Cada 6 de septiembre, Cuba detiene un instante para honrar a quienes convierten la realidad vivida en números comprensibles. La fecha evoca el primer Censo de Población y Viviendas realizado tras 1959 —un domingo de 1970 en que la isla entera se movilizó como un solo cuerpo— y recuerda que detrás de toda cifra oficial hay una cadena de personas cuyo rigor silencioso sostiene las decisiones que afectan a todos. La estadística, en su forma más noble, no es burocracia: es el intento de una sociedad por verse a sí misma con honestidad.