Corea del Sur desafía a Trump y mantiene ejercicios militares con EE.UU. según lo previsto

Procederemos según lo previamente notificado y programado
Respuesta de Seúl desafiando la orden de Trump de reducir los ejercicios militares conjuntos.
Mark

¿Por qué Seúl desafió directamente a Trump en lugar de negociar?

Mimi

Porque para Corea del Sur, estos ejercicios no son un lujo diplomático. Son la columna vertebral de su capacidad de defensa. Cancelarlos o reducirlos significativamente sería admitir que su seguridad depende de la buena voluntad de Washington, no de su propia preparación.

Mark

Pero Trump argumenta que son costosos y que Corea del Norte se siente amenazada.

Mimi

Seúl ve eso como un malentendido fundamental. Los ejercicios existen precisamente porque Corea del Norte es una amenaza. Y el costo no es un argumento nuevo: siempre ha sido así. Lo que cambió es que Trump cree que puede negociar directamente con Kim Jong-un, y eso hace que vea los ejercicios como obstáculos en lugar de necesidades.

Mark

¿Qué significa que Corea del Norte haya lanzado un misil la semana pasada?

Mimi

Significa que Pyongyang estaba enviando su propio mensaje antes de que comenzaran los ejercicios. No es una escalada abierta, pero es una advertencia. Y ahora, con Trump cuestionando la alianza, Corea del Norte sabe que hay grietas en el frente estadounidense-surcoreano.

Mark

¿Tiene alguna posibilidad la propuesta de Lee de negociaciones directas?

Mimi

En teoría, sí. Pero requiere que Pyongyang esté dispuesta a hablar, y por ahora solo hay silencio. Además, mientras Trump reduce el apoyo militar, Seúl necesita demostrar que puede defenderse sola. Los ejercicios son esa demostración.

Mark

¿Cuál es el riesgo real aquí?

Mimi

Que la alianza se fracture justo cuando la región se vuelve más inestable. Si Seúl no puede confiar en Washington para mantener su compromiso de defensa, tendrá que buscar otras opciones. Y eso podría cambiar todo el equilibrio de poder en Asia Oriental.

  • Trump ordenó reducción sustancial de ejercicios argumentando que son costosos y envían señal inapropiada a Corea del Norte
  • Ejercicios Ulchi Freedom Shield involucran 18.000 efectivos surcoreanos y 28.500 soldados estadounidenses desplegados permanentemente
  • Corea del Norte lanzó misil balístico al mar de Japón la semana anterior como rechazo a los ejercicios
  • Presidente Lee Jae Myung invitó a Corea del Norte a negociaciones directas para reemplazar armisticio por paz permanente

Trump ordenó reducción sustancial de ejercicios militares conjuntos argumentando que son costosos y envían señal inapropiada a Pyongyang. Corea del Sur mantiene calendario original de maniobras Ulchi Freedom Shield con 18.000 efectivos surcoreanos y 28.500 soldados estadounidenses.

Seúl confirma que los ejercicios militares conjuntos con EE.UU. se realizarán según lo previsto, desafiando la orden de Trump de reducir significativamente las maniobras por considerarlas costosas y hostiles hacia Corea del Norte.

El domingo por la mañana, Donald Trump publicó en Truth Social una orden que sacudió la alianza militar más antigua de Estados Unidos en Asia: reducir sustancialmente los ejercicios conjuntos con Corea del Sur. Los argumentaba como costosos, innecesarios y, peor aún, contraproducentes. Enviaban, escribió, una señal "totalmente inapropiada y hostil" hacia Corea del Norte, un país que durante su presidencia "no ha amenazado y se ha mostrado respetuoso". Pocas horas después, Seúl respondió con una frase que sonaba simple pero cargada de desafío: procederían según lo previamente notificado y programado.

La tensión entre Washington y Seúl no era nueva, pero esta vez el conflicto era directo. Trump cuestionaba no solo el costo de las maniobras—que Estados Unidos financiaba en buena medida—sino su propósito mismo. Su administración había apostado por una diplomacia personal con Kim Jong-un, un acercamiento que chocaba frontalmente con la estrategia surcoreana de mantener ejercicios militares regulares como elemento disuasorio. El presidente estadounidense incluso reveló que había propuesto a Seúl participar en esfuerzos de desnuclearización de Irán, y que la respuesta había sido un rotundo "no, gracias".

Los ejercicios Ulchi Freedom Shield estaban programados para comenzar el lunes y extenderse durante once días. Movilizarían a 18.000 efectivos surcoreanos y a los 28.500 soldados estadounidenses desplegados permanentemente en territorio surcoreano. Estas maniobras no eran ceremoniales: buscaban preparar a ambas fuerzas para responder ante un ataque de Pyongyang, un escenario que las autoridades de Seúl consideraban cada vez más plausible. La sofisticación del aparato militar norcoreano había aumentado, especialmente tras la participación de soldados de Corea del Norte en el conflicto de Ucrania junto a fuerzas rusas. Esa experiencia de combate real representaba un factor de riesgo adicional que los ejercicios conjuntos buscaban anticipar.

Trump reconoció que cancelar completamente las maniobras ya era imposible por su inminencia, así que ordenó al secretario de Defensa Pete Hegseth implementar una reducción significativa en su escala. Pero Seúl no esperó instrucciones adicionales. El Ministerio de Defensa surcoreano confirmó que los ejercicios ya habían comenzado conforme al calendario original. Era una respuesta que rozaba lo insubordinado: no era un desacato abierto, pero tampoco era obediencia. Corea del Sur estaba ejerciendo su soberanía militar en un momento en que la presión diplomática desde Washington era intensa.

Mientras tanto, Pyongyang observaba. La semana anterior, Corea del Norte había lanzado un misil balístico al mar de Japón, un gesto que analistas internacionales interpretaron como rechazo a los ejercicios. Ahora, un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores norcoreano advertía que responderían a cualquier incremento de amenazas con un aumento de sus propias capacidades de disuasión. El régimen de Kim Jong-un había criticado históricamente estas maniobras, viéndolas como ensayos de invasión. La península estaba en un punto de equilibrio frágil, donde cada movimiento podía desencadenar una escalada.

En el plano político, el presidente surcoreano Lee Jae Myung había hecho un gesto de apertura. Durante el discurso por el aniversario del Día de la Liberación Nacional, invitó formalmente a Corea del Norte a negociaciones directas para terminar el conflicto que duraba décadas. Propuso reemplazar el sistema de armisticio vigente desde 1953 por un régimen de paz permanente, y discutir vías efectivas para frenar el desarrollo nuclear de Pyongyang. Era una propuesta ambiciosa que buscaba romper el silencio que caracterizaba las relaciones entre ambas Coreas. Pero Pyongyang guardaba silencio. No había respuesta pública a los gestos de acercamiento de Seúl.

Lo que quedaba claro era que Corea del Sur estaba navegando un espacio cada vez más estrecho. Necesitaba mantener su alianza con Estados Unidos, pero también necesitaba proteger su propia seguridad según sus propios términos. Los ejercicios Ulchi Freedom Shield avanzaban conforme al plan original, en medio de un escenario internacional marcado por la desconfianza y la ausencia de diálogo genuino entre los principales actores. Seúl apostaba por un "sistema de seguridad estratificado" que contuviera las tensiones continentales, pero mientras Trump cuestionaba el valor de esa estrategia y Pyongyang se preparaba para responder a cualquier amenaza, la península seguía siendo el punto más volátil de Asia Oriental.

Estos ejercicios no solo son costosos, sino que envían una señal que es totalmente inapropiada y hostil a un país que, mientras Donald J. Trump ha sido presidente, no ha amenazado y se ha mostrado respetuoso
— Donald Trump, en publicación en Truth Social
Es nuestro principio constante de garantizar la seguridad responder a un nuevo nivel de amenaza con un nuevo nivel de disuasión
— Portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Corea del Norte
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