Cueva turca revela que neandertales y humanos compartieron cultura hace 60.000 años

La cultura no está determinada únicamente por la biología
Baykara sugiere que las tradiciones locales permitieron que especies diferentes compartieran comportamientos durante miles de años.

En una cueva de la costa turca, los sedimentos de sesenta mil años guardan una lección sobre la naturaleza humana: neandertales y Homo sapiens no se encontraron como extraños irreconciliables, sino como vecinos que compartieron herramientas, presas y pequeñas conchas marinas traídas desde el Mediterráneo. Los hallazgos en Üçağızlı II sugieren que la cultura no es patrimonio exclusivo de ninguna especie, sino un tejido que se teje entre quienes habitan un mismo lugar y un mismo tiempo. Esta evidencia invita a repensar la historia de nuestra expansión por el mundo no como una conquista, sino como una conversación larga y compleja entre pueblos distintos.

  • Cuatro dientes y un fragmento de mandíbula bastan para confirmar que los neandertales vivieron en la cueva entre hace 77.000 y 59.000 años, justo antes de que los Homo sapiens tomaran el relevo en el mismo refugio rocoso.
  • Lo perturbador no es la convivencia en sí, sino que ambas especies fabricaron herramientas idénticas, cazaron los mismos animales y transportaron deliberadamente la misma concha marina desde la costa, un comportamiento que se creía exclusivo de los humanos modernos.
  • El arqueólogo İsmail Baykara advierte que aún no hay prueba de contacto directo, pero la continuidad cultural entre capas sucesivas es tan coherente que resulta difícil explicarla sin alguna forma de transmisión o interacción entre las dos poblaciones.
  • El contraste con la cueva Mandrin en Francia —donde los Homo sapiens de la misma época usaban tecnología radicalmente distinta— revela que no hubo una sola historia de expansión humana, sino múltiples oleadas con trayectorias culturales propias.
  • El hallazgo desplaza el eje del debate: la pregunta ya no es si los humanos modernos reemplazaron a los neandertales, sino cuántas veces, de cuántas maneras y con cuánta mezcla ocurrió ese proceso a lo largo de decenas de miles de años.

Hace sesenta mil años, en una cueva de lo que hoy es Turquía, dos especies humanas distintas ocuparon el mismo refugio en momentos sucesivos, dejando capas de sedimento que cuentan una historia inesperada. Los arqueólogos que excavaron Üçağızlı II desde 2020 encontraron fósiles —cuatro dientes y un fragmento de mandíbula— que confirman la presencia de neandertales entre hace 77.000 y 59.000 años, seguidos por Homo sapiens entre hace 59.000 y 47.000 años. Lo notable no es solo la secuencia, sino lo que ambos grupos dejaron atrás: herramientas de sílex de estilo musteriense prácticamente idénticas, restos de cabras salvajes, ciervos y jabalíes cazados con los mismos métodos, y pequeñas conchas de Columbella rustica transportadas deliberadamente desde el Mediterráneo.

Esas conchas resultaron ser el hallazgo más revelador. Demasiado pequeñas para servir como alimento, algunas con perforaciones que sugieren su uso como adornos, aparecieron en capas correspondientes a ambas especies. Hasta ahora, transportar objetos simbólicos a través de largas distancias se consideraba un rasgo exclusivamente humano moderno. Su presencia en niveles neandertales obliga a reconsiderar esa frontera.

İsmail Baykara, autor principal del estudio publicado en PNAS, señala que aunque no pueden demostrar contacto directo entre las dos poblaciones, la continuidad en tecnología, caza y transporte de conchas es coherente con una transmisión cultural entre especies a lo largo del tiempo. El arqueólogo francés Ludovic Slimak añade que los Homo sapiens de esta cueva parecen haber adoptado una tradición local profundamente arraigada, en lugar de imponer una cultura propia, lo que contrasta con lo observado en la cueva Mandrin, donde los humanos modernos de la misma época usaban herramientas mucho más elaboradas.

Esa diferencia entre sitios es precisamente lo que hace valioso el hallazgo: no existe una sola narrativa de la expansión humana fuera de África, sino múltiples poblaciones, múltiples trayectorias y probablemente varias oleadas de encuentro, mezcla y reemplazo. La cueva turca sugiere que, al menos en algunos lugares, lo que determinaba la cultura no era la especie sino el territorio compartido.

Hace sesenta mil años, en lo que hoy es Turquía, dos especies humanas distintas ocuparon la misma cueva en momentos diferentes, dejando tras de sí herramientas idénticas, restos de animales cazados con los mismos métodos, y pequeñas conchas marinas que ambas transportaban deliberadamente desde la costa. Los arqueólogos que excavaron la cueva Üçağızlı II descubrieron que esta superposición de capas geológicas cuenta una historia que desafía lo que creíamos saber sobre cómo nuestros antepasados y los neandertales interactuaban cuando nuestras especies se cruzaban en el mundo antiguo.

Los fósiles encontrados en el sitio —cuatro dientes aislados y un fragmento de mandíbula con dos molares aún adheridos— revelan que los neandertales habitaron la cueva entre hace 77.000 y 59.000 años, mientras que los Homo sapiens llegaron después, ocupando el mismo refugio rocoso entre hace 59.000 y 47.000 años. Estas fechas se determinaron analizando las capas de sedimento donde quedaron enterrados los restos. Lo notable no es simplemente que ambas especies vivieran en el mismo lugar, sino lo que dejaron atrás: herramientas de sílex fabricadas con un estilo conocido como Musteriense, el mismo tipo de implementos que ambos grupos producían, cazaban con ellas los mismos animales —cabras salvajes, ciervos y jabalíes— y compartían tradiciones que se extendían a lo largo de miles de años.

El descubrimiento más sorprendente fue el de las conchas. Los investigadores encontraron un molusco específico, la Columbella rustica, demasiado pequeño para servir como alimento, en las capas correspondientes tanto a los neandertales como a los Homo sapiens. Algunas de estas conchas tenían perforaciones, sugiriendo que funcionaban como adornos. Pero lo crucial es que ambas especies las transportaban deliberadamente desde el Mediterráneo, eligiendo esta concha marina en particular a pesar de que había muchas otras especies disponibles. Hasta ahora, este tipo de comportamiento había sido asociado exclusivamente con los humanos modernos. El hallazgo sugiere que los neandertales también valoraban estos objetos lo suficiente como para cargarlos a través de distancias considerables.

İsmail Baykara, profesor de arqueología en la Universidad de Gaziantep y autor principal del estudio publicado en la revista PNAS, explicó que aunque aún no pueden demostrar un contacto directo entre las dos poblaciones, la continuidad en la tecnología, las prácticas de caza y el transporte de conchas es coherente con la idea de que estas poblaciones interactuaron y compartieron tradiciones culturales a lo largo del tiempo. La excavación sistemática de la cueva comenzó en 2020, revelando capas de ocupación que se superponen sin mezclarse, como páginas de un libro que registra dos historias sucesivas pero conectadas.

Este hallazgo cobra importancia en el contexto de una de las grandes migraciones humanas. Hace aproximadamente 60.000 años, una ola expansiva de Homo sapiens abandonó África y se dispersó hacia todos los rincones del planeta, aunque algunos grupos pioneros ya habían salido del continente mucho antes. Los investigadores creen que durante esta migración más amplia, los humanos modernos probablemente se encontraron y se mezclaron con los neandertales en lugares como la actual Turquía. Sin embargo, la evidencia arqueológica directa de este periodo crucial en el Levante —la región que hoy corresponde aproximadamente a Medio Oriente y Turquía— ha sido escasa y fragmentaria. El nuevo estudio aún no aclara si los Homo sapiens que se refugiaron en Üçağızlı II formaban parte de esa gran ola migratoria o si eran descendientes de grupos pioneros anteriores.

Ludovic Slimak, arqueólogo del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, describió el descubrimiento como muy importante porque demuestra que los humanos modernos no necesariamente llegaron para reemplazar a los neandertales con una cultura nueva y superior. Lo más interesante, según Slimak, es que los Homo sapiens que ocuparon la cueva parecen haber participado en una tradición musteriense profundamente local y arraigada, adoptando las prácticas culturales del lugar en lugar de imponer las suyas. Este contraste es fascinante cuando se compara con la cueva Mandrin en el sur de Francia, donde Slimak ha dirigido excavaciones. Allí, los Homo sapiens que vivieron en la misma época utilizaban herramientas de piedra muy diferentes, posiblemente incluso tecnología de arco y flecha, mucho más elaboradas que las herramientas musterienses más voluminosas. Los dos sitios no cuentan la misma historia, lo que sugiere una imagen mucho más compleja: múltiples poblaciones de Homo sapiens, múltiples trayectorias culturales y probablemente varias oleadas de expansión, interacción, desaparición y reemplazo.

Baykara señaló que se necesita más evidencia arqueológica para determinar si la cueva Üçağızlı II representa un caso excepcional o si refleja un patrón más amplio en cómo nuestras especies coexistieron. Lo que el sitio sugiere es que la cultura no está determinada únicamente por la biología, sino también por las tradiciones locales, lo que permitió que diferentes especies en una misma región mantuvieran comportamientos compartidos durante miles de años. En otras palabras, el lugar donde vivías importaba más que qué especie eras.

Los neandertales y los Homo sapiens probablemente compartieron más que el mismo paisaje
— İsmail Baykara, autor principal del estudio
Los dos sitios no cuentan la misma historia. Juntos, sugieren una imagen mucho más compleja, con múltiples poblaciones de Homo sapiens y múltiples trayectorias culturales
— Ludovic Slimak, arqueólogo del CNRS
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué es tan importante que encontraran las mismas conchas en capas de diferentes especies?

Model

Porque sugiere que no era casualidad. Ambas especies eligieron deliberadamente esta concha marina específica, la transportaban desde lejos, y lo hicieron durante miles de años. Eso no es solo coexistencia; es participación en una tradición compartida.

Inventor

Pero ¿cómo sabemos que no simplemente copiaron lo que vieron?

Model

No podemos saberlo con certeza. Pero la pregunta misma revela algo: si un neandertal vio a un Homo sapiens recolectando estas conchas y decidió hacer lo mismo, eso ya es una forma de interacción cultural. La imitación es una forma de aprendizaje.

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¿Qué cambia en nuestra comprensión de la historia si esto es cierto?

Model

Cambia la narrativa de conquista. Durante mucho tiempo pensamos que los humanos modernos llegaron y simplemente reemplazaron a los neandertales con una cultura superior. Este sitio sugiere algo más matizado: que en algunos lugares, los humanos modernos se integraron en las tradiciones locales, adoptaron las herramientas que funcionaban, cazaban como lo hacían otros. No siempre ganaban por ser mejores; a veces simplemente se adaptaban.

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¿Por qué el sitio en Francia cuenta una historia diferente?

Model

Porque allí los Homo sapiens usaban herramientas completamente distintas, posiblemente más avanzadas. Sugiere que no había una sola forma en que nuestros antepasados se comportaban. Dependía del lugar, de quién estaba allí, de qué funcionaba. La historia humana fue más diversa de lo que imaginábamos.

Inventor

¿Qué sigue ahora?

Model

Necesitan encontrar más sitios como este. Una cueva es una anécdota fascinante. Múltiples cuevas con el mismo patrón sería una tendencia. Eso les diría si lo que vieron en Turquía fue algo común o algo excepcional.

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