En Ereván, capital de Armenia, casi doscientos países acordaron al término de dos semanas de negociaciones tensas, y en tiempo extra, nuevos textos sobre biodiversidad que buscan reencauzar la lucha por detener la destrucción de la naturaleza antes de 2030. Es un gesto de voluntad colectiva que llega, sin embargo, con la sombra de un pacto de 2022 cuyas metas más ambiciosas avanzan con lentitud, como si la humanidad siguiera debatiendo cuánto está dispuesta a pagar por preservar aquello de lo que depende. El acuerdo es un paso, pero la pregunta de fondo, quién financia la supervivencia de los
COP17 cierra en Ereván con textos clave para proteger la naturaleza, pero la meta de 2030 sigue en riesgo
Los textos se aprobaron entre vítores, pero la meta de 2030 sigue en riesgo
Casi 200 países aprobaron los acuerdos. ¿Es una buena noticia?
Es un avance de procedimiento: se evitó un cierre sin textos y hubo vítores en la sala. Pero la ONU ya había dicho que la meta de 2030 no se alcanzará sin un cambio urgente.
Y conviene precisar que las versiones finales no estaban disponibles. Sabemos que se aprobaron, no qué compromisos concretos contienen.
¿Dónde se atascó la negociación?
En dos frentes: las subvenciones que fomentan combustibles fósiles, agricultura intensiva y sobrepesca, y la financiación.
¿Cuánto dinero falta?
Unos 700.000 millones de dólares más al año de lo que se gasta ahora, para restaurar ecosistemas, proteger especies y conservar hábitats.
Es la cifra que recoge el reportaje, sin detallar quién la calcula. Y no sabemos si los acuerdos de Ereván cierran esa brecha.
¿Qué papel jugó la Unión Europea?
Encabezó la presión para que economías emergentes como China contribuyan. Fue un tema polémico.
Lo que no consta es cómo respondieron esos países ni si se logró algún compromiso al respecto.
Le Pouls
- Casi 200 países cerraron la COP17 en tiempo extra, tras dos semanas de disputas que pusieron a prueba cada párrafo.
- La mayoría de los objetivos del pacto de 2022, como proteger el 30% de la tierra y los océanos, van camino de incumplirse.
- Las discusiones sobre subvenciones a la producción de combustibles fósiles, la agricultura intensiva y la sobrepesca siguen enfrentando a unos países con otros.
- El mundo necesita unos 700.000 millones de dólares adicionales cada año, y la crisis energética y las guerras en Ucrania y Oriente Medio tensan aún más los presupuestos.
- Los textos finales aún no son públicos en su totalidad, y el rumbo real dependerá de si bastan para corregir una trayectoria que la ONU considera insuficiente.
En Ereván, capital de Armenia, casi doscientos países acordaron al término de dos semanas de negociaciones tensas, y en tiempo extra, nuevos textos sobre biodiversidad que buscan reencauzar la lucha por detener la destrucción de la naturaleza antes de 2030. Es un gesto de voluntad colectiva que llega, sin embargo, con la sombra de un pacto de 2022 cuyas metas más ambiciosas avanzan con lentitud, como si la humanidad siguiera debatiendo cuánto está dispuesta a pagar por preservar aquello de lo que depende. El acuerdo es un paso, pero la pregunta de fondo, quién financia la supervivencia de los ecosistemas y a costa de qué actividades, quedó todavía abierta.
Cuando el presidente de la COP17, Hambardzum Matevosyan, golpeó el mazo en Ereván, la sala estalló en aplausos. Era el 30 de octubre de 2026 y casi 200 países acababan de aprobar, tras dos semanas de negociaciones tensas y en tiempo extra, los textos que buscan frenar la destrucción de la naturaleza hacia 2030.
El trasfondo es el pacto de 2022, con metas ambiciosas que hoy avanzan lentamente. Proteger el 30% de la tierra y los océanos, reducir la contaminación y ofrecer más financiación a los países pobres figuran entre los objetivos que podrían quedar sin cumplir. Un borrador previo pedía acelerar esfuerzos y más acción contra las causas de fondo.
Dos asuntos dividieron a los delegados: reformar las subvenciones que impulsan la producción de combustibles fósiles, la agricultura intensiva y la sobrepesca, y encontrar nuevas fuentes de dinero para la conservación. La Unión Europea presionó para que grandes economías emergentes, como China, contribuyeran, un punto controvertido.
El mundo necesita cerca de 700.000 millones de dólares anuales adicionales, una cifra difícil de reunir en medio de la crisis energética y los conflictos internacionales. Mientras tanto, Ecuador fue elegido para presidir la COP18 en 2028. Queda por ver si los textos finales bastan para corregir un rumbo que la ONU considera insuficiente.
Cuando el presidente de la COP17, Hambardzum Matevosyan, hizo sonar el mazo sobre los documentos, la sala de Ereván, capital de Armenia, estalló en vítores. "Y eso es todo. Perfecto", dijo. Era el viernes 30 de octubre de 2026, y casi 200 países acababan de adoptar, en tiempo extra y tras dos semanas de negociaciones tensas, los textos de la cumbre de biodiversidad de la ONU.
Los acuerdos buscan volver a encaminar los esfuerzos mundiales para detener la destrucción de la naturaleza de aquí a 2030. Las versiones finales no estuvieron disponibles de inmediato, de modo que su contenido exacto aún no puede describirse con precisión.
El telón de fondo es el pacto histórico que el mundo adoptó en 2022, con objetivos ambiciosos para frenar la pérdida de biodiversidad antes de 2030. Antes de que arrancara la cumbre, la ONU ya había advertido que los países no alcanzarían la meta a menos que rectificaran el rumbo con urgencia. La mayoría de los objetivos van camino de incumplirse, entre ellos proteger el 30% de la superficie terrestre y de los océanos, combatir la contaminación y ofrecer a los países más pobres una financiación de conservación más amplia.
Un borrador publicado antes del cierre instaba a los países a "acelerar" sus esfuerzos para mantener vivo el pacto y señalaba que hacía falta "más acción" contra las causas profundas de la pérdida de naturaleza. El propio documento dejaba ver las discrepancias que lastraron las conversaciones: proponía varias opciones para llegar al objetivo de 2030.
Una de las discusiones giró en torno a la reforma de las subvenciones y otros incentivos que alientan actividades dañinas para la naturaleza, como la producción de combustibles fósiles, la agricultura intensiva y la sobrepesca.
La otra gran disputa fue el dinero. Había que encontrar nuevas fuentes para costear la conservación en todo el planeta, un tema espinoso cuando los presupuestos públicos están tensionados por la crisis energética y por los conflictos en Ucrania y Oriente Medio. Para restaurar ecosistemas degradados, salvar especies en peligro y conservar bosques, humedales y otros hábitats esenciales, el mundo necesita cada año unos 700.000 millones de dólares más de lo que gasta hoy.
La Unión Europea encabezó la presión para que grandes economías emergentes, como China, se sumaran al pago de los esfuerzos de conservación global, un asunto polémico durante la COP17.
En lo inmediato, Ecuador fue elegido para presidir la próxima cumbre, la COP18, en 2028, tras una votación celebrada el sábado, hora local. Falta ver qué dicen los textos finales sobre subvenciones y financiación, y si bastan para corregir un rumbo que la ONU considera insuficiente.
Citations marquantes
Y eso es todo. Perfecto— Hambardzum Matevosyan, presidente de la COP17