En un país donde la canasta básica estatal fue durante décadas el puente entre el Estado y la mesa familiar, Cuba inaugura veinticuatro mercados de barrio con precios reducidos, señalando un reordenamiento silencioso pero profundo de cómo el gobierno concibe el acceso a lo esencial. La iniciativa no es solo logística: es una apuesta por un modelo mixto en el que operadores privados, incentivados fiscalmente, asumen la responsabilidad de abastecer a los vecindarios. Lo que está en juego es si esta arquitectura nueva puede sostener lo que la antigua ya no pudo.