En la madrugada del 1 de agosto, a la salida de un boliche en Neuquén, dos jóvenes fueron atacados con violencia por un grupo de policías mientras las cámaras registraban cada golpe. El 27 de agosto, la justicia formalizó cargos contra cuatro efectivos —tres por vejaciones y una por no haber intervenido— recordándonos que la autoridad del Estado no es un escudo para la brutalidad, sino una responsabilidad que, cuando se traiciona, exige rendición de cuentas. Este caso abre una vez más la pregunta sobre los límites del poder y el deber de quienes juran proteger.
Cuatro policías imputados por brutal golpiza a jóvenes a la salida de un boliche
Dos jóvenes sufrieron lesiones graves incluyendo hematomas con hemorragia, lesiones dentales, excoriaciones y limitación de movilidad tras ser golpeados por policías.