En las orillas de La Puntilla, La Habana, una coalición de niños, jóvenes y funcionarios se unió para retirar más de una tonelada de residuos del mar y la arena, bajo la convocatoria de Cuba Limpia. El gesto es concreto y medible, pero también revela una verdad más antigua: la limpieza de un litoral no es un acto único, sino un compromiso que debe renovarse con la misma constancia con que llegan las mareas. La pregunta que persiste no es cuánto se recogió, sino quién regresará la semana siguiente.