En los márgenes del conocimiento humano, donde la física, la biología y la ingeniería convergen, una serie de descubrimientos recientes nos recuerda que el universo —y nuestra propia civilización— aún guarda sorpresas capaces de reconfigurar lo que creemos posible. Desde un objeto celeste que desafía las categorías astronómicas establecidas hasta galletas elaboradas con plástico reciclado, la ciencia de septiembre de 2026 nos invita a reconsiderar los límites entre lo vivo y lo inerte, lo residual y lo valioso, lo enorme y lo diminuto.