Cortes de la Frontera y Jimera de Líbar se blindan ante alerta roja por la borrasca Leonardo

Se han desalojado familias de viviendas cercanas al río Guadiaro por riesgo de inundación, aunque la mayoría se ha alojado con familiares y amigos.
Estamos trabajando con vidas, no con números
Elena Puente, concejala de Seguridad de Cortes de la Frontera, explicaba por qué los protocolos de evacuación eran tan cuidadosos.
Mark

¿Por qué estos dos pueblos en particular están en alerta roja? ¿Hay algo especial en su geografía?

Mimi

El río Guadiaro corre entre Cortes de la Frontera y Jimera de Líbar, muy cerca de las casas más antiguas y de la estación de tren. Cuando llueve mucho, ese río es el problema. En 2018 subió más de un metro.

Luke

Pero el alcalde dice que el río estaba bastante bajo cuando habló. ¿Cuánta lluvia exactamente se necesita para que suba de verdad? ¿200 litros en 24 horas es suficiente?

Mimi

La AEMET predijo hasta 200 litros por metro cuadrado en 24 horas, o 150 en 12 horas. Lobo sugiere que si cae disperso a lo largo del tiempo, quizá no sea tan grave. Pero si cae todo de golpe, sí haría daño.

Mark

¿Cuántas personas tuvieron que abandonar sus casas?

Mimi

Solo dos familias fueron desalojadas formalmente porque no tenían otro lugar donde ir. Otros quince se alojaron voluntariamente con familiares y amigos. Cinco se quedaron porque sus casas tienen plantas superiores.

Luke

Entonces no es un desalojo masivo. Es más bien precaución selectiva. ¿Y los cuatrocientos cuarenta habitantes del pueblo? ¿Dónde están?

Mimi

La mayoría se quedó en sus casas, preparándose. Están conectados por un grupo de WhatsApp y en contacto con el 112. Algunos compraron provisiones de última hora.

Mark

¿Qué tan preparados están realmente los servicios de emergencia?

Mimi

Tienen patrullas desplegadas, un centro operativo en la sede de Protección Civil con mantas, ropa seca, motores de achique de agua, incluso un hospital de campaña. El miércoles llegarían los bomberos.

Luke

Pero eso es lo que dicen que tienen. ¿Alguna vez han tenido que usar todo eso? ¿Cuál fue el último evento importante?

Mimi

En 2018 el río subió un metro y pico. No hay detalles de qué pasó exactamente entonces, pero claramente fue lo suficientemente grave como para que los vecinos lo recuerden ahora.

  • La AEMET ha emitido alerta roja para la zona: 200 litros por metro cuadrado en 24 horas es una cifra que en la Serranía de Ronda se traduce directamente en inundación.
  • Las familias que viven pegadas al río Guadiaro han sido desalojadas o han sellado sus entradas con tablones y cemento, sabiendo que el agua de 2018 ya les llegó al umbral.
  • Policía local, Guardia Civil, Protección Civil y Bomberos están desplegados o en alerta, con centros operativos habilitados, mantas, motores de achique y hasta un hospital de campaña listo para activarse.
  • Los 440 vecinos de Jimera de Líbar se coordinan por WhatsApp mientras sus alcaldes mantienen contacto permanente con el 112 y los municipios vecinos.
  • La tensión no es pánico, sino espera tensa: el río está bajo por ahora, pero si la lluvia cae de golpe, el daño podría ser considerable.

En la Serranía de Ronda, dos pueblos pequeños —Cortes de la Frontera y Jimera de Líbar— se enfrentan a una de esas noches en que la naturaleza recuerda a los humanos cuán cerca viven del agua. La borrasca Leonardo, con su amenaza de hasta 200 litros por metro cuadrado en veinticuatro horas, ha puesto en marcha la maquinaria silenciosa de la solidaridad y la precaución: familias desalojadas, casas selladas, vecinos que se preparan como pueden. Es la historia antigua de los pueblos ribereños, que aprenden a convivir con el río sabiendo que algún día el río puede reclamar lo que considera suyo.

En la Serranía de Ronda, Cortes de la Frontera y Jimera de Líbar recibieron el martes por la tarde la alerta roja de la AEMET: la borrasca Leonardo traería hasta 200 litros por metro cuadrado en veinticuatro horas. Para dos pueblos donde el río Guadiaro corre junto a las casas más antiguas y la estación de tren que los une, eso significa una sola cosa: riesgo real de inundación.

Las autoridades ya llevaban días en movimiento. En Cortes de la Frontera, la concejala de Seguridad Elena Puente explicaba que los equipos trabajaban en el dispositivo desde la semana anterior. Para el miércoles estaban previstos retenes de bomberos, apoyo del Plan Infoca y un centro operativo en la sede de Protección Civil con mantas, ropa seca, motores de achique y un hospital de campaña listo para activarse.

Lo primero fue sellar las casas más cercanas al río con resillas de obra y cemento. En Jimera de Líbar, el alcalde Francisco Javier Lobo desalojó a dos familias sin alternativa de alojamiento; otros quince vecinos se refugiaron con familiares. Cinco se negaron a marcharse, pero sus viviendas tenían plantas superiores donde resguardarse. Durante tres días, Lobo había avisado por los altavoces del pueblo de lo que se avecinaba.

Los propios vecinos tomaron sus medidas. Sebastián colocaba tablones para proteger su puerta, recordando que el año anterior el agua casi había llegado hasta ella. Sergio Blanco, con la entrada ya tapiada, confiaba en que si no caía tanta agua de golpe, la situación sería más manejable que en 2018, cuando el río subió más de un metro.

La coordinación era constante: grupos de WhatsApp, walkie-talkies, contacto permanente con el 112. Lobo reconocía que el río estaba bajo, pero que 200 litros de una vez podían causar un daño considerable. Las calles permanecieron tranquilas durante la tarde del martes mientras los vecinos compraban provisiones o se quedaban en casa. "Hoy más que nunca nos tenemos que ayudar unos a otros", insistía Puente. La Serranía esperaba, lista pero tensa, a que la borrasca descargara.

En la Serranía de Ronda, dos pueblos pequeños se preparan para lo peor. Cortes de la Frontera y Jimera de Líbar recibieron el martes por la tarde la alerta roja de la Agencia Estatal de Meteorología: la borrasca Leonardo traería consigo precipitaciones extremas el miércoles, hasta 200 litros por metro cuadrado en veinticuatro horas, o 150 en apenas doce. Para una zona donde el río Guadiaro corre junto a las casas más antiguas, junto a la estación de tren que separa ambas localidades, eso significa una cosa: inundación.

Las autoridades ya estaban en movimiento desde días antes. En Cortes de la Frontera, Elena Puente, concejala de Seguridad, Emergencias y Deportes, explicaba desde la sede de Protección Civil que los equipos llevaban trabajando en el dispositivo de riesgos desde la semana anterior. Cuando sonaron las alarmas en los móviles pasadas las ocho y media de la tarde, ya había patrullas de policía local, Guardia Civil y Protección Civil desplegadas. Para el miércoles estaba previsto un retén preventivo del Consorcio Provincial de Bomberos de Málaga, además del apoyo del Plan Infoca. En la sede de Protección Civil se habilitaría un centro operativo: mantas, ropa seca, motores de achique de agua por si fallaba la electricidad, espacios para que la población descansara, incluso un hospital de campaña listo para activarse.

Lo primero fue sellar las casas. En ambos municipios, los trabajadores tapiaron las entradas de las viviendas más cercanas al río Guadiaro con resillas de obra y cemento. Algunas familias fueron desalojadas, especialmente aquellas sin otras propiedades donde refugiarse. En Jimera de Líbar, el alcalde Francisco Javier Lobo precisó que desalojaron a dos familias que vivían pegadas al río y no tenían alternativa. Otros quince vecinos se alojaron con familiares y amigos. Cinco más se negaron a marcharse, pero sus casas tenían plantas superiores donde resguardarse. Durante tres días, Lobo había estado anunciando por los altavoces del pueblo y la estación que se avecinaba lluvia muy fuerte, pidiendo a la gente que tomara precaución.

Los vecinos tomaron sus propias medidas. Sebastián, residente en Jimera de Líbar, describía cómo estaba preparando su casa para que no se inundara: el año anterior el agua casi había llegado a la puerta, así que colocaba tablones de madera y otros objetos para protegerla. Sergio Blanco, que vivía en la zona cercana al río, comentaba que ya le habían tapiado toda la entrada. Recordaba que en 2018 el río había subido más de un metro, pero confiaba en que si no caía tanta agua esta vez no sería igual. Su casa tenía una planta superior donde refugiarse si era necesario.

La coordinación entre pueblos era constante. Los cuatrocientos cuarenta habitantes de Jimera de Líbar se mantenían conectados a través de un grupo de WhatsApp. Los alcaldes y equipos de emergencia se comunicaban con el 112 mediante walkie-talkie y con los municipios vecinos de la Serranía de Ronda. Cada pueblo tenía su propio centro operativo. Lobo reconocía que el río estaba bastante bajo en ese momento, y que para que subiera significativamente tendría que llover mucho y durante mucho tiempo. Pero si caían 200 litros de una vez, el daño sería considerable. Si se distribuían a lo largo de las horas, quizá la situación fuera más manejable.

Las calles de ambos pueblos estuvieron tranquilas durante la tarde del martes. La mayoría de los vecinos optó por comprar provisiones de última hora o permanecer en casa, preparándose para lo que vendría. Puente insistía en que se trabajaba de manera preventiva porque estaban trabajando con vidas. "Hoy más que nunca nos tenemos que ayudar unos a otros", recalcaba. Mientras el miércoles se acercaba, la Serranía de Ronda esperaba, lista pero tensa, a que la borrasca Leonardo descargara su fuerza sobre las montañas y los valles donde vivían.

Ya veníamos trabajando desde la semana anterior en el dispositivo de riesgos previsibles y en ser precavidos de cara a los desalojos de la población y de las personas vulnerables.
— Elena Puente, concejala de Seguridad, Emergencias y Deportes de Cortes de la Frontera
Hemos estado preparando la casa para que no se inunde porque el año pasado casi llegó a la puerta.
— Sebastián, vecino de Jimera de Líbar
Quer a matéria completa? Leia o original em Málaga Hoy ↗
Fale Conosco FAQ