lo que comenzó como una respuesta a la adversidad se convirtió, con el tiempo y la llegada de su hijo ingeniero Matías, en Metal-Maq: una empresa de referencia tecnológica en La Pampa que hoy integra automatización, diseño 3D y metodología de mejora continua. La historia de los Paesani es la de una familia que transformó cada crisis —económica y personal— en el combustible de una visión industrial más
De la crisis del corralito a líder tecnológico: la historia de Metal-Maq en La Pampa
Me quedaba únicamente lo que me habían enseñado mis padres: trabajar
¿Por qué esta historia importa ahora, en 2026? ¿No es solo una empresa más que creció?
Porque Metal-Maq es lo opuesto a la fuga de cerebros. Matías pudo haber hecho investigación espacial en cualquier lado. Eligió volver a La Pampa y profesionalizar un taller familiar. Eso es raro.
Pero hay que ser precisos: ¿cuántas empresas como Metal-Maq existen en La Pampa? ¿Es realmente un referente o es la excepción que confirma la regla de que la industria regional está en crisis?
Es un referente porque demuestra que es posible. Diecisiete empleados, mil cuatrocientos metros cuadrados, tecnología CNC. No es multinacional, pero es real.
¿Y el corralito? ¿Eso es solo contexto histórico o sigue siendo relevante para entender por qué Sergio tuvo que empezar de cero?
Es el punto de partida. Diez mil dólares se convirtieron en catorce mil pesos. Eso no es una anécdota, es la razón por la que Metal-Maq existe.
Aunque hay que notar: Sergio tenía dos décadas de experiencia en fábricas grandes. No era un emprendedor sin red. Muchas personas perdieron sus ahorros en el corralito y no pudieron reconstruir nada.
Cierto. Pero eso es exactamente lo que él dice: "Me quedaba únicamente lo que me habían enseñado mis padres, que era trabajar". La experiencia y la red fueron lo que le permitió sobrevivir.
¿Qué pasa con la inteligencia artificial que mencionan al final? ¿Es un plan concreto o es aspiracional?
El artículo dice que "apuesta a seguir integrando", pero no especifica qué significa eso. ¿Automatización de procesos internos? ¿Diseño asistido por IA? No está claro.
Probablemente sea ambas cosas. Matías viene del Instituto Balseiro, conoce esa tecnología. Pero tienes razón en señalar que el artículo no detalla el plan.
¿Y la pérdida de la hija? ¿Cómo se conecta eso con la historia empresarial?
No es un detalle menor. Dice que se mantuvieron unidos y enfocados. Es la resiliencia real, no solo empresarial sino humana.
O Pulso
- El corralito de 2001 destruyó los ahorros destinados a la educación de sus hijos, obligando a Sergio Paesani a reinventarse desde cero con herramientas básicas y sin red de seguridad.
- Durante años, el miedo y la incertidumbre fueron compañeros constantes: 'Me daban temblores en las piernas, me quitaba el sueño', pero la calidad del trabajo fue abriendo puertas.
- El acceso al Parque Industrial de General Pico en 2009 y el regreso de Matías —ingeniero formado en el Balseiro— marcaron el punto de inflexión que transformó un taller de herrería en una empresa de proyectos complejos.
- Con diecisiete empleados, tecnología CNC y el respaldo del Programa Kaizen Tango, Metal-Maq desarrolla hoy maquinaria personalizada que no existe en el mercado convencional.
- La empresa apunta ahora a integrar inteligencia artificial en su oferta, consolidando a La Pampa como territorio de innovación industrial genuina.
En el año 2003, sobre las cenizas del corralito que convirtió sus ahorros en papel sin valor, Sergio Paesani abrió un pequeño taller en General Pico con herramientas básicas y décadas de oficio. Lo que comenzó como una respuesta a la adversidad se convirtió, con el tiempo y la llegada de su hijo ingeniero Matías, en Metal-Maq: una empresa de referencia tecnológica en La Pampa que hoy integra automatización, diseño 3D y metodología de mejora continua. La historia de los Paesani es la de una familia que transformó cada crisis —económica y personal— en el combustible de una visión industrial más ambiciosa.
En febrero de 2003, Sergio Paesani abrió un galpón alquilado en General Pico con poco más que una agujereadora, un compresor y veinte años de experiencia en fábricas que ya no existían. El corralito había licuado sus ahorros de diez mil dólares —reservados para la educación de sus hijos— y los había convertido en catorce mil pesos sin futuro. Con ese dinero frustrado como capital inicial, nació Metal-Maq.
Técnico egresado de la escuela industrial en 1978, Sergio había crecido entre máquinas en Trenel y perfeccionado su oficio en empresas como Industrias Maracó y Sidertec, hasta que la crisis del cambio de milenio cerró esas puertas. Los primeros años del taller fueron de herrería y mantenimiento, trabajos que realizaba junto a excompañeros. La calidad del trabajo trajo clientes, y el espacio se volvió insuficiente. En 2009, con el apoyo de la Fundación Regional para el Desarrollo, la empresa se instaló en el Parque Industrial local: ese fue el quiebre que permitió incorporar maquinaria de mayor porte.
El salto definitivo llegó con Matías, su hijo, que regresó a General Pico tras formarse como ingeniero en automatización en el Instituto Balseiro de Bariloche. Ante la disyuntiva de seguir una carrera en investigación espacial o volver a la fábrica familiar, eligió La Pampa. Su llegada introdujo diseño 3D, sistemas automatizados e ingeniería de proyectos. A partir de 2022, con el apoyo del Programa Kaizen Tango —una iniciativa de cooperación argentino-japonesa de mejora continua— la empresa ordenó sus procesos y redefinió su identidad: dejó de ser un taller que hacía de todo para convertirse en una empresa que trabaja por proyectos.
Hoy Metal-Maq emplea a diecisiete personas, en su mayoría jóvenes de General Pico, y gestiona entre diez y doce proyectos simultáneos en una nave de mil cuatrocientos metros cuadrados equipada con tecnología CNC, corte por plasma y puente grúa. Desarrollan maquinaria a medida para las industrias alimenticia, metalmecánica y de la construcción, muchas veces creando soluciones que no existen en el mercado. La familia también atravesó la pérdida de una hija y hermana, un dolor que, según Matías, no desaparece pero tampoco los detiene. Mirando hacia adelante, Metal-Maq apunta a integrar inteligencia artificial en su oferta, convencida de que la industria pampeana tiene mucho que aportar cuando se combinan orden, conocimiento y tecnología.
En febrero de 2003, Sergio Paesani abrió las puertas de un pequeño galpón alquilado en General Pico con poco más que las herramientas que cabían en una vieja camioneta: una agujereadora, un compresor pequeño, y dos décadas de experiencia en fábricas que ya no existían. Dos años antes, el corralito había convertido sus ahorros de diez mil dólares en catorce mil pesos de papel moneda. Ese dinero, destinado a asegurar el futuro de sus hijos, se transformó en el capital inicial de lo que hoy es Metal-Maq, una empresa que ocupa mil cuatrocientos metros cuadrados cubiertos y se ha convertido en referente de innovación tecnológica en La Pampa.
La trayectoria de Paesani no fue accidental. Técnico egresado de la escuela industrial en 1978, creció entre máquinas en Trenel, en la fábrica de chacinados de su padre. Pasó años perfeccionando su oficio en gigantes locales como Industrias Maracó y Sidertec, hasta que la crisis del cambio de milenio cerró esas puertas. Cuando Sidertec liquidó operaciones a fines de los noventa, dejó en la calle a cientos de trabajadores calificados. Sergio cobró su indemnización y la guardó con un propósito definido: educación para sus hijos. El corralito frustró ese plan, pero no detuvo sus planes.
Los primeros años fueron de herrería y mantenimiento, trabajos que realizaba con excompañeros y amigos en ese galpón inicial. "Me daban temblores en las piernas, me quitaba el sueño", recordó Paesani en una entrevista para el ciclo "Ya no hay acá", un proyecto de los jóvenes pampeanos Lautaro Asat y Tomás Cercadillo. Pero la calidad del trabajo trajo clientes, y el espacio se hizo insuficiente. En 2009, con respaldo de la Fundación Regional para el Desarrollo, la empresa accedió a un predio en el Parque Industrial de General Pico. Ese fue el punto de quiebre que permitió incorporar maquinaria de mayor porte y consolidar una estructura más sólida.
El verdadero salto llegó cuando Matías, el hijo de Sergio, regresó a General Pico tras formarse como ingeniero especializado en automatización en el Instituto Balseiro de Bariloche. Matías enfrentó una decisión que muchos hubieran resuelto de otra manera: seguir una carrera en investigación espacial o nuclear, o volver a la fábrica familiar. Eligió los desafíos de La Pampa. Su llegada marcó una transformación: ingeniería de diseño, modelado en 3D, sistemas automatizados. A partir de 2022, la familia decidió profesionalizar integralmente la operación. Con ayuda de consultoras y el Programa Kaizen Tango, una iniciativa de cooperación bilateral entre Argentina y Japón enfocada en mejora continua, ordenaron procesos internos. "Pasamos de ser un taller que hacía de todo a entender claramente que somos una empresa que trabaja por proyectos", explicó Matías.
Hoy Metal-Maq cuenta con diecisiete empleados, en su mayoría jóvenes de General Pico, que manejan entre diez y doce proyectos simultáneamente. La nave está equipada con tecnología CNC, corte por plasma y puente grúa. Desarrollan maquinarias a medida para la industria alimenticia, metalmecánica y de la construcción, muchas de las cuales no existen en el mercado tradicional. Sergio, ya en etapa de jubilación pero activo en la Cámara de la Industria, insiste en la necesidad de mejorar la educación técnica y las habilidades blandas: responsabilidad, compromiso, pensamiento crítico, creatividad.
La trayectoria de los Paesani no fue solo de números y máquinas. La familia enfrentó la dolorosa pérdida de una hija y hermana, un golpe que hubiera fracturado a muchos. "No deja de doler, pero sabemos el poder que tenemos de hacernos fuertes cuando algo no sale como queremos", confesó Matías. Esa resiliencia, forjada en crisis económicas y tragedias personales, parece ser el verdadero motor de Metal-Maq. Mirando hacia adelante, la empresa apunta a integrar ingeniería avanzada e inteligencia artificial en su oferta, demostrando que con orden, conocimiento y tecnología, la industria pampeana tiene mucho que aportar.
Citações Notáveis
Me daban temblores en las piernas, me quitaba el sueño, pero la vida se trata de contactos. Cuando uno siembra, siempre hay oportunidad de cosechar— Sergio Paesani, fundador de Metal-Maq
Pasamos de ser un taller que hacía de todo a entender claramente que somos una empresa que trabaja por proyectos, brindando soluciones integrales— Matías Paesani, ingeniero de Metal-Maq