Veinticinco años después de que cuatro aviones transformaran para siempre la historia de la aviación civil, el mundo del transporte aéreo refleja tanto lo que se perdió —la libertad despreocupada de volar— como lo que se construyó en su lugar: capas de vigilancia, tecnología biométrica y protocolos globales que hoy parecen inevitables. La OACI, organismo rector de la seguridad aérea mundial, advierte ahora que la próxima frontera no está en las puertas de embarque, sino en el ciberespacio y en los cielos no tripulados. La seguridad, como la historia misma, no tiene punto de llegada definitivo.