Cuando una relación termina, no se pierde solo a una persona: se pierden los planes, las rutinas y la identidad construida en común. La psicóloga Chiófalo recuerda que el dolor evitado no desaparece, sino que se aplaza, y que solo quien se permite atravesarlo conscientemente puede llegar a una aceptación genuina. En el duelo amoroso, como en tantos otros tránsitos humanos, no existe atajo que no cobre su precio más adelante.
Conductas evitativas e idealización prolongan el duelo en separaciones de pareja
El dolor no desaparece; simplemente se oculta bajo capas de emoción excitante
¿Por qué la gente recurre tan rápidamente a nuevas relaciones o distracciones después de una separación?
Porque el dolor es insoportable en el momento. Buscar algo que nos haga sentir bien ahora es un instinto. Pero lo que sucede es que ese dolor no desaparece; solo se oculta bajo capas de emoción excitante.
¿Y si alguien simplemente no tiene tiempo para procesar? ¿Si la vida sigue y hay responsabilidades?
Las responsabilidades seguirán estando ahí. Pero procesar el duelo no significa dejar de vivir. Significa permitirse sentir lo que viene, sin tapar constantemente. Puede ser una noche en casa, una conversación con un amigo. No requiere abandonar la vida.
Mencionas que la idealización es una trampa. ¿Cómo se evita cuando realmente fue una buena relación?
Hay una diferencia entre reconocer que fue buena y creer que fue perfecta o única. Una relación puede haber sido valiosa sin ser la única posibilidad de felicidad que existía. Ver eso con claridad es lo que permite soltar.
¿Qué pasa si alguien no puede mantener contacto cero? ¿Si tienen hijos, por ejemplo?
El contacto cero es ideal, pero cuando no es posible, lo importante es que sea funcional y limitado. Y que la persona sea consciente de que ese contacto puede reactivar el dolor. Requiere más cuidado, más conciencia emocional.
¿La forma en que nos separamos realmente importa después?
Importa mucho. No solo para cómo se cierra la relación, sino para cómo cada persona puede seguir adelante. Si la separación es destructiva, el duelo se complica. Si es consciente y respetuosa, ambos pueden sanar mejor.
The Pulse
- La separación desencadena un duelo múltiple que va mucho más allá de la ausencia de la pareja: se pierden proyectos, rutinas y una identidad construida de a dos.
- La hiperactividad social, las nuevas relaciones inmediatas y el trabajo compulsivo funcionan como anestesia temporal que oculta el dolor sin resolverlo, obligando a comenzar el proceso desde cero cuando el sufrimiento emerge.
- El contacto cero con la expareja, especialmente en las primeras etapas, es señalado como condición indispensable para que el duelo pueda transitarse de verdad.
- Las trampas de la idealización y la demonización de la relación pasada impiden soltar y avanzar; el duelo exitoso exige ver la relación tal como fue, sin distorsiones.
- La salida propuesta es consciente y sin atajos: permitirse sentir, apoyarse en vínculos recíprocos y comunicar emociones de forma descriptiva y no acusatoria.
Cuando una relación termina, no se pierde solo a una persona: se pierden los planes, las rutinas y la identidad construida en común. La psicóloga Chiófalo recuerda que el dolor evitado no desaparece, sino que se aplaza, y que solo quien se permite atravesarlo conscientemente puede llegar a una aceptación genuina. En el duelo amoroso, como en tantos otros tránsitos humanos, no existe atajo que no cobre su precio más adelante.
Cuando una pareja se separa, lo que se quiebra no es solo el vínculo entre dos personas. Se pierden también los proyectos compartidos, las rutinas cotidianas y los futuros imaginados juntos. La psicóloga Chiófalo describe este proceso como un duelo múltiple y complejo: no se llora únicamente a quien se fue, sino a un proyecto de vida entero y a una identidad construida en pareja.
Frente al vacío que deja la separación, muchas personas recurren a estrategias evitativas: vida social frenética, nuevas relaciones casi inmediatas, trabajo sin pausa. La lógica parece razonable, pero Chiófalo advierte que el dolor no desaparece con la distracción; simplemente se oculta. Cuando finalmente emerge, el proceso de sanación debe reiniciarse desde el principio.
Para que el duelo avance de verdad, la distancia es fundamental. No solo física, sino un corte limpio en el contacto. El contacto cero, al menos en las primeras etapas, es necesario para poder atravesar el dolor, y atravesarlo es la única forma real de superarlo.
Chiófalo identifica dos trampas emocionales que prolongan el sufrimiento: la idealización —creer que se perdió la mejor relación posible— y la demonización —convertir al otro en un enemigo a vencer—. Ambas impiden soltar. Un duelo exitoso requiere ver la relación tal como fue: ni perfecta ni monstruosa, sino real.
La clave está en la conciencia. Permitirse sentir mal cuando es necesario, buscar el apoyo de amigos y familia como sostén genuino —no como distracción—, y comunicarse con la expareja, si es inevitable, de forma descriptiva y sin señalar culpables. El camino que propone Chiófalo exige honestidad y paciencia, pero es el único que realmente conduce a la aceptación.
Cuando una pareja se disuelve, lo que se quiebra no es solo la relación entre dos personas. Se pierden también los planes que se tejieron juntos, las rutinas que marcaban los días, los futuros que ambos imaginaban. Es un duelo múltiple, complejo, que va más allá de la ausencia del otro. Según explica la psicóloga Chiófalo, quien ha trabajado extensamente con personas atravesando separaciones, el impacto real es mucho más profundo de lo que muchos entienden al principio. No se trata únicamente de llorar a quien se fue, sino de procesar la pérdida de un proyecto de vida entero, de una identidad que estaba construida en pareja.
Frente a ese vacío que deja la separación, es común que las personas busquen llenar el espacio rápidamente. Algunos se lanzan a una vida social frenética, otros buscan una nueva relación casi inmediatamente, algunos se sumergen en el trabajo o en actividades que los mantienen ocupados sin parar. La lógica parece simple: si me duele, me distraigo. Si me siento solo, busco compañía nueva. Si me aburro, salgo. Pero Chiófalo advierte que esta estrategia, aunque proporciona alivio momentáneo, es contraproducente a largo plazo. Lo que sucede es que el dolor no desaparece; simplemente se oculta bajo capas de emociones excitantes y placenteras. Eventualmente, ese sufrimiento contenido encuentra una forma de emerger, y cuando lo hace, el proceso de sanación debe comenzar nuevamente desde cero.
Para que el duelo se procese realmente, para que una persona pueda llegar a la aceptación genuina de que la relación terminó, la distancia es fundamental. No se trata de una distancia física solamente, sino de un corte limpio en el contacto. Chiófalo es clara al respecto: el contacto cero, al menos en las primeras etapas, es necesario. Sin esa separación, sin ese espacio, el dolor no puede ser atravesado. Y atravesarlo es la única forma real de superarlo. No hay atajo. No hay forma de saltarse este paso sin que tenga consecuencias más adelante.
Un duelo exitoso, según la profesional, es aquel en el que la persona logra aceptar que la relación terminó sin caer en las trampas emocionales que prolongan el sufrimiento. Una de esas trampas es la idealización: la creencia de que se perdió la mejor relación del mundo, que nunca se encontrará algo igual, que nadie volverá a querer de esa manera. La otra trampa es la demonización: convertir la relación en lo peor que pasó, en un enemigo a vencer, en algo que debe ser castigado. Ambas posiciones impiden soltar, impiden avanzar. El duelo exitoso requiere ver la relación tal como fue: ni perfecta ni monstruosa, sino real.
La clave está en la conciencia. Chiófalo enfatiza que la única forma de vivir el duelo es atravesando el dolor, no evitándolo. Esto significa permitirse sentir mal cuando es necesario, quedarse en casa una noche sin salir si eso es lo que el cuerpo pide, buscar a un amigo para hablar si la soledad pesa demasiado. Es reconocer que una separación es una de las experiencias más duras que una persona puede vivir, y tratarse con la compasión que eso merece.
Además de permitirse sentir, es importante conectar con las relaciones que sí funcionan: amigos, familia, vínculos que sean recíprocos y asertivos. Estos lazos actúan como sostén durante el proceso, no como distracción, sino como apoyo genuino. Y en el plano de la comunicación con la expareja, si es que aún hay contacto necesario, la conciencia emocional es crucial. Reconocer cuándo se está enojado, cuándo no se está en condiciones de tener una conversación amable, es el primer paso. El segundo es aprender a hablar de forma descriptiva, refiriéndose a situaciones específicas que ocurrieron, sin apuntar a la otra persona como culpable de todo. Porque aunque la relación haya terminado, esa persona fue una vez un compañero de vida, y la forma en que se cierra ese capítulo importa.
Lo que Chiófalo propone es un camino que requiere honestidad, paciencia y una disposición a sentir plenamente. No es rápido. No es fácil. Pero es el único que realmente funciona.
Notable Quotes
Cuando uno se separa, no solo se separa de su pareja, se separa de todas las expectativas, los proyectos, los objetivos de vida, las rutinas que tenían en conjunto— Psicóloga Chiófalo
Un duelo exitoso es cuando yo, aún con el dolor que conlleva, puedo aceptar que la relación terminó y no polarizo— Psicóloga Chiófalo