En los primeros días de septiembre, Buenos Aires albergó un encuentro donde el Estado argentino reconoció, con franqueza poco común, que el crimen ya habita territorios que la ley aún no termina de cartografiar. El CRIPNAR 2026 reunió a investigadores, peritos y funcionarios para examinar herramientas forenses, criptoactivos e inteligencia artificial, no como promesas del futuro, sino como urgencias del presente. Fue, en su esencia, un acto de humildad institucional: admitir que combatir el crimen organizado transnacional exige aprender tan rápido como él evoluciona.