En el rastro de un magnicidio que sacudió a Colombia, la Fiscalía ha descubierto que la traición no vino de afuera sino de adentro: dos escoltas del senador Miguel Uribe Turbay mantenían contacto con un enlace de la Segunda Marquetalia mientras preparaban el atentado que le costaría la vida. Es una verdad antigua y perturbadora la que emerge aquí —que quienes custodian el poder pueden también ser sus verdugos— y obliga a la viuda del congresista a reconstruir su seguridad desde cero mientras la justicia avanza hacia quienes ordenaron el crimen.
Confirman infiltración en seguridad de María Claudia Tarazona tras investigación del magnicidio
El esquema de protección estaba comprometido desde adentro
¿Cómo es posible que dos escoltas, personas cuyo trabajo era proteger al senador, estuvieran en contacto con alguien vinculado a los que lo iban a matar?
No es que hayan sido reclutados después. Los registros de telefonía muestran que estaban en los mismos lugares que el enlace de Segunda Marquetalia meses antes del atentado. Eso sugiere que la infiltración fue deliberada, que alguien los cooptó o los amenazó con anticipación.
¿Y nadie se dio cuenta hasta después de que Uribe Turbay murió?
Aparentemente no. O al menos no hasta que la Fiscalía hizo el análisis de telecomunicaciones. Eso es lo más inquietante: estos dos escoltas continuaban en el esquema de seguridad de la familia cuando se descubrió todo. Estaban ahí, en el mismo lugar, después del crimen.
¿Qué significa eso para la viuda? ¿Está en peligro?
Probablemente por eso el cambio de seguridad fue tan abrupto. No fue una decisión administrativa normal. Fue una reacción urgente a la evidencia de que la estructura que la protegía estaba comprometida. Ahora tiene un nuevo equipo, pero la pregunta es: ¿cuánto tiempo estuvo expuesta?
¿Quién ordenó todo esto? ¿Saben quién está detrás?
Los testimonios de los condenados apuntan a mandos de Segunda Marquetalia, específicamente a alguien llamado alias Zarco Aldinever. Pero eso es lo que dicen los ejecutores. La Fiscalía aún está investigando si hay funcionarios públicos involucrados en proporcionar la información que hizo posible el atentado.
Der Puls
- Dos escoltas del senador asesinado fueron detectados en contacto directo con alias El Viejo, enlace operativo de la Segunda Marquetalia, en las semanas previas al atentado.
- El análisis de telecomunicaciones ubicó los dispositivos de los escoltas y del enlace guerrillero en los mismos lugares en enero y abril de 2025, revelando una coordinación que no dejaba margen para la casualidad.
- Lo más alarmante: cuando se descubrió la infiltración, los dos escoltas comprometidos seguían activos dentro del esquema de protección de la familia, obligando a un cambio de seguridad abrupto e inmediato.
- La justicia ya condenó a los ejecutores materiales —con penas de entre 11 y más de 22 años— pero la investigación apunta ahora a los determinadores, con señalamientos directos hacia alias Zarco Aldinever como ordenador del magnicidio.
En el rastro de un magnicidio que sacudió a Colombia, la Fiscalía ha descubierto que la traición no vino de afuera sino de adentro: dos escoltas del senador Miguel Uribe Turbay mantenían contacto con un enlace de la Segunda Marquetalia mientras preparaban el atentado que le costaría la vida. Es una verdad antigua y perturbadora la que emerge aquí —que quienes custodian el poder pueden también ser sus verdugos— y obliga a la viuda del congresista a reconstruir su seguridad desde cero mientras la justicia avanza hacia quienes ordenaron el crimen.
Miguel Uribe Turbay sobrevivió semanas a las heridas del atentado que sufrió en el barrio Modelia de Bogotá en junio de 2025, pero murió el 11 de agosto. Ahora, mientras la Fiscalía avanza en las condenas, ha emergido una verdad que cambia la naturaleza del crimen: el esquema de seguridad que debía protegerlo estaba comprometido desde adentro.
Dos miembros del equipo de escoltas del senador mantenían contacto directo con Simeón Pérez Marroquín, alias El Viejo, identificado como enlace operativo de la Segunda Marquetalia en la fase preparatoria del atentado. La evidencia no fue circunstancial: el análisis de telecomunicaciones ubicó los dispositivos móviles de los escoltas y el teléfono de alias El Viejo en las mismas zonas geográficas en dos fechas críticas —el 29 de enero en Modelia y a comienzos de abril cerca del Congreso—, trazando un patrón de coordinación deliberada.
Lo que agravó aún más el hallazgo fue que, cuando se descubrió la infiltración, los dos escoltas implicados seguían activos en el esquema de protección de la familia. Eso explica el cambio abrupto de seguridad que debió enfrentar María Claudia Tarazona, la viuda, sin margen para transiciones ordenadas.
En el frente judicial, varios responsables ya recibieron condenas: Cristian Camilo González Ardila y alias El Caleño fueron sentenciados a 11 y 15 años respectivamente, mientras que alias El Viejo fue condenado a más de 22 años. La investigación, sin embargo, no se detiene en los ejecutores. Los testimonios de los procesados señalan que la orden del magnicidio fue impartida por mandos de la Segunda Marquetalia, con mención específica a alias Zarco Aldinever. La infiltración del esquema de seguridad, concluyen los investigadores, no fue un efecto secundario del crimen: fue parte integral de su planificación.
Hace más de un año que Miguel Uribe Turbay murió. El excandidato presidencial y senador de la República fue atacado en junio de 2025 en el barrio Modelia de Bogotá, pero sus heridas lo mantuvieron luchando por su vida hasta el 11 de agosto. Ahora, mientras la Fiscalía General de la Nación avanza en las condenas de quienes ejecutaron el crimen, ha emergido una verdad incómoda: el esquema de seguridad que debería haberlo protegido estaba comprometido desde adentro.
María Claudia Tarazona, la viuda de Uribe Turbay, ha tenido que cambiar completamente su estructura de protección. La decisión no fue preventiva ni rutinaria. Fue impulsada por hallazgos concretos de los investigadores que detectaron algo mucho más grave que una brecha de seguridad ordinaria: dos miembros del equipo de escoltas que protegía al senador mantenían contacto directo con Simeón Pérez Marroquín, alias El Viejo, identificado por los organismos de inteligencia como uno de los enlaces operativos de la Segunda Marquetalia en la fase preparatoria del atentado.
Los peritos judiciales no basaron esta conclusión en sospechas vagas. El análisis de telecomunicaciones proporcionó evidencia tangible. Los dispositivos móviles de los dos escoltas y el teléfono de alias El Viejo fueron ubicados en las mismas zonas geográficas específicas en dos fechas críticas. El primer registro ocurrió el 29 de enero de 2025 en Modelia, precisamente el barrio donde semanas después se perpetraría el atentado. La segunda coincidencia se rastreó a comienzos de abril en las inmediaciones del Congreso de la República. Estas no eran coincidencias casuales. Eran patrones de movimiento que sugerían coordinación deliberada.
Lo más perturbador es que, según reportó Caracol Radio, los dos escoltas implicados en esta filtración de información continuaban formando parte del esquema de seguridad de la familia cuando fue descubierta la infiltración. Eso explica por qué el cambio de seguridad se ejecutó de manera abrupta e inesperada. No hubo tiempo para transiciones ordenadas. La Fiscalía y las autoridades responsables de la protección presidencial tuvieron que actuar con urgencia una vez que la evidencia de telecomunicaciones confirmó lo que los investigadores sospechaban.
En el frente de las condenas, la justicia ha comenzado a cerrar capítulos. Cristian Camilo González Ardila y Jhorman David Mora Silva, alias El Caleño, recibieron sentencias de 11 y 15 años de prisión respectivamente por su participación directa en la ejecución del crimen. Alias El Viejo, el enlace de Segunda Marquetalia cuyo teléfono coincidía en ubicación con los escoltas, fue condenado a más de 22 años de cárcel. William Fernando González Cruz, alias El Hermano, enfrenta acusación formal por labores logísticas en la operación.
Pero las investigaciones no se detienen en los ejecutores. La representación legal de las víctimas ha presionado para que la Fiscalía indague si otros funcionarios públicos o miembros de esquemas de seguridad facilitaron información reservada sobre la agenda del congresista. Los testimonios rendidos durante los interrogatorios judiciales apuntan más allá, hacia los determinadores del crimen. Los procesados han señalado en sus declaraciones que la orden del magnicidio fue impartida por mandos de la Segunda Marquetalia, con mención específica a alias Zarco Aldinever.
Lo que comenzó como un atentado contra un político se ha revelado como una operación que requería inteligencia interna, coordinación logística y acceso a información que solo alguien dentro del círculo de protección podría proporcionar. La infiltración del esquema de seguridad no fue un efecto secundario del crimen. Fue parte integral de su planificación. Y mientras María Claudia Tarazona reconstruye su protección con un nuevo equipo, la Fiscalía continúa trazando las líneas que conectan a los ejecutores con quienes ordenaron el asesinato.
Bemerkenswerte Zitate
La representación legal de las víctimas indicó que las autoridades indagan si funcionarios o escoltas facilitaron datos reservados sobre la agenda del congresista— Representación legal de las víctimas
Los procesados señalaron que la orden del magnicidio habría sido impartida por mandos de la Segunda Marquetalia, con mención específica a alias Zarco Aldinever— Testimonios en interrogatorios judiciales