En 2024, Cuba alcanzó un umbral histórico de descontento: 8.443 manifestaciones documentadas, un 31% más que el año anterior, impulsadas por hambre, apagones prolongados y una represión que cobra vidas. La muerte de un joven bajo custodia policial no es solo una tragedia individual, sino el símbolo de un sistema que responde a la desesperación con violencia. Lo que distingue este momento de crisis anteriores es que el pueblo cubano ya no solo exige pan o electricidad, sino que cuestiona la legitimidad misma del orden que lo gobierna.
Cuba registró más de 8.400 protestas en 2024, un aumento del 31% por crisis total
Lo mataron a golpes, lo torturaron. Fue una muerte horrible
¿Por qué el aumento fue exactamente del treinta y uno por ciento? ¿Hay algo que cambió entre 2023 y 2024 que explique ese salto?
No fue un cambio único. Fue acumulativo. Los apagones se intensificaron, la comida escaseó más, el gobierno cerró negocios privados que vendían alimentos. Cada crisis se sumó a la anterior. El treinta y uno por ciento es lo que pasa cuando la gente agota su paciencia.
La muerte de Manuel de Jesús Guillén Esplugas bajo custodia. ¿Cómo reacciona la gente ante algo así?
Con rabia, pero también con miedo. Su madre tuvo que hablar públicamente para desmentir la versión oficial. Eso requiere un coraje particular. Otros ven lo que pasó y entienden que protestar tiene un costo real, físico. Pero también ven que callarse no cambia nada.
Las protestas en redes sociales en diciembre. ¿Eso significa que la gente tiene menos miedo de protestar en línea que en la calle?
O significa que la represión en la calle es tan visible que la gente busca otras formas. Las redes sociales dejan un registro, pero también crean distancia. Es más seguro, aunque menos directo. Ambas formas importan.
José Daniel Ferrer lleva ciento veinticuatro días en lo que llaman encierro ilegal. ¿Cómo es posible que un tribunal simplemente ignore sus propias reglas?
Porque el sistema legal no está diseñado para proteger a los presos políticos. Está diseñado para mantenerlos presos. Cuando Cuesta Morúa recurre a los mecanismos legales, el tribunal responde fuera de plazo. Es una forma de represión que usa la ley como arma.
¿Qué significa que las protestas ahora apunten al sistema político en lugar de solo a problemas específicos?
Significa que la gente dejó de creer que pequeños cambios van a funcionar. Entienden que el problema no es un apagón o una escasez. Es el gobierno mismo. Eso es un cambio fundamental en cómo la gente piensa su situación.
O Pulso
- Cuba cerró 2024 con 8.443 protestas registradas, la cifra más alta de su historia reciente, señal de que el malestar social ha superado cualquier umbral de contención.
- La escasez de alimentos, los apagones de hasta 24 horas y el colapso de los servicios públicos convirtieron la vida cotidiana en una emergencia permanente para millones de cubanos.
- Manuel de Jesús Guillén Esplugas murió en diciembre bajo custodia policial; su madre denuncia tortura y golpiza, mientras el gobierno insiste en la versión del suicidio.
- Más de 1.000 presos políticos documentados y casos como el de José Daniel Ferrer revelan un sistema judicial que viola sus propios plazos legales para silenciar la disidencia.
- Las protestas han migrado de las calles a las redes sociales y han evolucionado de demandas concretas a un cuestionamiento directo del sistema político como origen de todos los males.
- La pregunta que nadie puede responder aún es si esta transformación en la conciencia ciudadana encontrará una salida o chocará, una vez más, contra el muro de la represión.
En 2024, Cuba alcanzó un umbral histórico de descontento: 8.443 manifestaciones documentadas, un 31% más que el año anterior, impulsadas por hambre, apagones prolongados y una represión que cobra vidas. La muerte de un joven bajo custodia policial no es solo una tragedia individual, sino el símbolo de un sistema que responde a la desesperación con violencia. Lo que distingue este momento de crisis anteriores es que el pueblo cubano ya no solo exige pan o electricidad, sino que cuestiona la legitimidad misma del orden que lo gobierna.
Cuba cerró 2024 con un estallido de descontento sin precedentes. El Observatorio Cubano de Conflictos documentó 8.443 manifestaciones durante el año, un salto del 31% respecto a las 5.749 registradas en 2023. Detrás de los números hay una población que ha llegado a un punto de quiebre: hambre, apagones de veinticuatro horas, servicios colapsados y una represión que no cede.
La muerte de Manuel de Jesús Guillén Esplugas en diciembre pone rostro a esa represión. El joven había participado en las protestas del 11 de julio de 2021 y murió bajo custodia policial. El gobierno habló de suicidio. Su madre, Diana María Esplugas, lo rechaza sin ambigüedad: su hijo fue golpeado y torturado hasta morir. Su testimonio expone lo que ocurre cuando el descontento encuentra respuesta en la violencia del Estado.
La crisis tiene múltiples caras. La escasez de alimentos y la inflación generaron 129 denuncias documentadas, agravadas por una campaña gubernamental contra el sector privado que redujo la oferta en los mercados. Los apagones provocaron 122 manifestaciones; no son cortes menores, sino interrupciones que impiden cocinar, dejan sin refrigeración los medicamentos y paralizan el cuidado de los enfermos. Diciembre fue especialmente tenso: 760 protestas, de las cuales 149 fueron caracterizadas como desafíos directos al Estado.
La académica disidente Alina Bárbara López capturó el sentimiento que atraviesa la isla: nada mejorará mientras el gobierno siga en pie, un sistema que solo sabe construir hoteles vacíos y llenar cárceles. El Observatorio subraya que las protestas han evolucionado: ya no se trata de demandas puntuales, sino de un cuestionamiento directo al sistema político como raíz de la crisis.
La represión es sistemática. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos cifra en más de mil los presos políticos. El caso de José Daniel Ferrer ilustra cómo el sistema legal se retuerce para bloquear cualquier reclamo: el Tribunal Supremo respondió a un recurso de apelación cinco días después del límite de 72 horas que establece la ley. Lo que emerge es el retrato de una isla en tensión extrema, donde las condiciones que generan las protestas no han cambiado, y la pregunta que permanece abierta es hacia dónde apuntará ese cambio en la conciencia ciudadana.
Cuba cerró 2024 con un estallido de descontento sin precedentes. El Observatorio Cubano de Conflictos documentó 8.443 manifestaciones y declaraciones públicas durante el año, un salto del 31 por ciento respecto a los 5.749 registrados en 2023. Los números crudos cuentan una historia de una población que ha llegado a un punto de quiebre: hambre, apagones que duran veinticuatro horas, servicios públicos colapsados, y una represión que no cede.
La muerte de Manuel de Jesús Guillén Esplugas en diciembre pone rostro a esa represión. El joven había participado en las masivas protestas del once de julio de 2021 contra el régimen. En diciembre pasado murió bajo custodia policial. La versión oficial fue que se suicidó. Su madre, Diana María Esplugas, rechaza esa narrativa con una claridad que no deja espacio para ambigüedad: su hijo fue golpeado hasta la muerte, torturado, sometido a una brutalidad que ella describe como horrible. Su testimonio expone lo que sucede cuando el descontento encuentra respuesta en la violencia estatal.
La crisis que alimenta estas protestas tiene múltiples caras. La escasez de alimentos y la inflación generaron 129 denuncias documentadas. El gobierno había lanzado una campaña contra el sector privado que redujo la oferta de comida en los mercados, y luego anunció la eliminación de subsidios a la canasta básica. Los apagones, que alcanzaron cortes totales del sistema eléctrico, provocaron 122 manifestaciones. Estos no son cortes menores: son interrupciones de veinticuatro horas que impiden cocinar, que dejan sin refrigeración los medicamentos, que paralizan el cuidado de los enfermos. Fue el tercer colapso total del sistema eléctrico en 2024. La inseguridad ciudadana también está presente, con dieciséis homicidios y cuarenta y seis casos de robos y estafas documentados.
Diciembre fue particularmente tenso. El Observatorio registró 760 protestas ese mes, apenas un cuatro por ciento menos que noviembre, que había tenido 792. De esas 760, ciento cuarenta y nueve fueron caracterizadas como desafíos directos al Estado. Lo notable es que muchas ocurrieron en redes sociales, un cambio respecto a noviembre cuando las protestas físicas dominaban las calles durante los apagones. La represión también se adapta: el acoso contra opositores, periodistas y empresarios privados es sistemático. Se documentaron muertes de presos políticos y comunes.
La académica disidente Alina Bárbara López capturó el sentimiento que atraviesa la isla: nada mejorará mientras el gobierno y el sistema que lo sostiene sigan en pie, un sistema que solo sabe construir hoteles vacíos y llenar cárceles. Esa observación apunta a algo que el Observatorio subraya en su análisis: las protestas han evolucionado. Ya no se trata solo de demandas puntuales sobre comida o electricidad. Ahora apuntan directamente al sistema político como la raíz de la crisis. Es un cambio en la conciencia ciudadana, una reorientación del descontento hacia las estructuras de poder mismas.
La represión es sistemática y documentada. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos cifra en más de mil las personas encarceladas por razones políticas. Uno de los casos más emblemáticos es el de José Daniel Ferrer, un preso político cuyo caso expone las grietas en el sistema legal. El activista Manuel Cuesta Morúa presentó un recurso de apelación señalando que Ferrer lleva ciento veinticuatro días en lo que califica como encierro ilegal. El Tribunal Supremo respondió fuera de plazo, violando los términos que la ley establece para procesos sumarios. El documento de respuesta llegó cinco días después del límite de setenta y dos horas que marca la ley 143. Incluso cuando los activistas recurren a los mecanismos legales disponibles, encuentran un sistema que se retuerce para evitar que funcionen.
El Consejo para la Transición Democrática de Cuba, del cual Cuesta Morúa es vicepresidente, ha documentado estas irregularidades. Lo que emerge de todos estos datos es un cuadro de una isla en tensión extrema: una población que protesta cada vez más, un gobierno que responde con represión, y estructuras legales que parecen diseñadas para bloquear cualquier vía de reclamo institucional. Las protestas seguirán, porque las condiciones que las generan no han cambiado. La pregunta que queda abierta es hacia dónde apunta ese cambio en la conciencia ciudadana.
Citações Notáveis
Nada va a mejorar en Cuba sin cambiar un gobierno y un sistema que solo saben construir hoteles para que nadie vaya y mantener las cárceles llenas— Alina Bárbara López, académica disidente
Este preso político, que lleva 124 días de encierro ilegal, debe ser liberado ya— Manuel Cuesta Morúa, activista de derechos humanos