En la noche del viernes, Santo Domingo abrió los brazos a una región entera bajo el cielo iluminado por mil cien drones y el fuego centenario del deporte centrocaribeño. Cuba, nación más laureada en la historia de estos juegos, desfiló ante miles de espectadores como símbolo vivo de lo que el esfuerzo colectivo puede construir a lo largo de generaciones. La 25ª edición de los Juegos Centroamericanos y del Caribe no comenzó con una competencia, sino con un reconocimiento: el de los lazos que el deporte ha tejido entre pueblos distintos durante exactamente un siglo.