En los márgenes de la Asamblea General de Naciones Unidas, Cuba ha pronunciado en voz alta lo que la geopolítica ya había escrito en silencio: Venezuela ya no es un aliado, sino apenas un país amigo. La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en enero de 2026, que costó la vida a 32 militares cubanos y dejó a la isla sin su principal fuente de combustible, marcó el fin de una de las alianzas más duraderas de América Latina. La Habana navega ahora entre el enfriamiento táctico con Caracas y unas negociaciones lentas con Washington, buscando sobrevivir en un orden regional que ya n
Cuba ahora considera a Venezuela "un país amigo" pero no "aliado"
Aliado es una palabra demasiado fuerte para Venezuela ahora
¿Por qué es importante que Cuba use la palabra "amigo" en lugar de "aliado" para describir a Venezuela? Parece un detalle menor.
No es menor. Durante décadas, esa alianza fue el fundamento de la política exterior cubana. Cambiar la palabra públicamente es admitir que la relación ha cambiado fundamentalmente. Es Cuba diciendo: ya no podemos contar con Venezuela de la manera que solíamos hacerlo.
Pero ¿qué significa realmente ese cambio? ¿Cuba está rompiendo con Venezuela, o simplemente siendo más cautelosa?
Es lo segundo. Cuba no puede permitirse una ruptura abierta. Pero tampoco puede arriesgarse a ser arrastrada nuevamente a una confrontación con Estados Unidos. La captura de Maduro mató a 32 militares cubanos. Eso cambió el cálculo.
¿Y qué pasa con el combustible? Entiendo que Venezuela era el principal suministrador de Cuba.
Exactamente. Cuba ya estaba en crisis energética desde 2024. Perder a Venezuela como proveedor, combinado con el bloqueo petrolero estadounidense, ha profundizado esa crisis dramáticamente. Es una presión económica real.
Pero Trump dice que no cree que sea necesario el ejército contra Cuba. ¿Eso significa que la amenaza de intervención militar es exagerada?
Trump dice eso, pero al mismo tiempo las Fuerzas Armadas estadounidenses se están preparando para una posible acción militar. Cossío mismo reconoce que existe la intención en algunos sectores estadounidenses de que suceda. Es una situación ambigua.
¿Las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos están yendo a algún lado?
Según Cossío, no. Dice que no ve avances y que es difícil creer que haya resultados mientras Estados Unidos siga imponiendo nuevas sanciones.
¿Pero él está siendo completamente honesto? Se negó a revelar detalles sobre las negociaciones. Podría haber progreso que no estamos viendo.
Es posible. Pero públicamente, la posición cubana es que las negociaciones están estancadas. Y eso es lo que importa para entender dónde está Cuba ahora.
Entonces, ¿cuál es la situación real de Cuba en este momento?
Una isla aislada, sin su aliado regional más importante, bajo presión energética severa, y negociando desde una posición de debilidad con una administración estadounidense que ha demostrado que está dispuesta a actuar militarmente en la región.
El Pulso
- La muerte de 32 soldados cubanos en la operación que capturó a Maduro convirtió una alianza ideológica en una herida abierta que La Habana no puede ignorar ni exhibir.
- El bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos tras la captura agravó una crisis energética que ya asfixiaba a Cuba desde 2024, dejando a la isla sin su salvavidas de combustible.
- El viceministro Cossío eligió cada palabra con precisión quirúrgica: llamar a Venezuela 'amigo' y no 'aliado' es una señal diplomática que busca distancia sin declarar ruptura.
- Trump descartó la intervención militar pero las Fuerzas Armadas estadounidenses se preparan para ella, mientras Cuba advierte que 'no lo permitirá' en un pulso de voluntades con final incierto.
- Las negociaciones entre Washington y La Habana avanzan sin resultados visibles, atrapadas entre las sanciones que Estados Unidos no cesa de imponer y la debilidad negociadora de una isla cada vez más aislada.
En los márgenes de la Asamblea General de Naciones Unidas, Cuba ha pronunciado en voz alta lo que la geopolítica ya había escrito en silencio: Venezuela ya no es un aliado, sino apenas un país amigo. La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en enero de 2026, que costó la vida a 32 militares cubanos y dejó a la isla sin su principal fuente de combustible, marcó el fin de una de las alianzas más duraderas de América Latina. La Habana navega ahora entre el enfriamiento táctico con Caracas y unas negociaciones lentas con Washington, buscando sobrevivir en un orden regional que ya no reconoce.
Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, estaba en Nueva York para la Asamblea General de Naciones Unidas cuando pronunció ante Bloomberg la frase que resume un giro histórico: Venezuela es un 'país amigo', pero no un 'aliado'. La distinción no es retórica. Es el reconocimiento de que una alianza que durante décadas unió a La Habana y Caracas bajo una misma narrativa revolucionaria se ha fracturado de manera irreversible.
El quiebre ocurrió en enero de 2026, cuando fuerzas estadounidenses capturaron al expresidente Nicolás Maduro en una operación que dejó 32 militares cubanos muertos. El golpe fue doble: Cuba perdió soldados y perdió petróleo. Washington impuso de inmediato un bloqueo que cortó las importaciones de crudo hacia la isla, hundiendo aún más a una nación que ya arrastraba una crisis energética desde 2024.
Expertos independientes describen las relaciones entre ambos países como 'congeladas'. Cuba necesita mantener cordialidad con Caracas, pero no puede arriesgarse a ser arrastrada hacia una nueva confrontación con Estados Unidos. La captura de Maduro fue una demostración de fuerza que La Habana tomó como advertencia.
El eje de la política cubana es ahora la tensión con Washington. Trump declaró que no ve necesaria una intervención militar y que ambos países llegarán a 'un acuerdo', pero CBS News reportó que las Fuerzas Armadas estadounidenses se preparan para una posible acción. Cossío la calificó de 'poco realista', aunque admitió que 'existe la intención de algunas personas en Estados Unidos de que suceda'. Su respuesta fue tajante: 'No lo permitiremos'.
Mientras tanto, las negociaciones bilaterales avanzan sin frutos visibles. Cossío fue directo: resulta 'muy difícil creer que haya resultados' mientras Estados Unidos continúe aplicando sanciones. Lo que queda es el retrato de una isla que intenta reorientarse en un orden geopolítico donde sus antiguas certezas han dejado de existir.
Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, se encontraba en Nueva York esta semana asistiendo a la Asamblea General de Naciones Unidas cuando concedió una entrevista a Bloomberg This Weekend. En ella, pronunció una frase que resume el giro sísmico en la política exterior caribeña: Venezuela es un "país amigo", pero no un "aliado". La distinción no es semántica. Es el reconocimiento público de que una de las alianzas más duraderas de América Latina se ha fracturado.
Durante décadas, La Habana y Caracas fueron inseparables. Compartieron ideología revolucionaria, dependencia económica mutua, y una narrativa común de resistencia frente a Washington. Pero en enero pasado, esa relación colapsó. Fuerzas estadounidenses capturaron al expresidente venezolano Nicolás Maduro en una operación que dejó 32 militares cubanos muertos. Para Cuba, el golpe fue doble: no solo perdió a sus soldados, sino que vio cómo su principal suministrador de combustible desaparecía de la ecuación. Estados Unidos impuso inmediatamente un bloqueo petrolero que cortó las importaciones de crudo hacia la isla. Una nación que ya atravesaba una crisis energética desde 2024 se vio sumida en una escasez aún más profunda.
Cuando Cossío dijo que "aliado es una palabra demasiado fuerte", estaba siendo cuidadoso. Expertos independientes describen las relaciones entre Cuba y Venezuela como "congeladas". No es ruptura declarada, sino enfriamiento táctico. Cuba necesita mantener cierta cordialidad con Caracas, pero no puede permitirse ser arrastrada nuevamente a una confrontación con Washington. La captura de Maduro fue una demostración de poder estadounidense que La Habana no puede ignorar.
La tensión con Estados Unidos es ahora el eje de la política cubana. Aunque el presidente Donald Trump declaró el sábado que no cree "que sea necesario el Ejército" contra Cuba y que ambos países harán "un acuerdo", la realidad en el terreno es más compleja. Las Fuerzas Armadas estadounidenses se están preparando para una posible acción militar, según reportó CBS News. Cossío descartó que esto suceda, llamándolo "poco realista", pero reconoció que "existe la intención de algunas personas en Estados Unidos de que suceda". Su respuesta fue categórica: "No lo permitiremos".
Las negociaciones bilaterales entre Washington y La Habana avanzan lentamente, sin resultados públicos visibles. Cossío fue franco al respecto: no ve "avances" y resulta "muy difícil creer que haya resultados" mientras Estados Unidos siga aplicando "nuevas medidas, nuevas presiones y nuevas sanciones contra el pueblo de Cuba". Sin embargo, se negó a revelar detalles sobre los participantes en las conversaciones o el contenido de las mismas, manteniéndose discreto sobre un proceso que claramente no está produciendo frutos.
Lo que emerge de esta situación es un panorama de aislamiento creciente para Cuba. Ha perdido su aliado regional más importante, enfrenta un bloqueo energético sin precedentes, y se ve obligada a negociar desde una posición de debilidad con una administración estadounidense que ha demostrado su disposición a actuar militarmente en la región. La reclasificación de Venezuela de "aliado" a "amigo" no es un cambio de palabras. Es el reflejo de una isla que intenta sobrevivir en un nuevo orden geopolítico donde sus antiguas certezas ya no aplican.
Citas Notables
Aliado es una palabra demasiado fuerte— Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba
No lo permitiremos— Cossío, respondiendo sobre una posible intervención militar estadounidense en Cuba