En las calles nocturnas de Hondarribia, un hombre llamado Babacar murió tras recibir tres disparos de un policía local que creyó proteger a una compañera caída. Lo que comenzó como una amenaza con cuchillo en la zona de ocio terminó convertido en una pregunta que trasciende esa noche: dónde termina la legítima defensa y dónde empieza el exceso. Ahora son los tribunales quienes deben trazar esa línea, mientras el consejero vasco de Seguridad recuerda que sus agentes enfrentan este tipo de dilemas con una frecuencia que la sociedad rara vez contempla.
Consejero Zupiria defiende actuación policial en tiroteo de Hondarribia: «La Justicia evaluará»
Será la Justicia la que evalúe si existió ilícito penal
¿Qué sabemos con certeza sobre lo que pasó esa noche en Hondarribia?
Que un hombre con un cuchillo amenazó a gente en un bar, fue perseguido por siete policías, se giró hacia una agente que cayó al suelo, y en ese momento un policía local disparó. Babacar murió. Hay vídeos de ciudadanos que documentan los momentos previos.
¿Documentan los vídeos el momento exacto del disparo y lo que pasó después?
El material que mencionan son vídeos de antes de los disparos. No sabemos qué muestran exactamente ni si captan el instante crítico.
¿Por qué el consejero Zupiria sale a defender a los policías tan rápido?
Porque dice que enfrentaban un riesgo grave. Un hombre con un cuchillo amenazando a ciudadanos es algo que los cuerpos de seguridad «no pueden permitir», según su argumento.
Pero ¿cuál es la diferencia legal entre disparar porque alguien es una amenaza y disparar cuando ya está en el suelo o cuando la amenaza ha pasado? Eso es precisamente lo que la Justicia tiene que determinar.
Exacto. Zupiria es cuidadoso en eso. Dice que actuaron según su formación, pero que será la Justicia quien diga si hubo ilícito penal.
¿Qué significa que recibiera tres disparos en la espalda?
Eso es un detalle crucial que el consejero no menciona. Si estaba de espaldas cuando fue disparado, la narrativa de defensa inmediata se complica.
Sí, ese es el punto que los tribunales tendrán que esclarecer. ¿Estaba realmente a punto de apuñalar a la agente, o ya había pasado el momento de máximo riesgo?
¿Qué pasa ahora?
Los tribunales evaluarán toda la evidencia: los vídeos, los testimonios de los siete policías, los testigos civiles, y determinarán si la actuación fue legítima o constituyó un delito.
The Pulse
- Un hombre descalzo y armado con un cuchillo siembra el pánico entre los clientes de un bar en la principal calle de ocio de Hondarribia, obligando a siete agentes de dos cuerpos policiales a perseguirlo.
- La tensión alcanza su punto crítico cuando Babacar se gira y avanza hacia una ertzaina que acaba de caer al suelo, y un policía local toma la decisión de disparar tres veces.
- El consejero Zupiria defiende públicamente a los agentes pero se niega a pronunciar el veredicto que solo la Justicia puede emitir, reconociendo al mismo tiempo que una vida humana se ha perdido.
- Vídeos grabados por ciudadanos y los testimonios de los siete patrulleros se convierten en las pruebas clave de una investigación judicial que determinará si los disparos fueron necesarios o constituyeron un ilícito penal.
- El caso abre un debate más profundo sobre cómo los cuerpos de seguridad gestionan situaciones de crisis con personas vulnerables, armadas o con problemas de salud mental, sin que existan respuestas fáciles.
En las calles nocturnas de Hondarribia, un hombre llamado Babacar murió tras recibir tres disparos de un policía local que creyó proteger a una compañera caída. Lo que comenzó como una amenaza con cuchillo en la zona de ocio terminó convertido en una pregunta que trasciende esa noche: dónde termina la legítima defensa y dónde empieza el exceso. Ahora son los tribunales quienes deben trazar esa línea, mientras el consejero vasco de Seguridad recuerda que sus agentes enfrentan este tipo de dilemas con una frecuencia que la sociedad rara vez contempla.
La noche terminó con un hombre muerto y una pregunta sin respuesta inmediata. Babacar caminaba descalzo por la calle San Pedro de Hondarribia, cuchillo en mano, amenazando a los clientes de un bar. Siete agentes —tres de la policía municipal y cuatro de la Ertzaintza— lo persiguieron ordenándole repetidamente que soltara el arma.
La persecución llegó a su fin en la rotonda de la calle Itsasargia, cerca de una escuela. Babacar se giró y avanzó hacia una ertzaina que había tropezado y caído al suelo. Convencido de que su compañera iba a ser apuñalada, el policía local disparó. Tres tiros. Babacar cayó y no volvió a levantarse.
El consejero vasco de Seguridad, Bingen Zupiria, compareció ante los medios para calificar lo ocurrido de «hecho trágico» y expresar sus condolencias a la familia de Babacar. Defendió que los agentes actuaron conforme a su formación ante una amenaza inmediata, pero fue tajante en un punto: no le corresponde a él juzgar si actuaron bien o mal. Esa tarea pertenece a los tribunales, que contarán con los testimonios de los siete agentes y con los vídeos grabados por ciudadanos presentes en el lugar.
Zupiria aprovechó para señalar un problema de fondo: los cuerpos de seguridad se enfrentan con regularidad a situaciones de alto riesgo protagonizadas por personas con problemas de salud mental o adicciones que portan armas blancas. La muerte de Babacar no es solo un caso judicial pendiente; es también el reflejo de una tensión estructural que la sociedad todavía no ha sabido resolver.
La noche del tiroteo en Hondarribia terminó con un hombre muerto y una pregunta que ahora corresponde responder a los tribunales: si los disparos fueron necesarios o si cruzaron una línea que la ley no permite. El consejero vasco de Seguridad, Bingen Zupiria, salió a defender la actuación de los agentes poco después de los hechos, argumentando que enfrentaban una situación de riesgo grave cuando un individuo identificado como Babacar transitaba por las calles del municipio con un cuchillo en la mano, amenazando a los clientes de un bar.
Lo que sucedió esa noche comenzó en la calle San Pedro, la principal zona de ocio nocturno de Hondarribia. Babacar, descalzo y vistiendo solo una camiseta de tirantes con una mochila a la espalda, empuñaba un cuchillo mientras se movía entre los establecimientos. Según los relatos de los tres agentes de policía municipal y los cuatro miembros de la Ertzaintza que intervinieron, así como de numerosos testigos presenciales, el hombre amenazó directamente a quienes estaban en el bar. Los siete patrulleros de ambos cuerpos comenzaron a perseguirlo, ordenándole repetidamente que soltara el arma.
La persecución terminó en la rotonda de la calle Itsasargia, muy cerca de la escuela Ama Guadalupekoa. En ese punto, Babacar se giró y se dirigió directamente hacia una de los agentes de la Ertzaintza. La mujer tropezó y cayó de espaldas al suelo. En ese instante, creyendo que iba a ser apuñalada, el policía local disparó contra él. Babacar cayó desplomado. Los investigadores cuentan con múltiples vídeos grabados por ciudadanos con sus teléfonos móviles que documentan los momentos previos a los disparos.
El policía local que disparó declaró en comisaría que actuó convencido de que la vida de su compañera corría un peligro grave. Zupiria, en declaraciones ante los periodistas en el Parlamento vasco, calificó lo ocurrido como «un hecho trágico» porque una persona ha perdido la vida, lo que describió como «lo más grave que puede suceder a un ser humano». Expresó sus condolencias tanto a la familia de Babacar como a la comunidad a la que pertenecía.
Sin embargo, Zupiria fue claro en señalar que no corresponde a los responsables políticos juzgar la actuación policial. «No voy a ser yo quien juzgue esta actuación», dijo. «Será la Justicia la que tendrá que evaluar lo sucedido y decir si ha existido o no algún ilícito penal». Explicó que la Ertzaintza aportará todos los testimonios y pruebas disponibles a los tribunales para que estos puedan hacer esa evaluación.
El consejero aprovechó para contextualizar el incidente dentro de un problema más amplio que enfrentan los cuerpos de seguridad. Señaló que los ertzainas y policías municipales se encuentran regularmente ante situaciones de alto riesgo, frecuentemente con personas que padecen problemas de salud mental, adicciones, o que portan armas blancas. Defendió que los agentes actuaron conforme a su formación y preparación, haciendo lo que consideraban correcto ante una amenaza inmediata. Pero dejó claro que la última palabra sobre si esa actuación fue legítima o si constituyó un delito no le corresponde a él, sino a los juzgados.
Notable Quotes
Actuaron según su entender y según lo que su formación y preparación les indica qué deben hacer— Consejero Bingen Zupiria
No voy a ser yo quien juzgue esta actuación. Será la Justicia la que tendrá que evaluar lo sucedido— Consejero Bingen Zupiria