Cuando el sexting se convierte en fingimiento: la brecha entre deseo y complacencia

El erotismo no se alimenta siendo quien no eres
Una sexóloga explica por qué fingir excitación en el sexting termina destruyendo el deseo en lugar de mantenerlo vivo.
Mark

¿Por qué crees que las mujeres responden mensajes sexuales mientras hacen otras cosas? ¿Es pereza o algo más profundo?

Mimi

Es educación. Nos enseñan que complacer es nuestro trabajo, incluso cuando no queremos. Es más fácil fingir que decir no.

Mark

Pero el estudio dice que el 93% de españoles disfruta estas conversaciones. ¿No hay gente que genuinamente las quiere?

Mimi

Claro que la hay. El problema no es el sexting. Es cuando se convierte en un deber, en una mentira sistemática. Eso es lo que vacía el deseo.

Mark

¿Entonces la solución es simplemente ser honesto?

Mimi

Sí, pero honesto de verdad. Decir «ahora no me apetece» es más erótico que fingir. Abre una conversación real sobre qué funciona para cada uno.

Mark

¿Y si la otra persona se molesta?

Mimi

Entonces hay un problema más grande. El erotismo no sobrevive en la mentira. Sobrevive en la confianza.

  • El 93% de españoles afirma que le encanta mantener conversaciones con mensajes subidos de tono
  • El 71% ha practicado sexting con personas que considera solo un ligue; el 53% con desconocidos
  • Mujeres comparten anécdotas de fingir excitación mientras comen, trabajan o hacen tareas domésticas

Estudios revelan que el 93% de españoles disfruta conversaciones subidas de tono, pero expertos advierten que responder sin genuino interés vacía el deseo de contenido. Mujeres comparten anécdotas de fingir excitación mientras comen, trabajan o hacen tareas domésticas, priorizando complacer sobre conectar auténticamente con el momento.

El sexting se ha convertido en una práctica común donde muchas mujeres responden mensajes sexuales mientras realizan otras actividades, fingiendo excitación sin sentirla realmente, transformando un acto de intimidad en una obligación de complacencia.

Una mujer come espaguetis en el sofá, la mano grasosa, el pelo recogido sin cuidado. Su teléfono vibra. «¿Qué llevas puesto?», pregunta alguien al otro lado. Ella miente. Le dice lo que él quiere escuchar, no lo que es verdad: una camiseta desgastada con un gato estampado y pantalones de pijama. Esta escena, popularizada por la comediante Amy Schumer, retrata algo que ocurre cada día en miles de pantallas: el sexting convertido en teatro de la complacencia.

En redes sociales proliferan vídeos de mujeres respondiendo mensajes cargados de intención sexual mientras hacen cualquier otra cosa. Comen snacks viendo televisión. Redactan correos de trabajo. Responden como si estuvieran ardiendo de deseo cuando en realidad simplemente siguen un guión que alguien más escribió. Algunos hombres reaccionan con furia ante estos vídeos. La idea de que su pareja pueda estar respondiendo sus mensajes fogosos con resignación, aburrimiento o burla les hiere profundamente. Pero entre los comentarios de odio, muchas mujeres reconocen la situación. Una cuenta que guarda fotos sexis de reserva en el teléfono para cuando la acosan con mensajes mientras está ocupada. Otra bromea: el mensaje que envía dice «envíame una foto sexy», pero lo que realmente está haciendo es depilarse las cejas.

Bárbara Montes, especialista en sexología clínica y terapia de pareja, explica que responder casi en piloto automático retrata algo profundamente común: la desconexión entre participar y estar realmente presente. No hay nada malo en escribir mensajes sexuales mientras se hacen otras cosas, aclara. El problema surge cuando esto se convierte en un hábito de complacencia más que de placer. Cuando una mujer responde sistemáticamente sin ganas reales, solo para mantener encendida la chispa, no está alimentando el deseo. Lo está vaciando. Ese comportamiento, advierte, puede generar un deseo actuado, donde se simula interés sin sentirlo genuinamente para evitar conflictos o decepciones. La honestidad, sostiene, no mata la pasión. La sostiene. Es mucho más erótico decir «ahora no me apetece, pero cuéntame qué te gustaría hacerme después» que fingir entusiasmo.

Los números revelan la escala del fenómeno. Un estudio del Centro Reina Sofía de Fad Juventud muestra que mientras los más jóvenes (15 a 19 años) ven el sexting como práctica de riesgo, los mayores (20 a 30 años) lo consideran simplemente otra forma de sexualidad. La aplicación de citas Adopte encontró que el 59% de los españoles dice sentirse motivado a practicarlo. El 71% confiesa haberlo hecho con personas que considera solo un ligue. El 53% lo ha hecho con desconocidos. El 93% afirma que le encanta mantener una conversación con mensajes subidos de tono. Silvia Sanz, psicóloga y sexóloga, explica que en contextos de mayor libertad sexual femenina, las mujeres se sienten más cómodas en la interacción digital. En sociedades más conservadoras o misóginas, la mujer que toma iniciativa o exhibe su cuerpo es juzgada con más severidad.

Paula, fisioterapeuta, distingue dos tipos de sexting: el que haces cuando estás realmente excitada y el de compromiso, el que haces porque alguien ha insistido tanto que terminas diciéndole que te estás tocando cuando en realidad estás poniendo la lavadora. La diferencia, dice, radica en la confianza, la verdad y el carisma. Marta, administrativa, nunca ha iniciado una sesión de este tipo. Muchas veces ha escrito mientras hacía otras cosas porque no estaba excitada o le daba pereza que se alargara. También, admite, porque fue educada para complacer al hombre y tiene dificultades para decir que no. Pero ha habido momentos en que se ha excitado y disfrutado. Conoció a alguien a través de una aplicación. Como estaba de viaje, se escribían cuando podían y todo era excitante hasta que él volvió a Madrid. Lo que pasó es precisamente por qué intenta evitar el sexting antes de conocer a alguien en persona: solo quería «guarrear» por mensaje. Nunca llegaron a quedar. El sexting, descubrió, la excita más si ya ha conocido a la persona cara a cara.

Eva Moreno, sexóloga y terapeuta de pareja, subraya que esta práctica puede gustar tanto a hombres como a mujeres. Cuando una mujer no responde con la misma intensidad probablemente sea porque está haciendo otras cosas, ya que las mujeres son expertas en multitarea. Si alguien responde sin ganas o pone los ojos en blanco, recomienda comentar qué es lo que realmente le apetece. El erotismo no se alimenta siendo quien no eres. Si enviar estos mensajes no te gusta, haz otras propuestas. Si tu pareja te pide comportamientos eróticos que no deseas, busquen juntos otros que os encajen a ambos. El sexting es tan habitual que aparece en series televisivas como Beef y Más que rivales. La periodista Angelina Mazza escribió que le encanta cuando un romance incluye mensajes de texto, cuando alguien puede bromear y coquetear por escrito. Eso le parece sexy.

Lo fundamental es recordar que aunque el sexting puede mantener viva la chispa, cuando se convierte en obligación o herramienta de complacencia, se transforma en un acto destinado a olvidar el deseo propio. La pregunta que queda flotando es si lo que se está perdiendo es la capacidad de decir simplemente no, o si lo que se está ganando es una nueva forma de intimidad donde la verdad importa menos que la fantasía compartida.

No pasa nada por responder al sexting mientras se hacen otras cosas, el problema aparece cuando se convierte en un hábito de complacencia más que de disfrute
— Bárbara Montes, especialista en sexología clínica
La honestidad no mata la chispa, la sostiene. Es mucho más erótico decir 'ahora no me apetece, pero cuéntame qué te gustaría hacerme luego' que fingir entusiasmo
— Bárbara Montes
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