En los laboratorios del CSIRO australiano, investigadores han cruzado un umbral que durante décadas perteneció al reino de la teoría: construir una batería que se carga en femtosegundos aprovechando la mecánica cuántica, donde las moléculas dejan de ser individuos y se convierten en colectivo. Este prototipo no promete solo velocidad, sino una reconfiguración profunda de nuestra relación con la energía, desafiando las intuiciones clásicas sobre el tiempo, la materia y el almacenamiento. El camino hacia lo comercial es largo y los obstáculos son reales, pero la frontera entre lo imposible y lo