Cuando la confianza de un pueblo en su economía se quiebra, los números no son la causa sino el espejo. En septiembre, el índice de confianza del consumidor estadounidense cayó a 81,9 —su nivel más bajo en más de una década—, reflejando el desgaste silencioso de millones de familias atrapadas entre precios que suben y salarios que no los siguen. La Reserva Federal ha comenzado a actuar, pero la medicina llega cuando el malestar ya se ha instalado en el ánimo colectivo.
Confianza económica de estadounidenses cae a mínimo de 12 años
Los salarios no están siguiendo el ritmo de los precios
¿Por qué cayó la confianza tan dramáticamente en un solo mes? De 88,6 a 81,9 es una caída seria.
Porque los consumidores están viviendo la inflación todos los días. Gasolina, comida, servicios—todo subió. Y sus salarios no siguieron el ritmo.
Pero espera. El mercado laboral añadió 162.000 empleos en agosto. ¿No debería eso haber mejorado la confianza, no empeorarla?
Sí, pero los salarios crecen solo 3,1 por ciento anual. Es el incremento más débil desde 2021. Más empleos, pero peor paga.
¿Y la Reserva Federal subiendo tasas? ¿Eso no debería ayudar a controlar la inflación?
Sí, pero toma tiempo. Y mientras tanto, hipotecas, préstamos para autos, tarjetas de crédito—todo se vuelve más caro. Es un trade-off brutal.
Exactamente. La medicina que la economía necesita es dolorosa para las familias que ya están apretadas.
¿Cuánto tiempo lleva esto? ¿Cinco años de inflación alta?
Cinco años. Y la guerra con Irán comenzó en febrero, lo que mantuvo los precios de la gasolina elevados. Eso es un factor externo que la Reserva Federal no puede controlar.
Los consumidores están confundidos y cansados. La confianza no regresa rápidamente una vez que se ha ido.
¿Qué significa esto para las elecciones de mitad de mandato?
Es un riesgo político serio para Trump y los republicanos. Un electorado furioso por la economía es impredecible.
El Pulso
- El índice de confianza del consumidor se desplomó 6,7 puntos en un solo mes, alcanzando su peor nivel desde 2014 —más bajo incluso que en los momentos más oscuros de la pandemia.
- La gasolina a 4,46 dólares por galón, los alimentos, los electrodomésticos y los servicios siguen encareciéndose mientras los salarios crecen apenas un 3,1%, el ritmo más débil en cinco años.
- La Reserva Federal subió su tasa de referencia a cerca del 3,9% y advierte que podrían venir más aumentos, lo que encarecerá hipotecas, préstamos y tarjetas de crédito para familias ya al límite.
- Con las elecciones de mitad de mandato a poco más de un mes, el malestar económico se convierte en combustible político en un electorado que se siente agotado y sin respuestas claras.
Cuando la confianza de un pueblo en su economía se quiebra, los números no son la causa sino el espejo. En septiembre, el índice de confianza del consumidor estadounidense cayó a 81,9 —su nivel más bajo en más de una década—, reflejando el desgaste silencioso de millones de familias atrapadas entre precios que suben y salarios que no los siguen. La Reserva Federal ha comenzado a actuar, pero la medicina llega cuando el malestar ya se ha instalado en el ánimo colectivo.
La Reserva Federal subió su tasa de interés de referencia por primera vez desde 2023, buscando domar una inflación que se resiste a ceder. Pero para millones de estadounidenses, la decisión llegó cuando la confianza ya se había roto.
El Conference Board lo confirmó con datos contundentes: el índice de confianza del consumidor cayó 6,7 puntos en septiembre hasta 81,9, la lectura más baja en más de una década. Las opiniones sobre la situación actual bajaron casi ocho puntos; las perspectivas a corto plazo, casi seis. Dana Peterson, economista jefe del organismo, señaló que la percepción de los negocios se volvió negativa por primera vez desde septiembre de 2024. Los encuestados repetían lo mismo: gasolina cara, alimentos caros, servicios caros.
La gasolina promedia 4,46 dólares por galón. La inflación medida por el índice preferido de la Fed llegó al 3,7% anual en junio —muy por encima del 2,5% registrado cuando Trump asumió en enero de 2025. La guerra con Irán, iniciada en febrero, ha mantenido los precios del combustible elevados. Y mientras los precios suben, los salarios crecen apenas un 3,1% anual, el incremento más débil desde 2021. Es la ecuación que erosiona la confianza: más esfuerzo, menos poder adquisitivo.
El mercado laboral añadió 162.000 empleos en agosto y el desempleo se mantiene en 4,1%, pero parte de esa cifra oculta a quienes simplemente dejaron de buscar trabajo. El empleo existe; el problema es que no alcanza para seguir el ritmo de los precios.
Con las elecciones de mitad de mandato a poco más de un mes, el clima económico se vuelve político. Trump culpa a Biden, pero la inflación ha crecido durante su mandato. La confianza, una vez perdida, no regresa fácilmente.
Hace dos semanas, la Reserva Federal tomó una decisión que llevaba años sin tomar: subió su tasa de interés de referencia por primera vez desde 2023, buscando frenar una inflación que se niega a ceder. Pero para millones de estadounidenses, la noticia llegó demasiado tarde. Su confianza en la economía ya se había desmoronado.
El Conference Board lo documentó el martes con números que no dejan lugar a interpretación. El índice de confianza del consumidor se precipitó 6,7 puntos en septiembre, cayendo hasta 81,9. Es la lectura más baja en más de una década—más baja incluso que durante los peores meses de la pandemia. En agosto, el índice estaba en 88,6. La caída fue abrupta y reveladora.
Los números desglosan una economía que está fracturando la moral de los ciudadanos. Las opiniones sobre la situación actual bajaron 7,9 puntos hasta 109,3. Las perspectivas a corto plazo cayeron 5,9 puntos hasta 63,6. Dana Peterson, economista jefe del Conference Board, fue directo: la percepción de los consumidores sobre las condiciones actuales de los negocios se volvió negativa por primera vez desde septiembre de 2024. Los datos fueron recopilados entre el 1 y el 23 de septiembre, y las respuestas escritas pintaban un cuadro consistentemente sombrío. Los encuestados mencionaban una y otra vez lo mismo: gasolina cara, bienes caros, servicios caros.
La gasolina promedia 4,46 dólares por galón. Los electrodomésticos, las reparaciones de automóviles, los servicios de telefonía inalámbrica—todo subió en agosto. El índice de precios de gastos de consumo personal, la métrica preferida de la Reserva Federal, subió 3,7 por ciento en junio comparado con un año antes. Eso es una mejora respecto a mayo, cuando fue 4,1 por ciento, pero está muy por encima del 2,5 por ciento cuando Trump asumió el cargo en enero de 2025. La guerra con Irán, que comenzó el 28 de febrero, ha mantenido los precios elevados, especialmente el de la gasolina.
Pero hay un problema más profundo que los números de inflación. Los salarios no están siguiendo el ritmo. Los salarios promedio por hora subieron 3,1 por ciento el mes pasado comparado con un año antes—el incremento interanual más débil desde mayo de 2021. Mientras los precios suben, los ingresos se estancan. Los encuestados dijeron que esperaban que los ingresos de sus hogares aumentaran, pero no tanto como en meses anteriores. Es la ecuación que destruye la confianza: trabajar más duro por menos poder adquisitivo.
La Reserva Federal subió su tasa clave un cuarto de punto, llevándola a alrededor de 3,9 por ciento. El organismo indicó que podría haber otra subida en los próximos meses de este año. Con el tiempo, eso significa hipotecas más caras, préstamos para automóviles más caros, tarjetas de crédito más caras. Es la medicina que la economía necesita para controlar la inflación, pero es medicina amarga para familias que ya están apretadas.
El mercado laboral repuntó en agosto—los empleadores añadieron 162.000 puestos de trabajo, sorprendentemente fuerte después de un verano apagado. La tasa de desempleo se mantuvo en 4,1 por ciento, un nivel bajo. Pero parte de esa cifra refleja algo más oscuro: un número significativo de personas simplemente abandonó su búsqueda de empleo en meses anteriores. El trabajo existe, pero no paga lo suficiente para mantener el ritmo de los precios.
Todo esto sucede mientras Trump culpa a su predecesor, Joe Biden, de los altos precios. Pero la inflación ha aumentado desde que Trump asumió el cargo hace nueve meses. Las elecciones de mitad de mandato están a poco más de un mes, y los republicanos enfrentan un electorado que está cansado, confundido y furioso por una economía que se siente fuera de control. La confianza no regresa rápidamente una vez que se ha ido.
Citas Notables
El Índice de Confianza del Consumidor se deterioró notablemente en septiembre, tras dos meses previos de debilitamiento— Dana Peterson, economista jefe del Conference Board