Después de cinco años de restricciones que no lograron resolver la escasez alimentaria, Cuba ha optado por abrir —con cautela— el acceso al sacrificio y la comercialización de ganado bovino y équidos. La Resolución 162/2026 desmantela los controles heredados de 2021, reconoce derechos de propiedad sobre los animales y permite que personas sin tierras participen en la ceba y venta de carne. Es un giro pragmático: el Estado admite que la rigidez no alimentó al pueblo, aunque no renuncia a su papel de árbitro del proceso.