En el puerto de Róterdam, el astillero neerlandés Damen Shipyards ha amarrado tres buques sin emisiones ante los ojos del mundo marítimo, proclamando que la ingeniería ya cumplió su parte. Lo que resta no es un problema técnico sino político: construir el entramado de regulaciones, infraestructuras y financiamiento que permita a la descarbonización pasar del muelle de demostración al corazón de la flota global. Es un momento en que la tecnología espera a la voluntad, y no al revés.