En el otoño de 2026, la escasez de diésel y queroseno provocada por tensiones geopolíticas en el Golfo Pérsico y las restricciones rusas ha convertido la angustia de millones de consumidores europeos en ganancias históricas para la industria petrolera del continente. Lo que determina esta paradoja no es el precio del crudo, sino el margen entre extraerlo y refinarlo: un diferencial que se ha disparado hasta niveles sin precedente. Las grandes petroleras europeas registran revalorizaciones de entre el 40% y el 87% en lo que va de año, recordándonos que las crisis de suministro rara vez distribu