Durante décadas, Alemania fue el ancla silenciosa de Europa: su estabilidad institucional, su disciplina fiscal y su capacidad de coalición eran la certeza tácita sobre la que el continente apoyaba su peso. Hoy, esa certeza se ha evaporado: una economía atrapada en políticas de otro siglo y el avance imparable de la AfD han convertido al modelo en advertencia. Lo que ocurre en Sajonia-Anhalt no es un asunto alemán; es el espejo en el que Europa entera debe aprender a mirarse sin parpadear.