En el corazón de la gobernanza española late una pregunta sin respuesta: ¿qué necesita España como nación, más allá de sus partidos, sus regiones y sus sectores? La ausencia de un consenso sobre el interés nacional no es un debate filosófico menor, sino una grieta que debilita la capacidad del país para construir políticas duraderas y responder a sus desafíos más profundos. Como tantas sociedades plurales en este tiempo, España se enfrenta a la paradoja de que su diversidad legítima puede convertirse, sin una brújula compartida, en parálisis colectiva.