No hay cama para tanta gente en la primera vuelta
En Colombia, la oposición ha anunciado la 'Gran Consulta por Colombia' con la promesa de unificar voces dispersas frente al continuismo. Sin embargo, la historia electoral y las matemáticas del sufragio advierten que los mecanismos diseñados para construir unidad pueden, paradójicamente, profundizar la fragmentación. Lo que se presenta como solución podría convertirse en el camino que allane el triunfo de los extremos, repitiendo los errores de 2022.
- La oposición colombiana llega a 2025 dividida entre un bloque moderado sin candidato claro y un bloque radical liderado por Abelardo de la Espriella, quien ya ronda el 20% de intención de voto.
- La consulta cierra jurídicamente la puerta a adhesiones posteriores, obligando al ganador a ir a primera vuelta sin importar cuán débil sea su respaldo real.
- Sergio Fajardo, la figura más fuerte entre los moderados, está legalmente impedido para participar, dejando ese espacio fragmentado entre varios aspirantes que compiten por los mismos votos.
- El Partido Conservador y el Centro Democrático ya expresaron reservas, lo que anticipa una dispersión del voto moderado que podría impedir que cualquier candidato opositor llegue a segunda vuelta.
- El fantasma de 2022 planea sobre la estrategia: aquellas consultas de centroderecha no catapultaron a sus ganadores sino que facilitaron el ascenso de Rodolfo Hernández y la victoria de Gustavo Petro.
Esta semana, destacados candidatos de oposición presentaron la 'Gran Consulta por Colombia' como un mecanismo para lograr lo que la política colombiana lleva años persiguiendo: hablar con una sola voz. El propósito apela a vencer los extremismos y responde a una exigencia ciudadana legítima. Pero detrás de esa intención loable se esconden riesgos que podrían convertir la solución en el problema mismo.
La oposición está fracturada en dos bloques: uno moderado y otro más radical, encabezado por Abelardo de la Espriella, quien ronda el 20% de intención de voto. Juntos, ambos bloques podrían capturar entre el 50 y el 60% del electorado. El obstáculo inmediato es que Sergio Fajardo, la opción más sólida entre los moderados, está legalmente impedido para participar en la consulta. Sin él, el espacio moderado queda fragmentado entre varios aspirantes que compiten por exactamente los mismos votos.
Las matemáticas revelan la trampa: el ganador de la consulta tendría que obtener entre el 25 y el 30% en primera vuelta para avanzar, lo que exigiría que los demás candidatos moderados se redujeran casi a cero, algo que la experiencia política indica que no ocurre. El Partido Conservador y el Centro Democrático ya manifestaron reservas, y es probable que sus aspirantes no se sumen al ejercicio. El riesgo real es que la atomización del voto moderado despeje el camino a los extremos.
La historia reciente ofrece una advertencia directa. En 2022, dos consultas de centroderecha no solo fallaron en catapultar a sus ganadores, sino que facilitaron el surgimiento de Rodolfo Hernández y contribuyeron indirectamente a la victoria de Gustavo Petro. Las consultas, cuando operan como espejismo de unidad, pueden lograr exactamente lo contrario: fraccionar al electorado en lugar de consolidarlo.
El dilema exige menos sentimentalismo y más pragmatismo frío. Todavía hay tiempo en el calendario electoral para una reflexión estratégica y responsable, pero ese tiempo se agota. El país necesita una solución que no resulte peor que el problema que intenta resolver.
Esta semana, destacados candidatos de oposición anunciaron la 'Gran Consulta por Colombia', un mecanismo que promete lo que la política colombiana lleva años buscando: unidad. El propósito es noble. Busca convocar a la ciudadanía para que se exprese democráticamente, apela a vencer los extremismos, y responde a una exigencia histórica de que la oposición hable con una sola voz. Pero detrás de esa intención loable acechan riesgos que podrían convertir la solución en el problema mismo.
La realidad electoral es más complicada de lo que parece. La oposición está fracturada en dos bloques claramente identificables: uno moderado y otro más radical, encabezado de manera indiscutible por Abelardo de la Espriella. Ambos coinciden en algo fundamental: derrotar al candidato del continuismo. Las encuestas sugieren que juntos podrían capturar entre el 50 y el 60 por ciento del electorado. Pero hay un problema inmediato: Sergio Fajardo, hasta ahora la opción más fuerte entre los moderados, está legalmente impedido para participar en una consulta, incluso si cambiara de opinión.
Los números revelan la trampa matemática. Abelardo de la Espriella ronda el 20 por ciento de intención de voto. Si la consulta se lleva a cabo, sus resultados cerrarían jurídicamente las puertas a adhesiones posteriores, y el ganador tendría que ir necesariamente a primera vuelta sin importar qué tan débil fuera su votación. Mientras tanto, los candidatos moderados que no participen en la consulta seguirán compitiendo por exactamente los mismos votos. El Partido Conservador y el Centro Democrático ya han manifestado reservas, y es probable que sus aspirantes terminen por no sumarse al ejercicio.
Lo que sugieren las cifras es una dispersión dramática del voto opositor moderado. Con Abelardo partiendo de un piso cómodo del 20 por ciento, y Fajardo fuera del juego, el ganador de la consulta tendría que obtener entre el 25 y el 30 por ciento en primera vuelta solo para avanzar. Pero eso requeriría que los demás candidatos moderados se reduzcan casi a cero en intención de voto, algo que la experiencia política sugiere que no sucede. En términos simples: no hay cama para tanta gente. El riesgo real es que la atomización de la oposición moderada impida que cualquiera de sus candidatos llegue a segunda vuelta, allanando el camino a los extremos.
La historia reciente ofrece una advertencia incómoda. En 2022, dos consultas de la centroderecha no solo fracasaron en catapultar a sus ganadores a la segunda vuelta, sino que facilitaron el surgimiento de Rodolfo Hernández e indirectamente contribuyeron a la victoria de Gustavo Petro. Las consultas, cuando se usan como espejismo de unidad en circunstancias como las actuales, pueden lograr exactamente lo opuesto: fraccionar al electorado en lugar de consolidarlo.
El dilema es profundo. Quienes podrían gobernar de manera sensata a Colombia enfrentan ahora una decisión que requiere menos sentimentalismo y más pragmatismo frío. Las molestias y desacuerdos deben tramitarse con humildad, pero también con dosis altas de realismo electoral. No es momento para vanidades. El país exige una solución que no sea peor que el problema que intenta resolver. Todavía hay tiempo en el calendario electoral para una reflexión estratégica y responsable, pero ese tiempo se agota.
Notable Quotes
Las consultas como espejismo de unión pueden, en circunstancias como las actuales, servir a su propósito opuesto y fraccionar al electorado— Análisis de El Tiempo
De los que podrían gobernar de manera sensata a Colombia, se espera la misma sensatez para buscar maneras de no poner en riesgo la posibilidad de elegir un gobierno moderado— Columnista de El Tiempo
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué una consulta que busca unir terminaría dividiendo?
Porque la oposición moderada está dispersa en varios candidatos que compiten por los mismos votos. Si la consulta se realiza, cierra las puertas legales a adhesiones posteriores. Abelardo de la Espriella parte con el 20 por ciento asegurado. El ganador de la consulta necesitaría entre 25 y 30 por ciento para pasar a segunda vuelta. Eso solo es posible si los demás moderados desaparecen del mapa, algo que nunca sucede.
¿Entonces la consulta garantiza que un extremista llegue a segunda vuelta?
No garantiza, pero lo facilita. Si la oposición se fragmenta en primera vuelta, es probable que ningún moderado reúna los votos suficientes para avanzar. Mientras tanto, Abelardo o un candidato del continuismo podrían estar en mejor posición.
¿Qué pasó en 2022 con las consultas?
Dos consultas de la centroderecha fracasaron completamente. No catapultaron a sus ganadores a segunda vuelta. En cambio, dispersaron el voto moderado, lo que permitió que Rodolfo Hernández emergiera como alternativa y, indirectamente, facilitó la victoria de Petro.
¿Hay alternativas a la consulta?
Sí. Todavía hay tiempo en el calendario electoral para negociaciones directas, acuerdos estratégicos, o simplemente dejar que los candidatos compitan sin un mecanismo que cierre puertas legales. Lo que se necesita es pragmatismo, no más experimentos que ya fracasaron.
¿Cuál es el verdadero riesgo aquí?
Que la oposición, buscando unidad, termine entregándole la presidencia a quienes dice que quiere derrotar. La cura se convierte en la enfermedad.