En un movimiento que redefine los límites históricos de su economía planificada, Cuba ha autorizado la creación de empresas privadas con más de cien trabajadores, abriendo también el sector educativo y el inmobiliario a la iniciativa particular. La medida no es una renuncia al control estatal, sino una negociación entre la necesidad económica y la preservación del modelo socialista: más libertad para emprender, pero dentro de un andamiaje de supervisión que el Estado no está dispuesto a ceder. Es el tipo de apertura que revela tanto lo que un sistema está dispuesto a permitir como lo que aún n