Cada vez que hablamos, tosemos o estornudamos, liberamos partículas invisibles que pueden transportar enfermedades a quienes nos rodean. La académica Natalia Fontecha explica que el tamaño de esas gotitas determina cuánto tiempo permanecen en el aire y qué tan lejos viajan, convirtiendo los espacios cerrados y concurridos en escenarios de riesgo silencioso. Comprender este mecanismo no es solo un ejercicio científico: es el primer paso hacia una convivencia más consciente y solidaria en los meses de mayor circulación viral.