En la península coreana, donde la paz y la amenaza coexisten desde hace décadas, Corea del Norte ejecutó el sábado un ejercicio militar de gran escala que incluyó misiles balísticos, drones de ataque y artillería termobárica, apenas días después de que Seúl concluyera maniobras conjuntas con Washington y Tokio. La agencia estatal KCNA proclamó una precisión absoluta en los impactos, mientras el mundo observa cómo cada demostración de fuerza alimenta la siguiente en un ciclo que define la fragilidad del orden regional.