En noviembre, Argentina recibirá al papa León XIV en una visita de cuatro días que pondrá a prueba la capacidad del Estado para articular seguridad, protocolo y vida pública a escala nacional. Mientras Roma prepara el cronograma oficial, Buenos Aires ya ha desplegado comandos federales y convocado a gobernadores, diplomáticos y líderes sociales en torno a un itinerario que recorrerá desde cárceles hasta fábricas. Es el tipo de acontecimiento que obliga a un país a mirarse a sí mismo a través de los ojos del mundo.