En un momento en que Cuba busca reconfigurar su relación con el dinero y la confianza institucional, el Banco Central ha comenzado a desmantelar restricciones que la inflación había vuelto obsoletas. Las reformas presentadas esta semana no son solo ajustes técnicos: son un intento de devolver al ciudadano y al emprendedor la capacidad de operar con normalidad dentro de un sistema que, por años, los obligó a rodeos costosos. El banco aspira a dejar de ser un obstáculo y convertirse en un acompañante real de la vida económica cotidiana.