David Bueno: sobreproteger a los jóvenes les impide aprender a gestionar el peligro

Sacrificamos la libertad por una protección que no es más que una jaula
Así resume David Bueno el efecto de que los adultos hagan por los jóvenes lo que ya pueden hacer solos.
Mark

Bueno dice que los adolescentes que graban un incendio no son simplemente irresponsables. ¿Qué propone en su lugar?

Mimi

Que es biología más educación. El cerebro adolescente busca el riesgo para descubrir quién es, y además, si otros se quedan grabando, el instinto social pesa más que el de protegerse.

Luke

Aclaremos que esto es su interpretación como experto, no un hallazgo medido en esos episodios concretos. El texto no cita datos sobre cuántos casos hay.

Mark

Cierto. ¿Y los móviles?

Mimi

Los exculpa en parte. Dice que no son los culpables de todo, pero que el anonimato tras la pantalla hace el peligro menos real.

Luke

Y afirma que sin tecnología probablemente no tomarían esos riesgos. Es un «probablemente», no una prueba.

Mark

¿Qué papel tiene la sobreprotección?

Mimi

Es el centro. Cita estudios de Nueva Zelanda: los niños que trepaban árboles valoraban mejor el peligro de adolescentes. Y pone ejemplos: el aceite que quema, el vaso que corta.

Luke

De esos estudios solo tenemos su resumen, sin autores ni cifras. Es una pista razonable, no una demostración completa.

Mark

¿Y lo del futuro y la extrema derecha?

Luke

Es lo más débil del texto: una relación causal afirmada sin evidencia sistemática. Queda como hipótesis suya.

  • Las imágenes de adolescentes grabando incendios, cruzando riadas o asomándose a acantilados sacuden a los adultos y provocan reproches generalizados.
  • Bueno sostiene que la presión del grupo y la maduración del cerebro adolescente empujan a los jóvenes a correr riesgos, sin que eso signifique irresponsabilidad.
  • La sobreprotección familiar es, según el experto, el nudo del problema: al negar pequeños riesgos, se impide aprender a valorar y gestionar peligros reales.
  • Su advertencia sobre un futuro percibido como peor que el pasado deja una tensión abierta, pues la conexión con el voto extremista aún carece de respaldo sistemático.

En una época en la que cada escena de un adolescente al borde del peligro despierta alarma y reproche, David Bueno propone mirar más allá de la irresponsabilidad. Desde su doble mirada de biólogo y educador, sostiene que el cerebro juvenil busca riesgos por naturaleza y que los adultos, al protegerlos en exceso, les han quitado la oportunidad de aprender a sortearlos. Su reflexión invita a preguntarse menos por qué los jóvenes no temen y más por qué los adultos han dejado de enseñarles a temer con criterio.

Cada cierto tiempo aparece una imagen que inquieta a cualquier adulto: un grupo de adolescentes que, en lugar de alejarse de un incendio, se queda grabándolo, o que cruza una riera en plena tormenta, o que se acerca demasiado a un acantilado para lograr una buena foto. La reacción habitual es hablar de una juventud irresponsable. David Bueno, doctor en Biología y director de la Cátedra de Neuroeducación de la Universitat de Barcelona, ofrece otra lectura.

En el pódcast Inédit. Educació sense filtres, Bueno defiende que el problema de fondo no es que los jóvenes no perciban el peligro, sino que tienen cada vez menos ocasiones de aprender a gestionarlo. Para él, la adolescencia es el tiempo de descubrir quién se es, y ese descubrimiento implica asumir riesgos. Vincula incluso esa inclinación con la evolución humana: si a la especie no le atrajera arriesgar, dice, nunca habría salido de África. El grupo, añade, hace el resto, porque nadie quiere quedarse fuera de las imágenes en directo.

Sobre los móviles pide cautela. No son los culpables de todo, aunque el anonimato de la pantalla hace que el peligro parezca menos real. El centro de su reflexión, sin embargo, es la sobreprotección, que considera en aumento y demasiado normalizada. Recuerda estudios de Nueva Zelanda según los cuales los niños que podían trepar a los árboles llegaban a la adolescencia más capaces de valorar el peligro y controlar la ansiedad. Como resume con ejemplos cotidianos, quien ha cocinado sabe que el aceite quema, y quien nunca ha roto un vaso no sabe que el cristal corta.

Bueno aborda también la muerte, que insiste en tratar en familia, y el futuro, sobre el que hace un autocrítica generacional: se ha hecho creer a los jóvenes que vivirán peor que sus padres. Vincula ese pesimismo con el auge del voto a la extrema derecha, aunque el texto no aporta evidencia sistemática de esa relación. La entrevista termina proponiendo una pregunta distinta: no por qué los jóvenes no reaccionan ante el peligro, sino por qué los adultos han dejado de prepararlos para reconocerlo.

En los últimos años se han multiplicado las escenas que dejan a los adultos sin palabras: adolescentes que se quedan grabando un incendio en lugar de alejarse, que cruzan una riera en plena lluvia torrencial o que se asoman demasiado a un acantilado para conseguir una buena imagen. Ante ellas, la reacción habitual es hablar de una juventud irresponsable. David Bueno, doctor en Biología y director de la Cátedra de Neuroeducación de la Universitat de Barcelona, propone otra lectura.

Bueno, genetista y divulgador, expuso su tesis en el pódcast Inédit. Educació sense filtres. Para él, el problema de fondo no es que los jóvenes no perciban el peligro, sino que cada vez tienen menos oportunidades de aprender a gestionarlo. La explicación combina dos factores: cómo madura el cerebro adolescente y cómo los adultos educan a las nuevas generaciones.

Según el experto, los adolescentes no son adultos a medio hacer, sino otra cosa. Dice que la adolescencia sirve para descubrir quién eres y quién quieres ser, y que ese descubrimiento, cuando se ha vivido siempre en la burbuja familiar, implica asumir riesgos. Añade que al cerebro adolescente le atraen especialmente, y lo vincula a la evolución: si a la especie no le gustaran los riesgos, afirma, nunca habría salido de África.

El grupo pesa mucho en esa ecuación. Bueno sostiene que si un par de adolescentes se quedan grabando un incendio, los demás se quedarán también, porque quieren tener imágenes en directo. En su explicación, el instinto de autoprotección cede ante el de socialización.

Sobre los móviles, pide cautela: no son los culpables de todo. Reconoce, sin embargo, que el anonimato tras la pantalla hace que todo parezca menos real, como si el peligro no lo fuera. Recuerda que cada año mueren influencers haciéndose selfies en lugares peligrosos y opina que, sin tecnología, probablemente no tomarían esos riesgos, aunque el responsable de fondo sigue siendo biológico.

El centro de su reflexión es la sobreprotección. Afirma que los casos van en aumento y que se perciben como normales sin serlo. Cita estudios realizados en Nueva Zelanda según los cuales los niños a quienes se permitía trepar a los árboles eran de adolescentes más capaces de valorar el peligro y gestionar la ansiedad. Sin pequeños riesgos vividos, dice, no se aprende a gestionarlos: quien ha cocinado sabe que el aceite quema, y quien nunca ha roto un vaso no sabe que el cristal corta. Eso, subraya, no se estudia sentado a una mesa. Define sobreproteger como hacer los adultos lo que un niño o adolescente ya puede hacer solo, y sostiene que se sacrifica libertad por una protección que acaba siendo una jaula.

Bueno aborda además dos temas que la sociedad suele esquivar. Sobre la muerte, la única cosa que compartimos todos los que nacemos, insiste en que debe hablarse en familia. Sobre el futuro, hace un autorreproche generacional: se ha hecho creer a los jóvenes que su porvenir será peor que su pasado, una mochila llena de piedras. Vincula esa sensación con que cada vez más jóvenes se inclinen hacia la extrema derecha, a la que, dice, venden su libertad. Admite que el futuro no es fácil, pero recuerda que también era difícil en otras épocas.

La entrevista concluye con una inversión de la pregunta inicial: no por qué los jóvenes no reaccionan ante el peligro, sino por qué los adultos han dejado de prepararlos para reconocerlo. Conviene leerlo como una opinión de experto: el vínculo entre pesimismo y voto extremista es una afirmación suya, para la que el texto no aporta evidencia sistemática.

Sobreproteger es hacer nosotros, los adultos, aquello que un niño o adolescente ya puede hacer por sí mismo.
— David Bueno, director de la Cátedra de Neuroeducación de la Universitat de Barcelona
Si no han vivido pequeños riesgos, no aprenderán nunca a gestionarlos.
— David Bueno
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