La Copa Mundial no debería lavar la imagen de las grandes empresas de refrescos
En el umbral de una Copa Mundial que reunirá a miles de millones de espectadores, una coalición global de expertos en salud confronta a la FIFA con una pregunta incómoda: ¿puede el deporte más popular del mundo seguir prestando su escenario a una industria cuyo producto está vinculado a la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardíacas? Con más de medio millón de firmas y el respaldo de 97 organizaciones, el movimiento 'Kick Big Soda Out' no solo exige el fin del patrocinio de Coca-Cola, sino que invita a la humanidad a examinar el precio silencioso que paga cuando el espectáculo y el comercio se imponen sobre la salud colectiva.
- La campaña 'Kick Big Soda Out' escala su presión sobre la FIFA con 523.000 firmas y 97 organizaciones exigiendo que Coca-Cola sea retirada como patrocinadora antes de 2030.
- Canadá y México, dos de los tres países anfitriones del Mundial 2026, ya aplican impuestos y etiquetas de advertencia contra bebidas azucaradas, creando una contradicción directa con la presencia masiva de Coca-Cola en el torneo.
- Activistas comparan la estrategia de las grandes refresqueras con la industria tabacalera, argumentando que el patrocinio deportivo funciona como un mecanismo de lavado de imagen para productos que causan daño documentado.
- La FIFA, que no respondió a las demandas durante el Mundial de Clubes 2025, enfrenta ahora una presión más organizada y visible con el torneo completo a punto de comenzar en el mismo territorio.
- La pregunta que define el conflicto permanece abierta: ¿elegirá la FIFA sus ingresos comerciales o su responsabilidad ante la salud pública global?
Una coalición internacional de expertos en salud ha intensificado su presión sobre la FIFA para que ponga fin a su alianza con Coca-Cola antes de 2030. El movimiento, llamado 'Kick Big Soda Out', surgió durante el Mundial de Clubes 2025 en Estados Unidos, donde activistas acusaron a la empresa de usar el deporte para encubrir los daños de sus productos. La FIFA no respondió entonces, pero ahora, con la Copa Mundial completa a punto de disputarse en el mismo territorio, la campaña ha crecido hasta reunir más de 523.000 simpatizantes y el respaldo de 97 organizaciones de salud global.
La contradicción en el corazón del debate es difícil de ignorar. México y Canadá, dos de los tres países anfitriones, han implementado impuestos sobre bebidas azucaradas y etiquetas de advertencia en sus envases, medidas que representan años de esfuerzo en salud pública. Que ambos países deban al mismo tiempo dar visibilidad global a Coca-Cola en sus propios estadios expone, según los críticos, una tensión insostenible entre los intereses comerciales de la FIFA y las políticas sanitarias de sus anfitriones.
Sandra Mullin, de Vital Strategies, la organización que lidera la campaña, fue directa: las grandes refresqueras han perfeccionado el arte de usar los eventos deportivos más visibles del planeta para rehabilitar la imagen de productos vinculados a la obesidad, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardíacas. Mullin trazó un paralelo con la industria tabacalera, que fue vetada de los grandes eventos deportivos precisamente porque el patrocinio legitimaba el daño. 'La Copa Mundial no debería lavar la imagen de las grandes empresas de refrescos', afirmó. 'Es hora de anteponer las personas a las ganancias'.
La evidencia científica respalda la preocupación, especialmente en lo que respecta a los menores, quienes son blanco del marketing agresivo de estas compañías. En un evento transmitido a miles de millones de personas, esa influencia se multiplica de forma exponencial. La pregunta que permanece abierta es si la FIFA, enfrentada a esta presión coordinada y con menos de cuatro años hasta su propio plazo de 2030, estará dispuesta a reconsiderar una alianza que ha sido central para su modelo de financiamiento.
Una coalición de expertos en salud global está ejerciendo presión sobre la FIFA para que termine su alianza con Coca-Cola antes de 2030, argumentando que el patrocinio directo contradice las políticas de salud pública que los países anfitriones han implementado con esfuerzo durante años. El movimiento, conocido como "Kick Big Soda Out", primero se dirigió a la federación internacional durante el Mundial de Clubes de 2025 en Estados Unidos, donde activistas acusaron a la empresa de utilizar el deporte como plataforma para ocultar los daños que sus productos causan a la salud y al medio ambiente. La FIFA no respondió entonces. Ahora, con la Copa Mundial completa a punto de disputarse en el mismo territorio, la presión se ha vuelto más intensa y organizada.
La tensión entre el patrocinio y las políticas locales es palpable. Canadá y México, dos de los tres países anfitriones del torneo, han tomado medidas legislativas concretas para desalentar el consumo de bebidas azucaradas. México ha sido pionero en aplicar impuestos sobre bebidas con alto contenido de azúcar, una estrategia que también han adoptado provincias canadienses como Terranova y Labrador. Ambos países han implementado etiquetas de advertencia en el frente de los envases de productos con exceso de azúcar, sal y grasas. Estas medidas representan años de trabajo deliberado en salud pública, diseñadas específicamente para reducir el consumo de productos poco saludables que Coca-Cola comercializa masivamente a millones de aficionados, especialmente a niños.
Lo que los críticos ven como particularmente problemático es que la presencia de Coca-Cola en la Copa Mundial 2026 obliga a estos países a dar visibilidad global a una de las mayores empresas de bebidas azucaradas del mundo, mientras simultáneamente trabajan para desincentivar el consumo de exactamente esos productos. Es una contradicción que expone, según los activistas, una estrategia deliberada de las grandes corporaciones de refrescos: utilizar los escenarios deportivos más visibles del planeta para lavar la imagen de productos vinculados directamente al aumento de enfermedades relacionadas con la dieta.
Sandra Mullin, vicepresidenta sénior de Defensa de Políticas y Comunicación de Vital Strategies, la organización que lidera la campaña, fue directa en su crítica. Señaló que las grandes empresas de refrescos han perfeccionado lo que llamó una "estafa singular": explotar los mayores eventos deportivos para rehabilitar la reputación de productos que causan daño documentado. Mullin comparó la situación con el tabaco, recordando que las grandes tabacaleras fueron vetadas de los principales eventos deportivos porque el patrocinio legitimaba el daño. "Las grandes empresas de refrescos merecen el mismo trato", afirmó. "La Copa Mundial no debería lavar la imagen de las grandes empresas de refrescos. Es hora de anteponer las personas a las ganancias".
La evidencia científica respalda la preocupación. El consumo excesivo de azúcar impulsa el aumento de las tasas de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardíacas. El marketing agresivo de las grandes compañías de refrescos llega a millones de personas, incluyendo a menores de edad, influyendo directamente en sus preferencias de consumo y decisiones de compra. En un evento como la Copa Mundial, donde la transmisión alcanza a miles de millones de espectadores y la presencia de marcas es omnipresente en estadios y redes sociales, esa influencia se multiplica exponencialmente.
La campaña "Kick Big Soda Out" ha logrado reunir una base de apoyo significativa desde su lanzamiento durante los Juegos Olímpicos de París 2024. Más de 523.000 simpatizantes han firmado la petición, y la iniciativa cuenta con el respaldo de 97 organizaciones de salud global. El mensaje es claro y directo: la FIFA debe usar la Copa Mundial de 2026 como un punto de inflexión, no como otra oportunidad perdida para priorizar la salud pública sobre los intereses comerciales. Los activistas han creado una plataforma en línea donde cualquier persona puede unirse al movimiento y amplificar el mensaje a través de redes sociales. La pregunta que queda abierta es si la FIFA, enfrentada a esta presión coordinada y con menos de cuatro años hasta la fecha límite de 2030, considerará seriamente terminar una alianza que ha sido central para su modelo de financiamiento.
Notable Quotes
Las grandes empresas de refrescos han perfeccionado una estafa singular: explotar los mayores escenarios deportivos para lavar la imagen de un producto vinculado al aumento de las enfermedades relacionadas con la dieta— Sandra Mullin, Vital Strategies
La Copa Mundial no debería lavar la imagen de las grandes empresas de refrescos. Es hora de anteponer las personas a las ganancias— Sandra Mullin, Vital Strategies
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué ahora? ¿Qué cambió entre el Mundial de Clubes de 2025 y esta Copa Mundial para que la presión se intensifique?
El Mundial de Clubes fue un primer aviso que la FIFA ignoró. Ahora el torneo es más grande, más visible, y ocurre en países que han puesto su reputación política en políticas de salud pública específicas. Canadá y México no pueden simplemente mirar hacia otro lado.
¿Es realmente comparable con el tabaco? El tabaco mata directamente. Las bebidas azucaradas son una elección del consumidor.
La comparación no es sobre equivalencia de daño, sino sobre responsabilidad corporativa. El tabaco fue vetado porque el patrocinio legitimaba un producto dañino. Aquí ocurre lo mismo: la FIFA está legitimando un producto vinculado a obesidad, diabetes y enfermedades cardíacas. Y el marketing no es neutral, especialmente cuando llega a niños.
¿Qué pasaría si la FIFA simplemente ignora el ultimátum de 2030?
Entonces enfrentarían una campaña de relaciones públicas cada vez más coordinada durante los próximos cuatro años. Pero más importante: perderían la oportunidad de alinearse con la dirección que está tomando la salud pública global. Los gobiernos están moviendo el dinero hacia políticas preventivas.
¿Hay precedentes de patrocinadores que se hayan retirado de eventos deportivos por presión de activistas?
Sí, aunque no muchos. Pero el tabaco es el ejemplo más claro. Lo que es diferente aquí es que tienes gobiernos anfitriones que están del lado de los activistas, no solo organizaciones sin fines de lucro.